Beirut, el día después

A un día de la tragedia que conmociona al mundo, comienzan a surgir interrogantes que van más allá del depósito que contenía una gran cantidad de materiales y químicos explosivos.

Las noticias provenientes hoy a la mañana desde Beirut dan cuenta, que la explosión de ayer en la zona portuaria de la capital libanesa, que sacudió a gran parte de la ciudad, dejó un primer saldo de al menos 100 muertos y 4 mil heridos. “Pero se esperan más porque hay más de un centenar de desaparecidos, informó hoy el Gobernador de la ciudad, Maruan Abboud. Las tareas de búsqueda de víctimas y rescate de supervivientes bajo los escombros continúan a contrarreloj”, escribe en su edición de hoy el diario español La Vanguardia.


El mismo periódico señala que el intendente dijo que “los daños en Beirut son enormes, en torno a los 3.000 ó 5.000 millones de dólares. Y cerca de 250.000 personas se han quedado sin hogar. Estamos trabajando para proveer comida, agua y vivienda”.


Otro medio español, El Mundo, publicó que “los equipos de rescate continúan este miércoles tratando de sacar a personas atrapadas entre los escombros, ha señalado el director general de Protección Civil Raymond Khattar. Hasta el momento, según reportes de MTV, se han rescatado seis cuerpos de entre las ruinas de las instalaciones portuarias y otros tres del mar. Se teme que decenas sigan atrapados. Las autoridades temen además que las dañadas estructuras de los edificios afectados acaben derrumbándose”.


BBC-Internacional informa hoy que “las autoridades de Líbano apuntan que lo ocurrido se debió a la explosión de una gran cantidad de fertilizante depositado durante seis años en un almacén en el puerto”. Sin embargo, en otro párrafo, destacan que “entre el estupor y la tristeza, la pregunta que muchos se hacen es cómo pudo producirse esta mortal explosión”, agregando, que “lo que nadie explica hasta ahora es qué es lo que hizo que el material prendiera”.


El diario armenio Ararat, que se publica en Beirut, en uno de los párrafos de su nota de tapa de hoy, dice que “los detalles exactos y finales sobre la explosión pueden quedar claros al final de la investigación, pero anoche, algunos expertos en industria química hablaron mucho sobre el hecho de que el material explotado se había llenado con borato de cal inflamable (nitrato de amonio) a lo largo de los años”. También señala que ese cargamento fue olvidado y no fue sometido al cuidado de los organismos de control y mantenimiento de la seguridad durante estos años. Y agrega: “Además de esta hipótesis principal, varios políticos no descartaron la posibilidad de un ataque aéreo israelí, alegando que el almacén estaba lleno de armas pertenecientes a Hezbollah, mientras que otros dijeron que el incendio fue provocado y la explosión se debió a un dispositivo” previamente colocado.


Por su parte, el General Mayor Abbas Ibrahim, jefe del servicio de seguridad del Líbano, dijo a la agencia nacional de noticias estatal que el gobierno había incautado “materiales altamente explosivos” hace años y los había almacenado cerca del lugar de la explosión. Aunque dijo que se estaba investigando la posibilidad de que los explosivos se dispararan intencionalmente, advirtió que “iba a adelantarse a la investigación”, especulando de que se trataba de un acto terrorista.


El presidente libanés Michel Aoun declaró el estado de emergencia durante dos semanas, decretó tres días de luto nacional y anunció la liberación de fondos para hacer frente a la situación. Aoun también hizo un llamado a proveer refugio a todos aquellos que se vieron damnificados por la explosión. Asimismo, el mandatario dijo que el comité investigador deberá entregar las conclusiones en torno a las causas del desastre en un periodo de cinco días.


Para todos resulta claro el motivo directo que ocasionó el desastre: la explosión de los materiales y productos químicos acumulados en depósitos de la zona portuaria. Se trata, según las autoridades locales, de más de 2.700 toneladas de nitrato de amonio, un químico comúnmente utilizado en fertilizantes y bombas, que había sido almacenado en un depósito en el puerto desde que fue confiscado de un buque de carga en 2014.


¿Por qué se permitió almacenar en el puerto, y durante tantos años, material tan peligroso? ¿Qué organismos y qué autoridades sabían de su existencia? ¿Por qué no se hizo nada para proteger el sitio y blindarlo con las medidas de seguridad adecuadas?


Y como éstos, otros interrogantes: ¿Qué causó el incendio? ¿Fue accidental o premeditado? ¿Es verdad lo que muchos pobladores señalan de haber escuchado el vuelo de un avión antes de la explosión? ¿No suena raro que algo que está allí hace siete años haya tenido este desenlace justo ahora, en medio de una crisis local y regional?


Muchas preguntas dando vueltas, que seguramente son las que se estarán haciendo los investigadores mientras van encontrando evidencias, que los llevan hacia la búsqueda de otros rastros y así van aproximándose a la verdad.


En el mundo actual donde asesinan políticos con un dron, donde te escuchan y te espían a diario, donde los servicios de inteligencia hacen y deshacen a su antojo, donde aviones no tripulados pueden llevar misiles, donde la industria militar fabrica increíbles armas para matar y destruir casi sin dejar rastros, donde muchos consideran normal que existan laboratorios y científicos trabajando para inventar bacterias que maten gente y no que la curen, en este mundo nada suena descabellado.


Tan sólo recordemos que en 1995, en nuestro país voló todo un pueblo en la provincia de Córdoba, Río Tercero, para encubrir la venta ilegal de armas.

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