Se cumplen 75 años de la Victoria del Ejército Soviético sobre el nazifascismo

Este 9 de mayo se celebra otro aniversario de la Victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi, la Liberación de Shushí y la creación del Ejército de Defensa de Artsaj.

"Mayr Hayastan", monumento a la madre patria en Armenia

Por Adrián Lomlomdjian


El 9 de Mayo, los ciudadanos de Armenia, Artsaj y los descendientes de armenios en todo el mundo, festejaremos un nuevo aniversario, el 75°, de la Victoria de los pueblos de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi y sobre el movimiento fascista organizado alrededor de la figura del criminal líder Adolf Hitler y sus mezquinos objetivos basados principalmente en una supuesta supremacía racial y en la defensa clara de los intereses de los grupos económicos de poder.

Pero para los armenios, el Día de la Victoria y la Paz tiene también una particularidad, y es el festejo de la liberación de Shushí y de la creación del Ejército de Defensa de Artsaj, 28 años de ambos.

Para las nuevas generaciones, la heroica liberación de Shushí, crucial para la recuperación de la autodeterminación del pueblo de Artsaj (Karabaj), y la creación del Ejército, son páginas de la reciente historia del pueblo armenio, de la que ellos son contemporáneos. Por eso, ambos acontecimientos forman parte de sus vidas y no le son ajenas.

Pero la Victoria en la Gran Guerra Patria, desarrollada durante la Segunda Guerra Mundial, es parte de la historia de nuestros abuelos y padres, y por eso es necesario que sea transmitida de generación en generación, revalorizada una y otra vez, resaltando la importancia que tuvo y mantiene para el desarrollo de toda la humanidad, en general, y para la del pueblo armenio en particular.

Lamentablemente hubo algunos armenios que por entonces creyeron y apoyaron a la Alemania hitleriana, ya sea por tener afinidad ideológica –siempre hubo y habrá fascistas- o por una supuesta “conveniencia política”, claro que esta última estaba basada en su acérrimo anticomunismo y antisovietismo, el mismo que profesaban las huestes hitlerianas.

Esto es parte de la historia. Ya se analizó e hizo referencia al respecto en varias oportunidades, y se seguirá haciéndolo, para que se conozca, quede en la memoria de las sucesivas generaciones y reciba el merecido rechazo y condena, tal como se sigue exigiéndo para los responsables –y cómplices- del genocidio armenio perpetrado a principios del siglo veinte.

Pero lo lamentable es que todavía existan algunos sectores de la armenidad –con muy poca incidencia en Armenia y Artsaj, pero con cierta presencia en las comunidades armenias asentadas en diversos países- para quienes la Victoria de la Unión Soviética sobre el fascismo alemán parece no pertenecerles, ni como descendientes de armenios, ni tampoco -lo más grave- como seres humanos. Algunos lo hacen por costumbre, otros desde el desconocimiento y otros desde el desinterés por temas que consideran "políticos" (una peligrosa forma de tomar partido por la indiferencia aliada de los poderosos). Pero están también quienes lo hacen por haber simpatizado -o porque lo siguen haciendo- con las ideas fascistas, sionistas o nazionalistas; por formar parte del partido político armenio que en aquel entonces tuvo a un importante sector de su dirigencia comprometido con la Alemania nazi, o, simplemente, por seguir siendo fervientes anticomunistas.

Sin embargo, para la mayoría de los pueblos de Armenia y Artsaj, y para los descendientes de armenios establecidos en los cinco continentes, la importante participación armenia para lograr la derrota de Hitler y su criminal maquinaria nazifascista, fue y sigue siendo motivo de honra y orgullo.

Más de 600 mil armenios marcharon a los campos de batalla a enfrentar a la Alemania nazi y a los fascistas que habían ocupado parte de Europa, África y Asia. La mayoría de los armenios lo hizo como integrantes del Ejército Rojo o de las Divisiones Armenias de la Unión Soviética (URSS), pero también los hubo, y de a miles, como guerrilleros de los grupos de resistencia en la Europa ocupada, o como soldados de los ejércitos de los países aliados. De estos cientos de miles de combatientes, la mitad no regresó a sus hogares. Fueron 300 mil quienes ofrendaron lo más preciado, su vida, en esta lucha sin cuartel contra el nazifascismo.

Soldados del Ejército Rojo festejan en Berlín

Cálculos estimativos dan cuenta que de los más de 600 mil armenios que combatieron a los nazis, 300 mil eran ciudadanos de la República Socialista Soviética de Armenia y otros 200 mil ciudadanos de las otras repúblicas soviéticas. Los otros más de 100.000 armenios formaron parte de los movimientos de resistencia en la Europa ocupada o eran soldados de los ejércitos aliados.

Fue muy importante la acción desarrollada durante los años de la Gran Guerra Patria por las Divisiones Armenias, que participaron en la liberación de miles de aldeas, poblados, ciudades y países, llegando hasta Berlín, como lo hizo la División Tamanian, cuyos soldados combatieron en las calles de la capital alemana y bailaron el Kocharí (video) de la Victoria bajo las paredes del Reichstag.


Hay datos que ayudan a entender la importancia de la victoria y también la magnitud de la participación armenia. La Batalla de Stalingrado, que para la gran mayoría significó el quiebre de la supuesta “invencibilidad de la maquinaria nazi”, para los armenios también significó el alivio de sabre que se estaba poniendo fin al intento de algunas mentes perversas que del otro lados de la frontera (en Turquía) soñaban con concluir el plan de exterminio que habían comenzado en 1915 -vaya “casualidad”, con el apoyo de Alemania-.

La capitana Lilia Arushanian, asesora principal del museo histórico-militar ubicado debajo de la estatua de la Madre Armenia en el Parque de la Victoria de Ereván, contó que “30.000 armenios participaron en la Batalla de Stalingrado y 10.000 murieron. Más de la mitad recibió órdenes y medallas, entre ellos Sergey Burnazian, Askanaz Karapetian y Aramais Poghosian. Los armenios participaron activamente en las batallas por la liberación de Stalingrado, tanto de la defensa de la ciudad como en la ofensiva por su recupeación total”.

La militar armenia agregó que fueron más de dos mil los armenios que tomaron parte en la liberación de Stalingrado como miembros de la fuerza aérea. Entre los pilotos armenios condecorados como Héroes de la URSS están los hermanos Stepán y Vladimir Mikoyan. Vladimir murió en una pelea aérea luego de derribar dos aviones enemigos.

Como otra muestra del compromiso del pueblo armenio con la lucha antifascista, está el dato de los más de 218 millones de rublos (por entonces, un rublo equivalía a un dólar) recolectados por los trabajadores armenios de sus salarios para enviar como ayuda a Stalingrado.

Más de 10.000 combatientes armenios participaron en la batalla de Kursk y fueron más de cien mil los armenios que lucharon en el Cáucaso por la liberación de Kerch y Crimea. Otros 80.000 armenios participaron en la liberación de Ucrania, 50.000 lucharon en Bielorrusia y en los países Bálticos, calculándose en 45.000 armenios los muertos en estas batallas.

Cuando recién comenzaba la Gran Guerra Patria, en su editorial del 25 de agosto de 1941, el diario Pravda, órgano central del Partido Comunista de la URSS, escribía: “El pueblo armenio sabe lo que son las masacres, los pogroms, el hambre, la violencia… Por eso, cuando comenzó la guerra desatada por el demoníaco Hitler contra la Unión Soviética, todo el pueblo armenio, unido, se levantó para defender la patria”.

El pueblo armenio le envió una carta a sus hijos que combatían al fascismo en los distintos frentes de batalla. “…Valientes hermanos, una vez más queremos recordarles quiénes son las bestias alemanas que atacaron nuestro país. Son los mismos que entre 1914 y 1918 desterraron de sus casas y sus tierras a más de un millón de armenios, masacrándolos en los desiertos. Fue bajo el control de ellos que a los hombres armenios los separaban en grupos, los ataban entre sí y los fusilaban; que llenaban casas con mujeres y niños y las incediaban. Se te hiela la sangre cuando recordás el salvajismo que propiciaron los alemanes en Armenia”.


"… ‘Los verdugos, sometían a sus víctimas, los armenios, a los peores tormentos. Estaqueaban sus manos, pies y pechos; les arrancaban las uñas de sus manos y sus pies, y a los ancianos sus barbas y cejas; golpeaban sus pies con palos y los colgaban boca abajo; y para que otros no escucharan los gritos desgarradores de las víctimas desde afuera, tenían grupos de hombres a los que les hacían tocar el tmpuk’, así escribía el entonces embajador norteamericano Morghentau sobre nuestros hermanos y hermanas armenias que eran torturados por los alemanes. Aún resuenan en nuestros oídos los lamentos de los hijos torturados del pueblo armenio, de nuestros padres y madres, de nuestros hermanos y hermanas, de nuestros inocentes niños. Y hoy, otra vez, los bárbaros hitlerianos dirigen hacia nuestra tierras sus garras criminales”, seguía la carta publicada en el Pravda.

Así, mientras combatía al fascismo, el pueblo armenio ponía en el centro de la escena a una de los principales aliados de los Jóvenes Turcos en el genocidio armenio.


Fueron cinco los Marsicales armenios del Ejército de la Unión Soviética: Hovannés Baghramian, Hamazasp Babachanian, Armenak Jamberiants, Serguei Aghanov y Hovannés Isahakian. Más de 70 mil armenios recibieron condecoraciones por su heroísmo y 105 fueron distinguidos con la mención de Héroes de la Unión Soviética.

Por cada uno de los hijos del pueblo armenio y por los cientos de millones de hijos de los otros pueblos, que dieron sus vidas para enfrentar, combatir y derrotar al fascismo, el 9 de Mayo fue, es y será también NUESTRO DÍA DE LA VICTORIA.


Por y para SIEMPRE.

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