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El problema de Artsaj para Pashinian

  • 14 abr
  • 3 Min. de lectura

El periodista español Pablo González, quien estuvo cubriendo como corresponsal la segunda guerra de Karabaj, nos presenta su opinión sobre Artsaj y la actualidad de las relaciones armenio-rusas.


Pablo González en Artsaj, en 2020, junto a una abuela karabajtsí
Pablo González en Artsaj, en 2020, junto a una abuela karabajtsí

Pablo González Yagüe


Nikol Pashinian, primer ministro de Armenia, sigue intentando ampliar la fábula de que Rusia es la responsable de la pérdida del territorio del Artsaj (también conocido como Alto Karabaj) como parte de la nación armenia.


En su reciente visita a Moscú, ha declarado que esperaban que la alianza defensiva con Moscú -OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva)- actuar en defensa de Armenia. Por ello Armenia ha pausado ahora su participación en dicho organismo, ya que no puede explicar a la población propia el por qué dicha organización no salió en defensa de Armenia y sus intereses en el Artsaj.


Por su parte el presidente Putin le recordó a Pashinian que el propio primer ministro armenio declaró que el Karabaj es territorio de Azerbaiyán. Con ello imposibilitó cualquier acción rusa al convertir el asunto en algo interno azerí.


Desde 2020, cuando ocurrió la segunda guerra del Karabaj, Pashinian está intentando culpar a cualquiera menos a sí mismo por la pérdida de este territorio, habitado principalmente por armenios por miles de años. Desde 2023 ya no quedan armenios en este territorio.


Se podría hablar mucho de la historia de Artsaj-Karabaj, es interesante y dramática, pero lo que nos ocupa es la falsificación que está llevando a cabo Nikol Pashinian desde el otoño de 2020.

Pashinian, desde que llegó al poder, vio claro que para resistir y cumplir su agenda -un giro de Armenia fuera de la órbita rusa- necesitaba deshacerse del Artsaj, el Karabaj armenio. Le daba igual las consecuencias sociales e históricas que esto pudiera provocar. Pashinian es el primer dirigente del país, tras su independencia de la URSS, que no es salido o no tiene ninguna relación con el Karabaj. Ese territorio le importaba poco o nada.


Aun así le quedaba claro que mientras los armenios habitaran el territorio y necesitaran protección, no podrá hacer el giro. No podría convencer a la sociedad de volver a abrirse a Turquía. No podría romper las relaciones históricas -tanto sociales como económicas- con Rusia.

Por ello, no se le ocurrió inventar e implementar otro escenario mejor que el de entregar el Karabaj y culpar de ello a Moscú. Primero hizo una gestión que roza con la traición durante la guerra de 2020. Las fuerzas armenias, compuestas por muchos reclutas de 18-19-20 años, resistieron con heroísmo, mientras en la retaguardia Pashinian hacia todo lo posible para impedir una defensa centralizada y bien planeada.


Moscú intervino cuando el desastre parecía ya inminente. Las fuerzas azeríes habían cortado la carretera que unía la parte del Artsaj que resistía con Armenia. Fuerzas rusas intervinieron y desplegaron fuerzas de paz en la región. Más de cien mil armenios pudieron seguir viviendo en sus casas. Paralelamente, Pashinian no paró de criticar las acciones rusas. Su actitud ahora está clara: habían intervenido para aplazar su plan de deshacerse del territorio y no le permitían a él abrir así un nuevo horizonte para poder llevar a Armenia hacía donde él cree que es mejor.


Precisamente en su visita a Moscú, donde se habló del tema de las aspiraciones europeístas de Pashinian, se volvió a dejar claro que Rusia no tiene nada que decir al respecto, ya que es elección libre de Armenia. Por otro lado, las relaciones económicas entre los dos países hacen que esas aspiraciones sean como mínimo dudosas, ya que unos acuerdos pondrían fin automático a otros. Por las acciones que llevado a cabo Pashinian, hay varios problemas que ya se están notando en el sector energético o de transportes.


La experiencia de Georgia, un país que ha estado durante años en la órbita euro-atlántica, no parece haberle enseñado nada a Pashinian, como que las promesas occidentales no van acompañadas de acciones, al menos que sea comprar más armas para llevar la guerra, como en Ucrania.


Habrá que ver sí Pashinian sigue con su política de perseguir a la oposición o deja participar libremente a la oposición en futuras elecciones. Y la otra, es ver sí los armenios creen en sus mentiras, o se dan cuenta de quién es el responsable real.


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*Pablo González Yagüe, periodista y politólogo español. Ha trabajado como periodista independiente para diversos medios de comunicación, especializado en Europa del Este y países exsoviéticos, y ha cubierto varios conflictos como la segunda guerra del Alto Karabaj, la guerra del Donbás y la operación militar rusa en Ucrania.

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