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Los Tratados de San Stéfano y Berlín, y la confesión del ex Primer Ministro británico

A Occidente (Estados Unidos-Gran Bretaña-Unión Europea-OTAN) nunca le interesó, no sólo el destino del pueblo armenio, sino el de la humanidad toda.

Casa donde se firmó el Tratado de San Stéfano en 1878

Por Adrián Lomlomdjian


La guerra ruso-turca de 1877-1878, además de dejar miles de muertos, decenas de miles de heridos y aldeas y ciudades destruidas, significó, como consecuencia de la derrota del imperio otomano, la liberación de los pueblos de los Balcanes y algo de alivio para los pueblos no turcos del Cáucaso y la Anatolia, entre ellos, y particularmente, para los armenios.


Ante el casi arrollador avance ruso y de sus fuerzas aliadas, que en febrero de 1878 habían llegado a Estambul, Gran Bretaña mandó a su flota y obligó a Rusia -que a pesar de la victoria había sufrido casi 200 mil bajas- a firmar un acuerdo con Turquía.


Ello ocurrió el 3 de marzo de 1878, en Yesilkoy, cerca de Estambul, y es conocido como el Tratado de San Estéfano. Fue firmado por el conde Nikolái Ignátiev y Aleksandr Nelídov por parte del Imperio ruso, y por el ministro de Asuntos Exteriores Safvet Pachá y el embajador en Alemania Sadullah Bey, por parte del Imperio otomano.


El Tratado reconocía una nueva y más extensa Bulgaria, las independencias de Serbia, Montenegro y Rumania, y declaraba autónoma a Bosnia-Herzegovina.


Rusia, por su parte, incorporaba territorios del imperio otomano -histórica y mayoritariamente poblados por armenios y georgianos- como Ardahan, Artvin, Batum, Kars, Olti, Bayazit y Alashkert .


Además, el gobierno del sultán se comprometía a introducir reformas en las provincias armenias bajo su dominio y el ejército ruso permanecería allí para garantizar el cumplimiento de las mismas.


Las grandes potencias, especialmente el primer ministro británico Benjamin Disraeli , estaban descontentos con esta extensión del poder de Rusia.


Bajo presión del Reino Unido y del Imperio austrohúngaro, el tratado de San Estéfano se modificó cuatro meses más tarde tras el Congreso de Berlín, el 13 de julio de 1878, con la firma del Tratado de Berlín


Allí, se cambió el artículo 16 del Tratado de san Estéfano (favorable a los armenios) por el artículo 61 del Tratado de Berlín y en vez de ser los rusos los garantes del cumplimiento de las reformas, serían las potencias occidentales las que tendrían que velar por el cumplimiento de los compromisos asumidos por el gobierno otomano para con los armenios. La gran diferencia era que las potencias occidentales eran -y siguen siéndolo- aliadas de Turquía.


En su libro "La Cuestión Armenia y las Relaciones Internacionales-Tomo 1", el doctor Pascual Ohanian cuenta que "el Reverendo Padre Jrimian (popularmente conocido como Jrimian Hairik) había sido enviado por la Asamblea Nacional como delegado a Berlín para presentar la cuestión armenia ante el Congreso de las grandes potencias". Y ésto era lo que decía el Padre Jrimian: "En medio del Congreso, sobre una mesa dorada con un tapete verde había sido colocado un gran caldero lleno de harisá (plato nacional armenio hecha con granos de trigo y carne, cocidos y golpeados en un mortero hasta formar una pasta homogénea) del que recibían una parte las grandes y pequeñas naciones o gobiernos del mundo. Algunos de los comensales se inclinaban hacia Oriente y otros hacia Occidente y después de discutir largamente, comenzaron a llamar adentro, por orden, uno por uno, a los representantes de los países pequeños. Llegó el turno del delegado armenio; me acerqué en nombre de la Asamblea Nacional y presenté el petitorio de papel que me habían dado y rogué que llenaran también mi plato con harisá. Entonces los grandes que estaban junto al enorme recipiente me preguntaron: ¿dónde está tu cuchara de hierro? […] Si dentro de poco tiempo este harisá es distribuido nuevamente, no debéis venir sin cuchara de hierro o te volverás nuevamente con las manos vacías". "Querido pueblo armenio, podría haber introducido en el caldero mi cuchara de papel la que se habría mojado o quedado allí, dentro del harisá. Donde las armas son las que hablan, donde el acero es el que suena ¿qué tienen que hacer los ruegos y peticiones?" […] "Amenios: afilad vuestros cuchillos. Vuestra salvación vendrá por el hierro", concluyó Jrimian Hairik.


Lloyd George

Muy a pesar de la histórica posición pro-occidental (luego devenida a antisoviética y anticomunista) mantenida por varios de los partidos políticos armenios -de los que continuaron su acción en la diáspora durante el período soviético y de la mayoría de los que actúan hoy en Armenia-, la historia armenia deja muy clara la responsabilidad (por no decir la culpabilidad) de las potencias occidentales en la opresión nacional y social padecida por los armenios súbditos del imperio otomano. Padecimiento que incluyó matanzas sistemáticas, deportaciones masivas, genocidio y aniquilación de gran parte del milenario patrimonio histórico, cultural y arquitectónico armenio en sus tierras ancestrales.


Fue el propio Lloyd George, Primer Ministro Británico entre 1916 y 1922, quien llegó a reconocer la complicidad británica con la brutal política seguida contra los armenios. Esto escribía el ex premier británico en su libro "La verdad sobre el Tratado de paz", editado en 1938.


"Sin nuestra siniestra intervención, la gran mayoría de los armenios habrían sido situados, por el Tratado de San Estéfano de 1878, bajo la protección de la bandera rusa.


El Tratado de San Estéfano preveía que las tropas rusas ocuparan las provincias armenias hasta la puesta en vigor de reformas satisfactorias. Por el Tratado de Berlín (1878) -enteramente debido a la presión conminatoria que nosotros ejercimos, y aclamada en nuestra patria como un triunfo británico que traía "la paz con honor"- este artículo fue suprimido.


Armenia tuvo así que ser sacrificada sobre el altar triunfal que nosotros habíamos erigido. Los rusos fueron forzados a retirarse; los infelices armenios volvieron una vez más bajo la bota de sus antiguos dueños, conminados a "introducir mejoras y reformas en las provincias habitadas por los armenios". Todos nosotros sabemos que esas presiones fueron despreciadas durante cuarenta años, enfureciendo las protestas repetidas procedentes del país que era el primer responsable de esta vuelta de Armenia bajo el yugo turco. La acción del gobierno británico condujo inevitablemente a las terribles masacres de 1895-97, de 1909 y, finalmente, a la gran tragedia de 1915, la peor de todas".​


No vale la pena agregar palabras a tal "confesión".


Simplemente, reafirmar que a las potencias occidentales, más allá de sus "lamentaciones oficiales" del pasado y del presente, jamás les ha interesado la situación del pueblo armenio en el imperio otomano, ni la de ningún otro pueblo hasta la fecha. Su única prioridad sigue siendo dominar el mundo, saquear las riquezas naturales de los distintos países, quedarse con todo lo que puedan a través de guerras y otras metodologías (préstamos usurarios del fondo monetario y otras entidades), y saciar su criminal ansia de acumulación, incluso a costa de perpetrar genocidios y llevar al planeta -y a la humanidad- al borde de su destrucción.


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