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29 de Noviembre: Día del Renacimiento Nacional y Social de Armenia

Ese día, en 1920, nacía la República Socialista Soviética de Armenia y comenzaba el período de desarrollo más importante de la armenidad de los últimos más de quinientos años.


Por Adrián Lomlomdjian


Otro 29 de Noviembre en nuestras vidas. Un nuevo aniversario de aquel día en el que el pueblo armenio decidió emprender, por entonces, el desconocido y difícil camino de la construcción de una sociedad de nuevo tipo, una sociedad donde no existiera la explotación del hombre por el hombre ni la opresión, donde reinaran la paz, la confraternidad y la solidaridad entre los pueblos, y donde los éxitos y adelantos fueran disfrutados en conjunto por toda la sociedad.


Aquel pueblo, que a lo largo de los siglos sufrió invasiones, ocupaciones, persecuciones, masacres, genocidio, usurpación de sus territorios, saqueo de sus bienes particulares y colectivos, todo tipo de atropellos y violaciones a sus derechos humanos individuales, nacionales y sociales, ese pueblo decía basta y emprendía rumbo hacia lo nuevo, lo distinto, lo humano: hacia el socialismo.


Pero no fue un camino de rosas el emprendido, no sólo por la falta de ejemplos a nivel internacional (excepto Rusia, donde la revolución socialista había triunfado hacía apenas 2 años, no existía en el mundo otro gobierno de iguales características), sino, principalmente, por las condiciones en las que se recibió el país y por la situación internacional, donde las potencias imperiales en conjunto trataban de ahogar en la cuna al “niño recién nacido” (el socialismo), transformando la región en el centro de la batalla entre capitalismo y socialismo, entre lo viejo y lo nuevo, entre la guerra y la paz, entre la sociedad explotadora y la sociedad de iguales.


La República de Armenia nacida el 28 de Mayo de 1918, fudamentalmente, y entre otras razones, gracias a la decisión del gobierno de la Rusia Soviética de reconocer el derecho a la autodeterminación de los pueblos que conformaban el imperio zarista, no pudo nunca superar la encrucijada a la que la sometieron las potencias occidentales, Turquía, los mencheviques georgianos y los musavatistas azerbaiyanos. Guerras permanentes, muertes y destrucción, provocadas por su política exterior; hambre, miseria, desocupación y desabastecimiento, debido a las medidas adoptadas en política interior; terror, persecución y represión para quienes combatían las injusticias, eran lo cotidiano en la Primera República.


La amenaza genocida proveniente de Turquía seguía latente, a pesar de la firma del trístemente célebre Tratado de Batum (4 de junio de 1918) entre las autoridades armenias y el gobierno turco. A ello había que sumarle las luchas fratricidas entre los pueblos de Transcaucasia, provocadas por los gobiernos de Armenia (Tashnagtsutiún), Azerbaiyán (Musavatistas) y Georgia (Mencheviques); y también, los intentos permanentes de estos mismos gobiernos de cumplir con el mandato de sus amos occidentales para separar la región de la Rusia Soviética.


Nada sería fácil para el gobierno que se hizo cargo de los destinos del país a partir del 29 de Noviembre de 1920. El nuevo gobierno encabezado por Alexander Miasnikian, uno de los más brillantes dirigentes partidarios y de Estado en la historia del pueblo armenio, comenzó a dar los primeros pasos tendientes a la reconstrucción del país.


En aquellos primeros y difíciles años, cuando hacía falta tomar decisiones correctas que contribuyeran decididamente a poner al país y a la población rumbo a la construcción de la nueva sociedad, Miasnikian y su gabinete (el Comité Revolucionario de Armenia) tomaron las siguientes medidas: nacionalización de la tierra y su producción, de los bosques, ríos, grandes industrias, ferrocarriles y bancos; imposición por ley de la jornada de 8 horas de trabajo; comercialización del pan en manos del Estado; transformación del sistema educativo; puesta en funcionamiento del primer establecimiento de enseñanza superior, la Universidad Estatal de Ereván; la Iglesia fue separada del Estado y las escuelas de la Iglesia; creación y organización del Ejército Rojo Armenio, que luego se incorporó a las Fuerzas Armadas de la URSS.

Comenzaba una nueva etapa para el pueblo de Armenia y para sus hijos desperdigados por el mundo. Alexander Miasnikian, amado por su gente, realizó en persona el primer llamamiento a los armenios que estaban lejos de la Patria para que regresaran y pusieran todo su potencial al servicio del Renacimiento del país. Y fue así como cientos de dirigentes, intelectuales, obreros y campesinos, que habitaban en Tiflís, Bakú, Moscú, Krasnodar y otras ciudades europeas y asiáticas, tomaron la decisión de repatriarse y aportar a esta nueva etapa.


El analfabetismo fue desterrado del territorio armenio en menos de una década (antes, había más de 80% de analfabetos) y Ereván se transformaba de aldea en un centro industrial y cultural. A las ciudades y poblados del interior llegaban la electricidad, el gas y el agua corriente. La salud era un derecho de toda la población y los hijos de obreros y campesinos comenzaban a cursar estudios terciarios y universitarios. El país crecía, se desarrollaba, el nivel de vida de la población iba aumentando a medida del paso del tiempo, todo parecía un sueño, un hermoso sueño que era una increíble realidad...


Pero llegó la invasión nazi a la URSS y el intento del fascismo por destruir la Unión Soviética y aniquilar a los pueblos que la conformaban. Y en el caso particular de Armenia, el peligro turco al otro lado de la frontera seguía latente, Turquía quería concluir el plan de exterminio iniciado en 1915.

Sin embargo, esta vez Armenia no estaba sola, formaba parte de un país plurinacional que como un sólo puño se levantó para defender cada centímetro de su sagrado territorio. Centenares de miles de armenios marcharon al frente de batalla y otros centenares de miles cumplieron con heroísmo su rol en la retaguardia. Y junto a sus hermanos de cien nacionalidades, no sólo resistieron y defendieron victoriosos el territorio propio, sino que avanzaron liberando centenares de ciudades, decenas de países, hasta llegar al búnker del genocida Hitler. Y mientras flameaba la Bandera Roja de la Victoria en la mismísima Berlín liberada, cientos de soldados armenios bailaban allí el “Kocharí de la Victoria”.


En cada rincón del planeta, millones de hombres y mujeres celebraron el triunfo de las fuerzas soviéticas sobre la Alemania hitleriana. Armenia, la pequeña república que estaba renaciendo de las cenizas después de sufrir genocidio y deportaciones masivas, ofrendó la vida de más de 300 mil de sus hijos para derrotar al fascismo. Y a pesar del dolor y de tanta destrucción, el pueblo armenio volvió a poner manos a la obra.


Y no sólo eso. También decidió abrir sus brazos (y sus puertas) para que miles de sus hijos desterrados hacía décadas, y muchos aún habitando campamentos de refugiados en Medio Oriente, regresaran al suelo patrio para vivir seguros y poder desarrollarse. La supervivencia de la armenidad estaba garantizada en la Armenia Soviética, Madre Patria Renacida de todos los armenios.


Decenas de miles de armenios escucharon el llamado de la Patria y fueron más de 150 mil los que se repatriaron en los primeros años de posguerra. La Armenia Soviética era una realidad poderosa que daba seguridad y garantías, pero que por sobre todas las cosas era sinónimo de paz y desarrollo humano libre e igualitario. Y así pasaron las décadas. Brillantes, inolvidables, impensadas.


¿Hubieron errores? Claro que sí, sería imposible e infantil negarlos. Pero, también, ¡cuántos aciertos!, ¡cuántos sueños hechos realidad!, ¡cuántos momentos vividos, que hoy parecen fábulas lejanas e inalcanzables!, ¡cuánto sacrificio y entrega para el bienestar de toda la sociedad!

La diferencia con el hoy es grande, casi abismal. Antes, lo normal era recibir libros desde Armenia para las escuelas de la diáspora; discos desde Armenia para las instituciones y audiciones de la diáspora; diarios y revistas desde Armenia (en, al menos, 6 idiomas) para que nos enteráramos sobre el constante crecimiento de la Madre Patria; grupos artísticos, intelectuales, poetas y dirigentes que llegaban desde Armenia y nos contaban acerca del increíble desarrollo en el arte, la cultura y la ciencia; miles de becas para estudiantes y docentes, quienes cursaban sus estudios o perfeccionaban sus conocimientos -de forma gratuita- en los centros de educación superior… y, además, cobraban un salario por estudiar.


Hoy, la vida cotidiana es diametralmente opuesta, muy difícil e insegura, y predomina el sálvese quien pueda. Y además, tampoco se habla de Charents, Tumanian o Isahakian; nada de Aram Khachaturian, Víctor Hampartsumian o Mardirós Sarian; casi que no se conoce entre las nuevas generaciones las ideas y la lucha de patriotas como el General Antranik, Haik Pjshkian o el Marsical Hovannés Bagramian; mucho menos, la trayectoria de probos dirigentes partidarios entregados al desarrollo de la Patria como lo fueron Alexander Miasnikian, Aghasí Khandjian, Surén Harutiunian, Karén Demirchian y Antón Kochinian, entre otros.


A más de treinta años de la desintegración de la URSS, la desaparición de la Armenia Soviética y la restauración capitalista en el país, debemos reveer algunos comportamientos y decisiones colectivas, ya que el principal perjudicado no es tal o cual partido e ideología política, sino la armenidad toda.


No se puede seguir ocultando ni falseando la historia, mucho menos, negando la existencia de un período de siete décadas que significó verdaderamente el Renacimiento Nacional y Social del Estado armenio y de su pueblo, independientemente de creencias y fidelidades.

Debemos comenzar a ejercitar eso de unirnos, pero no sólo en los fervorosos y patrióticos discursos de ocasión que solemos recitar directivos de las distintas instituciones, sino en la práctica concreta.


Celebrar el 28 de Mayo de 1918 como el Día del Nacimiento de la República de Armenia, el 29 de Noviembre de 1920 como el Día del Renacimiento Nacional y Social de Armenia y el 21 de Septiembre de 1991 como el Día de Armenia (es decir, de la decisión de continuar siendo y no la derrota de un sistema), sería un paso muy importante que podríamos dar en la dirección de aunar criterios y unificar celebraciones que hoy son sectoriales, además de brindar un gran ejemplo a las nuevas generaciones.


Después, cada uno hará la valoración pertinente de cada momento histórico de acuerdo a sus convicciones, pero desde el conocimiento de la verdad histórica y no desde su ocultamiento y tergiversación.


Y mientras vamos aportando desde nuestro espacio hacia esa idea de sumar y no seguir dividiendo, continuaremos manteniendo vivos y en acción permanente los ideales que guiaron a quienes construyeron aquel milagro y transformaron la utopía en realidad; y seguiremos celebrando cada aniversario del 29 de Noviembre de 1920.


¡Gloria a Tí, Armenia Soviética, Patria Renacida de todos los armenios!


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Hoy, miércoles 29, a partir de la 20 horas, en la Casa de la Cultura Armenia, Niceto Vega 4762, Palermo, CABA, se celebrará el aniversario de la RSSA con un acto cultural especial, que significará el relanzamiento del Coro Aram Khachaturian, de la Unión Cultural Armenia, dirigido por el maestro Andy Istephanian. Participarán de la jornada el Conjunto de Danzas KAIANE y el Grupo Garodalí. La entrada es libre y gratuita.

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