Avedis Hadjian: “Encontré un poco de vida dondenos exterminaron”

El periodista armenio recorrió Turquía durante más de dos años en búsqueda de rastros y huellas de los armenios secretos. A más de un siglo del genocidio de 1915, los hijos de los sobrevivientes, que pueden llegar a ser entre dos millones, ocultan su identidad por miedo a la persecución del Estado.

Hadjian estuvo en las regiones donde fueron exterminados los armenios durante el genocidio

Por Emiliano Lomlomdjian Avedís Hadjian es curioso, es periodista. De origen armenio, nació en Alepo, Siria, al igual que sus padres, pero se crió en el seno de la colectividad de la Ciudad de Buenos Aires. En la adolescencia, la inquietud sobre sus ancestros, Turquía y los “armenios ocultos” lo marcó para siempre. Mientras aprendía el oficio de periodista con Narciso Binayán Carmona, encontró el libro “Los musulmanes olvidados” (“Les Musulmans oubliés”) de Alexandre Bennigsen y Chantal Lemercier-Quelquejay, que lo inició en la búsqueda. “Abrí la primera página del libro al azar, que era lo que hacía en la biblioteca vastísima de Binayán mientras lo esperaba. En este caso, creo que era la página 60 ó 61, y decía ‘Hamchèn’ o ‘Hémchin’, pensé que era ‘Khamsin ’ que en árabe es cincuenta o un viento que sopla del Sahara, pero en realidad trataba de armenios musulmanes que vivían en la región de ‘Hamshen’ en Abjasia y hablaban en su propio dialecto”. Con tranquilidad y profundidad, se detiene a explicar punto por punto como surgió su interés por el tema y cómo desarrolló la investigación. Recuerda que una vez le dijo a su padre: “Algún día voy a escribir un libro sobre los armenios islamizados”. Hoy, ya tiene su libro editado en inglés. En una entrevista explicaste que el interés sobre los armenios secretos nació de escuchar historias que contaban amigos de tus padres o que leías en los diarios. ¿Qué otros motivos te llevaron a realizar esta investigación?

En 2009, cuando empecé a molestar a todo el mundo sobre ‘Hamshen’ y los armenios ocultos, un colega me dijo: “Parece que es una moda hablar sobre Hamshen, que es un pueblo que se alejó de Armenia en el siglo VIII, que se islamizó en el siglo XV y que habla un dialecto raro del armenio, porque todavía en realidad a todo esta gente -y lo decía por mi- se entusiasma que hay un poco de vida armenia en los territorios históricos y lo contrasta con el desencanto que sienten con la diáspora, donde hay una asimilación feroz”. Y me dió un ejemplo donde los maestros armenios de la diáspora intentan enseñar la cultura y el idioma a los chicos, pero sus padres no quieren porque “es inútil”. Y siguió: “En la diáspora tenemos estos casos y buscamos un poco de esperanza en una tierra donde nos han exterminado casi por completo”. Esto me dolió, pero es verdad. Uno de los motores del libro fue la desilusión que sentí con mi diáspora y me doy cuenta, que como había pronosticado este periodista, me quería entusiasmar viendo vida en los territorios históricos, ya que en la diáspora veía cómo la lengua y la cultura estaban desapareciendo. Entonces, la razón de este libro fue tratar de encontrar vida allí donde nos exterminaron. Y encontré un poco. Trabajar en Turquía como periodista de investigación es difícil. Hace diez años, los nacionalistas mataron al periodista armenio turco Hrant Dink por reclamar por el genocidio y por las minorías étnicas. ¿Cómo investigaste sobre los armenios ocultos en medio de la persecución? Fue muy difícil. Me contacté con un armenio de Dersim que se llamaba Miran Pırgiç que me pasó el contacto de un conocido en California. No sé quién era, pero me mandó un correo con nombres, apellidos, números de teléfono y ciudades, que me sirvieron para la investigación. Después, fui a ‘Bolis’ -Estambul- y viajé en una excursión a Dersim con la gente del periódico Agos -fundado por Hrant Dink- y Miran Pırgiç, que habían organizado un festival con la participación del Conjunto Maratuk de Armenia, que por primera vez viajaba desde el genocidio. En Dersim, conocí a los primeros armenios ocultos de la ciudad y de ahí bajé dos días a la peregrinación al monte Maruta de Sasún, donde me encontré con los primeros armenios de Sasún. En esta primera etapa estuve 45 días y después volví para conocer en profundidad.

Peregrinos armenios secretos en el monte Maruta, Sasun. / © A. Hadjian

En 2011 fundaste el proyecto de la investigación en Turquía y después durante dos años recorriste todo el territorio. ¿Tu hipótesis de investigación era que había un grupo determinado de armenios secretos o que todos tenían diferentes características? La idea con la que partí inicialmente era que había un grupo muy concreto. Cuando pensaba en categorías mentales, tenía una idea nítida y clara de lo que era. Pero cuando llegué, vi que no era así. Son gente que viven en un lugar, que no necesariamente tienen un rito secreto ni cosas raras, simplemente que no dicen en voz alta que son armenios porque están rodeados de nacionalistas turcos que saben que son armenios y le hacen la vida muy difícil. No hay una comunidad organizada de armenios secretos, lo que sí hay muchas veces son redes familiares por las cuales, para que las mujeres no se casen con musulmanes (turcos o no armenios), las presentaban a primos segundos o terceros armenios y los casaban. Obviamente con consentimiento de ambas partes, es algo muy común allá. Hay otra razón. Lo hacen para que en la herencia, las tierras no se dividan y queden dentro del mismo clan. Entonces, por asimilación y para protegerse, han hecho así. Lo que resultó -por accidente- es que se preservara la identidad armenia, ya que lo hacían por el hecho territorial. Hace veinte años, Hadjian escribe sobre conflictos internacionales de Europa del Este, la antigua Unión Soviética, Turquía, China y América Latina, para diferentes diarios y revistas internacionales. Desde Londres y Nueva York, se prepara para la presentación de su libro “Una nación secreta: los armenios ocultos de Turquía”, que será publicado el año que viene en inglés y en 2019 en turco. “En un futuro, espero que se pueda publicar en armenio y español”, explica sobre la investigación que lo hizo recorrer las regiones centrales de Turquía como Estambul -‘Bolis’ en armenio-, Ankara y Dyarbekir, como la “Armenia histórica” compuesta por Dersim, Jarpert, Sasún, Mush, Van, Cilicia, Kars y Hamshen, entre otras.

Jazo Uzal, el último armenio de Nish, un pueblo en las montañas de Mush. / © A. Hadjian

En casi toda Turquía, los armenios se “islamizaron” o “turquificaron” para sobrevivir a la persecución, pero muchos saben de sus orígenes culturales y religiosos. ¿Por qué siguen escondiendo su identidad? Los armenios ocultos están por todas partes y las causas por las que se siguen escondiendo son distintas. En Mush y Sasún, hay muchos “mezclados”, muchos “islamizados”. En Dersim, hay muchos que se convirtieron en alevíes. En Van, están muy ocultos porque tienen miedo. En Adiyaman, está lleno. En “Digranagert” -Dyarbekir-, los armenios convertidos se calcula que son un cuarto de la provincia. En Cilicia, parece que hay muchos, pero allí la islamización fue muy violenta y feroz, tienen mucho miedo. En Adaná, hay bastantes, en Hadjin también, pero el miedo es muy grande. La mayoría dice que la asimilación fue muy violenta. Por ahí ellos son armenios, pero no lo saben porque la familia tuvo miedo de transmitirlo. Por ejemplo, en la región de Hadjin me comuniqué con cinco familias y ninguna me quiso recibir. En 2014, un grupo de armenios islamizados visitó Armenia a través del programa Ven a Casa -“Arí Dun”- del Ministerio de la Diáspora. ¿Qué rol juega el Estado armenio con este grupo? Ese año, en un intervalo de mi viaje por Turquía, fui a Armenia por tres meses y me invitaron a una reunión en el Ministerio de la Diáspora, en Ereván, que trataba sobre cómo encarar esta cuestión. En esa época, lo que Armenia proponía, a través de la ministra Hranush Hakobyan, era forjar una política hacia los armenios ocultos de Turquía, y sé que es algo que les interesa. Lo que escuché en esa reunión fue muy cauto y muy interesante. Se buscaba crear mecanismos de conexión por los cuales ellos pudieran ir y venir a Armenia, aprender el idioma y que haya más contacto. Sé que gracias a Dios, e independientemente de los Estados, hay muchos viajes de estos armenios a Armenia, porque les fascina que exista el país, van a Echmiadzin -capital religiosa de los armenios-, lo disfrutan mucho. Han perdido el miedo de visitar Armenia y lo hacen con mucho regocijo.

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