Una traición que sigue golpeando a toda la humanidad

A tres décadas de la desintegración de la URSS y la restauración capitalista, el mundo se tornó más injusto y más violento.

Por Adrián Lomlomdjian


“Hace 30 años, la Unión Soviética fue 'condenada a muerte' en la reserva natural bielorrusa de Belavézhskaya Pushcha, cerca de la frontera con Polonia. Considerado el último refugio del bisonte europeo, aquel escondite boscoso fue el lugar escogido por los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, tres de las repúblicas que conformaban la URSS, para firmar a espaldas del presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, el Tratado de Belavezha, que ratificaba su independencia y desmontaba formalmente la Unión fundada por Lenin en 1922.


Aquel 8 de diciembre de 1991, diecisiete días antes de que la bandera roja de la hoz y el martillo fuera arriada definitivamente del Kremlin, los presidentes de las repúblicas socialistas soviéticas de Rusia (Borís Yeltsin), Ucrania (Leonid Kravchuk) y Bielorrusia (Stanislav Shushkévich) se reunieron en aquel bosque situado en los confines occidentales de la Unión Soviética, para firmar el certificado de defunción del primer Estado socialista de la historia”.


Con estos dos párrafos comienza la nota publicada por la agencia de noticias RT el pasado 8 de diciembre de 2021.


“El 8 de diciembre, hace exactamente 30 años, tres delincuentes se reunieron en Belavezha y cancelaron la voluntad de los ciudadanos soviéticos de vivir en un mismo país. Tengan en cuenta que los resultados del referéndum no tienen un plazo de prescripción. Esta decisión es vinculante para todos. Y haremos todo lo posible para restaurar nuestra amada Patria, pacífica y democráticamente”, enfatizó hace dos días el líder del Partido Comunista de Rusia, Guennady Ziuganov, recordando también que ese documento firmado a espaldas del pueblo pisoteó la voluntad de la mayoría de la población de la Unión Soviética, que el 17 de marzo de aquel 1991 había votado mayoritariamente de manera favorable por la continuidad de la URSS. “Esos tres delincuentes, reunidos en Belavezha, tomaron una decisión que no tiene fuerza legal. ¡Porque más del 76% de los ciudadanos había declarado oficialmente su deseo de preservar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y vivir en nuestra Patria poderosa, victoriosa y cósmica!”, destacó el líder comunista.


La participación en aquel plebiscito superó el 80% del padrón. De acuerdo con los resultados del referéndum, la mayoría absoluta de la población de las repúblicas soviéticas de Asia Central no quería la disolución de la URSS. Alrededor del 95% de los habitantes de esas repúblicas votaron a favor de la preservación de la Unión, pero en su forma renovada. En Azerbaiyán el 93% de los ciudadanos que participaron en la votación también eligieron mantenerse dentro de la URSS.


Los resultados de la votación en Rusia, Ucrania y Bielorrusia no fueron tan unánimes como en Asia Central, pero la mayoría eligió quedarse en un país unido. Más del 70% en Rusia y Ucrania, y el 82% de los bielorrusos optaron por un futuro común en la nueva Unión Soviética.


"La URSS era un sistema único. Teníamos que haberlo salvado. Era un gran Estado con un poderoso ejército, una administración gigantesca y una potente economía", comentó Ruslán Jasbulátov, expresidente del Soviet Supremo de Rusia, quien primero fue aliado de Yelstin y luego lo enfrentó.


El propio presidente ruso Vladimir Putin, quien internamente se caracteriza por tener una política persecutoria frente a los comunistas y revolucionarios rusos, ha dicho una y otra vez que “la caída de la URSS y su división en quince repúblicas fue una de las mayores catástrofes geopolíticas del siglo XX”.


Será por eso, y porque siempre quieren mantener en tensión sus relaciones con Rusia, que Victoria Nuland, Subsecretaria de Estado de EEUU para Asuntos Políticos, dijera recientemente en una audiencia en el Senado, que "existe el temor de que Putin busque revivir la Unión Soviética”.


Uno de los delfines políticos de Putin, el reelegido presidente de la Duma de Estado (Cámara Baja del Parlamento ruso), Viacheslav Volodin, sostiene que "hasta hoy día cada uno de estos Estados vive las consecuencias de aquella tragedia, por la que se rompieron los vínculos económicos y la cooperación entre empresas, y se perdió todo el potencial industrial".


El propio Mikhail Gorbachov, último presidente de la URSS y considerado mundialmente como el principal responsable de la caída de la URSS y la restauración capitalista allí y en Europa Oriental, sostenía en uno de sus últimos reportajes, que lo realizado por Yelstin y los otros dirigentes secesionistas fue “una traición a mis espaldas. Quemaron toda la casa para poder encender un cigarrillo. Sólo para llegar al poder”.


Un sondeo realizado a comienzos del 2021 reveló que entre el 42 % y el 59 % de los rusos todavía culpan a Gorbachov de la desintegración de la URSS.


A pesar de la supuesta “victoria” obtenida por el imperialismo (capitalismo) hace 30 años y de la poderosa maquinaria propagandística antisoviética y anticomunista, que durante las 24 horas de cada día intenta apabullarnos en cada rincón del planeta -particularmente en los países de la ex URSS y la Europa Socialista-, los enemigos de los pueblos no han logrado obtener aún el soñado triunfo final. Por el contrario, cada día los desespera un poco más el hecho de que no son pocos en el mundo quienes recuerdan que otras sociedades justas, humanistas y progresistas fueron posibles de construir y luchan para volver a hacerlas realidad.


Una de las últimas encuestas realizadas en las repúblicas ex soviéticas, demuestra que entre los mayores de 35 años, la Unión Soviética sigue manteniendo su prestigio y sigue siendo añorada. Para el 64% de los rusos, el 60% de los ucranianos y los kazajos, el 61% de los kirguizes, el 69% de los azerbaiyanos y el 71% de los armenios, se vivía mejor en la URSS que en estos tiempos.

Recordemos que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas fue creada el 31 de diciembre de 1922 sobre la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Transcaucasia (Armenia, Georgia y Azerbaiyán). Con el correr de los años, fueron sumándose otras repúblicas y al momento de su desintegración la URSS estaba integrada por 15 Repúblicas Federadas y decenas de Repúblicas Autónomas y Regiones Autónomas.


La URSS fue un Estado plurinacional y socialista en el que convivieron pacíficamente -pero no exentos de conflicto heredados y nuevos- cientos de pueblos, que habitaron esas regiones del planeta a lo largo de los siglos. Millones de hombres y mujeres de distintas nacionalidades, con diferentes credos, idiomas y tradiciones, intentaron -y lograron- a lo largo de siete décadas, construir una vida común, disfrutando todos y todas de los éxitos y los beneficios.


Mientras hoy se sigue luchando por la plena vigencia de los derechos humanos y por obtener, recuperar o no perder conquistas logradas con el sacrificio de décadas de los pueblos, en la URSS hubo educación gratuita y en todos los niveles para toda la población; sistema de salud universal y gratuito, desde los controles hasta las más complejas intervenciones quirúrgicas o tratamientos; pleno empleo, vivienda, vacaciones, formación profesional, deportiva o artística desde temprana edad.


La URSS fue una potencia industrial y pionera en cuanto a las investigaciones científico-técnicas, estando a la vanguardia de los descubrimientos en las áreas de la medicina, la informática, la ciencia espacial, la tecnología militar y otros adelantos que luego fueron disfrutados por toda la humanidad.

Ni antes ni después de la Unión Soviética, la humanidad fue capaz de construir una sociedad basada en la paz y la confraternidad entre los pueblos, sin explotación, donde la solidaridad, la cooperación, la justicia, el compromiso responsable y el entendimiento mutuo fueran lo predominante para lograr el bienestar y el desarrollo socialista de toda la sociedad.



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