Vergüenza
- 12 jun
- 7 min de lectura
La Comisión Electoral Central sigue el recuento de todos los votos y ya impugnó los resultados en varios centros de votación. Las elecciones planificadas, organizadas y controladas por Occidente llevaron a la sociedad armenia, a las fuerzas oficialistas y a la oposición, a una confrontación similar a las producidas en los últimos años en Ucrania y Moldavia.

Por ADRIÁN LOMLOMDJIAN
El último domingo se llevaron a cabo elecciones para renovar la totalidad de la composición de la Asamblea Nacional de Armenia. Debido al sistema parlamentario vigente, la ciudadanía vota partidos y frentes, y son los diputados y diputadas quienes elegirán primer ministro y, éste, conformará nuevo gobierno.
A la medianoche del domingo, y antes de que la propia Comisión Electoral Central brindara información oficial -ya que se llevaban escrutados apenas el 10% del total de votos emitidos en todo el país-, el líder del Partido Acuerdo Cívico (PAC) y primer ministro vigente de la república, Nikol Pashinian, anunciaba que habían obtenido una victoria contundente con más del 60% de los votos a su favor.
El anuncio sorprendió a propios y extraños, no sólo por los rostros adustos de Pashinian y sus correligionarios mientras anunciaban esa “contundente victoria”, sino porque ninguna de las encuestas previas, incluso las realizadas a pedido del gobierno, brindaban un escenario semejante. Si coincidían todas en que el partido de gobierno, el PAC, y el opositor Frente Armenia Fuerte rondarían entre el 25 y 35% de los votos, y que detrás se ubicaban otras cuatro fuerzas opositoras con serias posibilidades de superar los pisos electorales para partidos y alianzas, por lo que la oposición estaría en condiciones de formar nuevo gobierno.
Mientras el primer ministro anunciaba su triunfo, comenzaban a difundirse por las redes sociales imágenes grabadas en distintos centros de votación, que daban cuenta de algunas de las varias irregularidades y violaciones cometidas en todo el país. También, llegaban fotos mostrando que los datos existentes en las planillas oficiales de cierre de varias mesas electorales (con las firmas de sus autoridades y de los fiscales partidarios) no coincidían con los datos que iba cargando la Comisión Electoral Central y difundía como “datos parciales oficiales”.
A partir del lunes por la mañana y hasta hoy sucedieron infinidad de hechos, que nos permiten asegurar que las elecciones en Armenia no fueron ni democráticas, ni libres, ni transparentes, sino que hubo un proceso plagado de violaciones a los derechos y a las libertades ciudadanas -antes, durante y después del día de la votación-, donde quedó registrada una fuerte intromisión del aparato estatal, tanto desde lo financiero como desde sus mecanismos represivos y de control de la sociedad.
Más de un millar de dirigentes, candidatos y militantes opositores detenidos -700 del Frente Armenia Fuerte-, decenas de allanamientos a locales partidarios, domicilios particulares y oficinas de trabajo; cientos de denuncias y causas judiciales abiertas a pedido personal del primer ministro y de funcionarios oficialistas contra aquellos que se manifestaban en su contra; ausencia casi total en la TV y la Radio Pública de las propuestas electorales opositoras; control total de las redes sociales y los medios de comunicación por parte del Estado y del “equipo de expertos” en informática enviado por la Unión Europea; llegaba y participación masiva de militares a los centros de votación una vez finalizado el horario de las 20 horas.

Estas son algunas de las “irregularidades” cometidas a lo largo de la campaña, que fueron denunciadas también por los y las observadoras nacionales e internacionales -no sólo los rusos-, entre ellos, los enviados por el Parlamento Europeo (PACE) y la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).
Pero claro, Occidente está defendiendo sus intereses, y mientras sus misiones de observación denunciaron las “groseras irregularidades”, sus máximas autoridades -desde Ursula von der Leyen y Zelensky hasta Macrón y Trump- comenzaron a felicitar al primer ministro Nikol Pashinian por su “victoria”.
“Estoy orgulloso de haber apoyado su reelección, y no dudo que bajo su liderazgo, la hermosa Armenia alcanzará un nivel de grandeza y éxito que superará las expectativas más audaces de todos”, expresó el pedófilo que preside la principal potencia criminal y genocida del planeta.
También lo saludó el mandamás turco Recep Erdogan y, en Bakú, no dejan de felicitarse a sí mismos, ya que públicamente lo anunciaron una y mil veces, que “la victoria de Pashinian fue posible gracias a la visión estratégica de Ilham Aliyev”.
Durante toda la semana, y casi que apabullado por las irregularidades y el fraude cometido, la Comisión Electoral Central pasó de anunciar la mayoría absoluta de Pashinian a tener que comenzar a declarar la nulidad del escrutinio en varios centros de votación debido a las “notorias irregularidades y a las diferencias abismales entre los datos existentes en las planillas oficiales y las cargas realizadas”. En el ínterin, primero anunció una distribución de diputados entre cuatro fuerzas políticas -el oficialismo y tres opositoras-, pero al constatar que de esa forma Pashinian no lograba el dominio total de la Asamblea, informó que el Partido Armenia Próspera finalmente perdía sus cinco diputados, ya que no lograba superar el 4% (según la CEC, alcanzó el 3,996%...).
Mientras tanto, la CEC continúa el recuento de votos a nivel nacional, lo que da cuenta de que en Armenia, las recientes elecciones organizadas, controladas y escrutadas por Occidente, fueron y son una vergüenza.
El día 14 de junio es cuando la Comisión Electoral Central informará los “resultados finales”. Sin embargo, desde la oposición -quienes supuestamente lograron representación parlamentaria y quienes no-, ya anunciaron que harán las presentaciones ante el Tribunal Constitucional Supremo exigiendo la nulidad de las elecciones y el llamado a realizar unas nuevas. Y la pregunta que surge es: ¿se puede confiar en un poder judicial que hasta el momento se mostró como un brazo más del poder político gobernante?
La oposición impugnará las elecciones ante el Tribunal Supremo

En el mientras tanto, la ciudadanía comenzó a ganar las calles y hoy, frente a la sede de la Comisión Electoral Central, cientos de manifestantes fueron a reclamar en contra del fraude.
“En estas elecciones, Pashinian no ganó. Ellos también lo saben, nosotros también lo sabemos y todo el mundo lo está viendo”, dijo el líder -y actual preso político- del Frente Armenia Fuerte, Samvel Karapetian. Y agregó: “Nuestro objetivo no es estar representados en el parlamento, sino destituir a Pashinian. Y si Pashinian está seguro de su victoria, entonces aceptará nuestras condiciones: le ofrecemos una segunda ronda electoral”.
Karapetian respondió a los requerimientos de la prensa sobre su asumirán los mandatos o no. “Si encontramos que podemos destituir a Pashinian más rápido a través del parlamento, entonces iremos al parlamento. Si encontramos que podemos destituirlo mediante la lucha callejera, entonces tomaremos ese camino”, enfatizó.

El diplomático Ara Aivazian, ex embajador de Armenia en Argentina, señaló que “si los resultados de las elecciones deben ser revisados, entonces las elecciones ya no son una elección”. “Estas elecciones plantean la pregunta: ¿quién decide la composición futura de la Asamblea Nacional, el pueblo o los funcionarios?”, subrayó Aivazian, quien también fue ministro de Relaciones Exteriores de Armenia durante el primer período de gobierno de Pashinian.
Para el politólogo Surén Surenyants, “si Pashinian no detiene este accionar ilegal, las calles de Ereván se llenarán de decenas de miles de personas”.
“¿Todavía no entienden por qué obligaron a Aram Sarkisian a presentar una queja contra el Frente Armenia Fuerte en la CEC?”, preguntó el politólogo Ara Poghosian, haciendo referencia a la presentación realizada por el oficialismo un día ante de las elecciones para que anularan la participación del Frente.
Continúa la represión. Posiciones en la diáspora
El gobierno no cesa con su política de persecución y represión, y esta semana el régimen comenzó “la caza postelectoral”: inició causas penales contra el líder del Partido Armenia Próspera, Gaguik Tsarukian, y contra el periodista y bloguero Mika Badalian; arrestó al Alen Ghevondian y Tigrán Vardanian, y se ordenó la detención del ex Ministro de Defensa y Héroe de Karabaj, Seirán Ohanian. Asimismo, sancionó a los Canales de Televisión 2 y 5 por emitir noticias y opiniones difundidas desde la oposición.
Así las cosas, algunos en la diáspora se “apresuraron” en “felicitaron a Pashinian” por su “victoria” en “elecciones democráticas, libres y transparentes”. ¿Obsecuentes o negacionistas de la realidad?
En cada una de nuestras comunidades debemos sincerarnos y que cada uno defina y diga de qué lado está en este instante crucial de la armenidad, sin intentar maquillar posicionamientos políticos que se deben asumir desde argumentos sólidos, creíbles y referenciados en la realidad, y no con frases hechas, desacreditando las opiniones distintas, inventando una narrativa con posibilidades favorables imaginarias o desde los deseos personales y sectoriales.
No se suma ni se ayuda ni se protege a Armenia y la armenidad defendiendo a capa y espada a Pashinian y su régimen, o los caprichos y las formas de tal o cual dirigente.

No son inventos de la oposición (mucho menos, nuestros) que Armenia vive bajo un sistema verdaderamente autoritario con un gobierno dispuesto a todo con tal de mantenerse en el poder, llevar adelante su proyecto político y cumplir con los compromisos asumidos a nivel internacional con sus nuevos socios (Occidente, el panturquismo y el sionismo). Esta es la situación real que se vive en el país, más allá de que quieran presentarla de otra forma.
Persecución y cárcel para los opositores políticos y sociales, ataques sistemáticos contra la Iglesia Apostólica Armenia y su máxima autoridad, agresiones y ofensas permanentes a la sociedad por parte de las máximas autoridades del país, férreo dominio de las redes sociales y los medios masivos de comunicación, entrega del territorio soberano para el establecimiento de los servicios secretos extranjeros (principalmente occidentales), cesión de Zanguezur al control norteamericano y panturquista, continuidad del espíritu y discurso capitulador con respecto a Karabaj y a los valores identitarios de la armenidad, son parte de lo vivido en Armenia en estos últimos ocho años, que se profundizará en caso de que el partido gobernante logre avasallar la voluntad mayoritaria del pueblo armenio.
Los próximos días serán cruciales para comenzar a definir el futuro de Armenia.













Comentarios