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Armenia necesita sumar voluntades y los armenios necesitamos unidad

  • hace 1 día
  • 6 min de lectura

No dividen quienes critican y manifiestan desacuerdos de manera pública, transparente y argumentada, sino quienes acusan al otro, quienes ningunean y menosprecian las opiniones divergentes, y quienes, desde una soberbia incomprensible, se autoproclaman "portadores de la armenidad y vigías de la pureza de los intereses armenios", inventando y viendo "antiarmenios" por todos lados.



Por ADRIAN LOMLOMDJIAN


Desde este espacio, a través de las noticias y los artículos que publicamos, nos presentarnos tal cual somos y así nos conocen ustedes, compartan o no nuestra mirada y nuestras opiniones.


No nos etiquetamos ni nos autoproclamamos "independientes" u "objetivos", aunque si somos partidarios de la verdad y de la no falsificación o tergiversación de la realidad ni de los hechos y datos de la historia, que abordamos desde nuestras convicciones y objetivos: hacer nuestro aporte a la formación de la mujer/hombre nuevo para la construcción de un mundo sin explotadores ni explotados, con paz, amistad y cooperación solidaria entre los pueblos.


Somos antifascistas y antimperialistas. Militantes internacionalistas que partimos desde nuestro inquebrantable patriotismo, ese mismo que nos lleva a defender nuestras identidades y tradiciones nacionales y culturales.

No somos de "catalogar" de "tal o cual cosa" a quienes tienen miradas, opiniones y objetivos distintos a los nuestros -intentando menospreciarlos o tildarlos de "agentes de..."-, sino que sobre la base de los hechos concretos y teniendo en cuenta la realidad internacional y la disputa económica y geopolítica existente a nivel planetario, explicamos y desarrollamos nuestras ideas demostrando concretamente la idea que sostenemos. Como, por ejemplo, que las decisiones tomadas por el actual gobierno armenio son favorables a los proyectos hegemónicos que Occidente, el panturquismo y el sionismo tienen para el Cáucaso y Medio Oriente. Esto no es una acusación en sí, sino una certeza que se constata en el día a día de Armenia, sus vecinos y el mundo.


A muchos parece incomodarlos esas adjetivaciones muy utilizadas entre los armenios de "pro-ruso", "pro-turco", "pro-yanqui" o "pro-europeo". Pero a decir verdad, es algo que arrastramos desde hace siglos debido a la región del planeta que habitamos históricamente como colectivo nacional. Y esta región, que a lo largo de los milenios fue conquistada, sojuzgada, dominada y ocupada por distintos imperios, hoy vuelve a ser disputada proyectos hegemónicos de alcance local y mundial. De ahí, en parte, esa costumbre de tener que ser o definirse como "pro-algo", ya que casi siempre de esa decisión dependió el futuro de la armenidad.


Hablando de nuestra identidad armenia y de todo lo relacionado a la armenidad -incluidos la república y la diáspora-, siempre partimos de la premisa que todos los sectores quieren lo mejor para Armenia, para la diáspora y para el futuro de nuestro colectivo nacional. Claro que cada quien lo hace desde sus principios ideológicos, filosóficos, religiosos, o, simplemente, desde lo que cree que es lo mejor.


Es ahí donde, lógicamente, surgen los matices, las diferencias naturales y las posiciones totalmente contrapuestas, que cada uno de nosotros y nosotras debemos tener la capacidad de superarlas a través de la búsqueda de puntos de coincidencia que nos permitan trabajar juntos y avanzar.


En contrapartida, resulta verdaderamente nocivo abordar esas diferencias desde el "sermoneo patrioteril y nacionalista básico", desde el consejo que se da "considerándose superior al otro" y "menospreciando las distintas miradas", o desde "la acusación al otro de ser tal o cual cosa, o agente de tal o cual tercer país".

Quien escribe estas líneas, como muchos otros y otras cientos de militantes comunitarios, desde hace décadas se ocupa y preocupa por la armenidad y Armenia. Y no sólo siempre he defendido y defiendo la amistad armenio-rusa, sino que la proyecto a futuro, convencido -tal cual lo demuestra la historia armenia de los últimos siglos- que fue el pueblo ruso y sus sucesivos (y muy diferentes) Estados, quienes estuvieron espalda con espalda con el pueblo armenio garantizando, primero, su existencia, luego la de su Estado y, siempre, la de sus tradiciones e identidad nacional.


Soy conciente que este no fue un camino de rosas ni tampoco estuvo exento de errores ni de decisiones inesperadas y rechazables (para alguna de las partes). Como siempre ocurre en las relaciones de amistad, uno piensa de una forma sobre algo en particular y el otro lo hace distinto; uno espera algo y el otro, quizás, actúa no de la forma esperada; así, podríamos seguir enumerando varios desencuentros. Pero cuando todo esto sucede y siguen primando la honestidad, la confraternidad y la fidelidad, cualquier diferencia es superada en favor de la continuidad de esas relaciones sinceras y de mutuo beneficio.


Esa idea fue la que primó mayoritariamente entre los armenios a fines del siglo 17 y principios del siglo 18, cuando fueron a pedirle al zar y a los poderosos hombres de Rusia que incorporaran los territorios armenios al Imperio zarista una vez que derrotaran a los persas. Así sucedió. Y como consecuencia de este paso fundamental, en esos territorios se creó un siglo después la República de Armenia, con continuidad hasta nuestros días.


Ante una disyuntiva similar estuvo el pueblo armenio en los tiempos en que se desintegraban los imperios zarista y otomano, entre fines del siglo19 y principios del 20.


Las potencias imperialistas de Occidente luchaban entre sí por quedarse con el control de los territorios que perdían los otomanos en los Balcanes, la Anatolia y el Medio Oriente, pero, al mismo tiempo, se unían para enfrentar a la triunfante y naciente Rusia Socialista, tratando de arrancarle territorios y ahogarla en sangre. En ese proceso que duró varios años, las potencias occidentales (Gran Bretaña, Alemania, Francia y Estados Unidos, entre otras) abandonaron a los armenios y a los otros pueblos de la región, quienes cayeron víctimas de la política criminal propia de los imperialistas y sus aliados, y del plan genocida otomano.


Hubo entre los armenios quienes confiaron en Occidente -y en Turquía-, pero hoy no hay ni Armenia Occidental ni armenios habitando sus territorios ancestrales en la Anatolia turca.

La contracara de esa trágica realidad fue la decisión tomada por los otros armenios, aquellos que eligieron unir su destino a la nueva Rusia y dieron nacimiento a la República Socialista Soviética de Armenia, que con su incesante desarrollo y prosperidad a lo largo de las décadas -logrado en el marco de la familia fraterna y solidaria de los pueblos soviéticos, liderado por el pueblo ruso- garantizó la existencia del Estado, del pueblo armenio y de sus valores identitarios hasta hoy.


Pero, actualmente, a la cabeza del Estado armenio se encuentra una corriente política que en nombre de la paz, la modernidad, la pluralidad, los derechos humanos y la democracia, está conduciendo al país hacia un destino por demás peligroso para su futuro estatal y, particularmente, para la seguridad de quienes habitan el territorio patrio.


Si Erdogan y Aliyev, si Trump y Macron, si los enemigos de tu aliado (Rusia) y de tus amigos (Irán, China) están contentos y "te celebran y agasajan", es porque estás haciendo algo que los beneficia a ellos y no porque estés haciendo algo positivo para vos, tu país y pueblo, para la armenidad. Es cierto que a veces lo que beneficia a otros puede ser positivo para vos, pero no hay indicio alguno que Armenia y su pueblo se vean beneficiados por o con algo que beneficie a Occidente, al panturquismo o al sionismo. A menos que creamos que la dependencia alimentaria y energética de Turquía y Azerbaiyán sea para Armenia "una bendición", o que obtener el régimen de "visa libre" para visitar Europa sea un beneficio popular...


La historia ya la conocemos y sabemos del rol que jugado -para con Armenia y el pueblo armenio- por cada uno de los actores protagónicos regionales: Rusia, Occidente, Turquía-panturquismo, Persia-Irán, países árabes, el sionismo...


Y esa historia, sumada al pasado inmediato y al presente, es la que nos tiene que ayudar a la hora de reflexionar sobre las decisiones y los posicionamientos a tomar con respecto a la actualidad de Armenia, a los quehaceres comunitarios y al futuro de la armenidad (incluidos la república y la diáspora).


Armenia, su pueblo y nosotros -la diáspora- precisamos de la unidad.


La agenda antinacional, los ataques y gritos histéricos, la agresividad permanente puesta de manifiesto por quien dice ser "el nuevo mesías de la armenidad" -al punto tal de querer destruir la milenaria Iglesia Armenia para luego refundar su propia iglesia-, no solo deben ser condenados, sino también deben ser excluidos de nuestra cotidianeidad.


Lamentablemente hay entre nosotros quienes se consideran "seguidores y guardianes" del autoproclamado "nuevo mesías armenio" y, como él, no reparan en el daño que hacen. Solo les importa satisfacer su ego.

Como colectivo comunitario debemos estar atentos a estos movimientos sectarios, antipatrióticos y disgregantes, que apuestan al debilitamiento de nuestras instituciones y a la destrucción de nuestra organizada, fructífera y poderosa comunidad, que convive, crece y se desarrolla en la pluralidad y el respeto a la diversidad, manteniendo en las nuevas generaciones las tradiciones y la identidad armenia.


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Fue fundado en 1999 como continuidad de los periódicos Estrella Roja, Shirak, Verelk, Hai Mamul, Hai Guiank, Ereván y Seván de la Unión Cultural Armenia. A lo largo de su historia de casi un siglo, la prensa institucional mantuvo la periodicidad, a pesar de las prohibiciones y clausuras sufridas por las dictaduras militares de turno. Hoy, en su formato digital mantiene los objetivos y principios de sus fundadores aportando su granito de arena a la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados, con paz, amistad y solidaridad entre los pueblos.

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