Armenia no expulsa a los invasores, pero exige que lo hagan sus aliados

Ante el peligro de perder las elecciones, el gobierno de Pashinian intenta cumplir ya con su objetivo de separar a Armenia de Rusia.

Por Adrián Lomlomdjian


Desde hace aproximadamente dos semanas, cuando unidades militares pertenecientes a las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán se adentraron ilegalmente en territorio armenio, somos testigos de una serie de acciones gubernamentales y de declaraciones de varios funcionarios y funcionarias de Estado, que nos demuestran a la clara que el sector pro-occidental del país, en el poder, no se contentó con lo sucedido en Artsaj. Y ahora, va por más.


La derrota en la guerra; la muerte de más de cinco mil soldados y otros miles de bajas entre heridos, desaparecidos y mutilados; la entrega de más de 1.100 km² del territorio de la histórica Región Autónoma de Nagorno Karabaj -que formaba parte de la URSS-; y los más de 200 prisioneros, que continúan rehenes del régimen de Bakú, no significaron ni significan nada para esta camada de traidores a la patria devenidos en autoridades del país, políticos y/o dirigentes sociales, cuyo único objetivo sigue siendo cumplir los compromisos asumidos con el imperialismo yanqui y la Unión Europea.


Llegados al poder a través de un Golpe de Estado denominado "revolución de terciopelo" -que fue ideado en los Estados Unidos, monitoreado por su Embajada en Ereván de manera conjunta con otras representaciones diplomáticas de países europeos, y concretado exitosamente con la complicidad de muchos de quienes gobernaron el país durante los 27 años anteriores-, Pashinian y su banda comenzaron rápidamente a tratar de cumplir lo pactado: separar a Armenia de Rusia y dejarla indefensa frente a Turquía y su proyecto panturquista.

Para ello, a lo largo de estos tres años se priorizaron y profundizaron los lazos de todo tipo con Estados Unidos y la Unión Europea; continuaron preparando cuadros políticos pro-occidentales a través de cursos de perfeccionamiento, post-grados, intercambios, encuentros académicos, cursos de la OTAN, etc.; nombraron al frente de los principales puestos de Estado a hombres y mujeres formados y perfeccionados en Occidente; llenaron el parlamento con diputadas y diputados miembros de organizaciones sociales financiadas por USAID (vinculada a la CIA), por Soros y por distintas usinas europeas. De esta forma, con una parte importante de los medios masivos de comunicación a su favor y con el enorme desprestigio acumulado en la sociedad por las anteriores autoridades del país (Ter Petrosian, Kocharian, Sargsian y los partidos que los sostuvieron), los "occidentalistas" fueron avanzando en la concreción de lo planificado, aunque no tanto como esperaban y querían.


Si bien todo aquello que golpeara el poder, la omnipotencia y omnipresencia de las principales figuras de los anteriores gobiernos era bien recibido por una parte importante de la sociedad, no lograban la misma respuesta cuando se intentaba alguna acción contra Rusia o que pusiera en peligro la histórica amistad y alianza armenio-rusa.


Intentaron quitar de la grilla los canales rusos y no pudieron; quisieron sacar la Base Militar Rusa emplazada en la ciudad de Leninakán (Gyumri), fronteriza con Turquía, y no pudieron; quisieron separar al país de la Organización Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que es una alianza militar entre Armenia, Rusia, Bielorrusia, Kazajstán, Tayikistán y Kirguistán, y no pudieron; quisieron salir de la Unión Económica Euroasiática, integrada por Armenia, Rusia, Bielorrusia, Kirguistán y Kazajstán, y no pudieron.

Sería extenso enumerar las acciones al respecto llevadas a cabo a lo largo de estos años por el gobierno de la Alianza Mi Paso, o recordar las declaraciones realizadas por el primer ministro Pashinian y por otros funcionarios, exhibiendo sin descaro su anti-rusismo y su actitud servil hacia los designios del poder occidental. Pero lamentablemente, incluso la guerra de Karabaj se convirtió en prueba de todo esto. Veamos:


1.Producida la agresión azerbaiyano-turca, desde el gobierno de Armenia se exigía a los aliados, principalmente a Rusia, que participaran activamente en la defensa de Artsaj, porque supuestamente (de manera indirecta) la agredida era Armenia. Mientras, la propia Armenia no se inmiscuía oficialmente en la contienda, no asumía públicamente la defensa de Artsaj ni movilizaba a su ejército en ayuda del pueblo que luchaba por su autodeterminación.


2.Mientras Rusia asumía de lleno su rol de mediador para lograr el fin de la agresión azerbaiyano-turca y el cese de fuego inmediato, quedando cada uno donde estaba (no se hubiera perdido nada de la histórica Región Autónoma de Nagorno Karabaj), Armenia mendigaba mediadores en Occidente. Y no sólo hizo fracasar los tres acuerdos alcanzados previamente, sino que propuso el establecimiento en la zona de conflicto de una fuerza de paz de la OTAN.


3.Fueron 44 días de intensa propaganda anti-rusa emanada desde el gobierno de Armenia, que apenas le dedicó "algunos minutos de enojo" a quienes sí colaboraron con Azerbaiyán y Turquía, como el caso de Israel, Ucrania, Occidente y la OTAN. Ellos sí son cómplices de los miles de muertos y heridos, de la pérdida territorial y de que aún hayan prisioneros de guerra armenios en Bakú.


Finalizó la guerra y a pesar de la profunda crisis política y social por la que atraviesa el país, Occidente logró sostener en el poder a quien había dado un paso importante en cuanto al cumplimiento de los objetivos comunes. (Para más detalles, leer el artículo donde se reproduce una editorial firmada por el entonces periodista Nikol Pashinian, donde deja en claro para qué quería el poder)


Y hoy, nuevamente, la historia se repite.


En medio de la renuncia gubernamental para convocar a elecciones anticipadas y del inicio de la campaña electoral, algunos cientos de soldados azerbaiyanos violan la frontera con Armenia en tres direcciones, se adentran ilegalmente en territorio soberano de la República de Armenia, establecen allí sus campamentos y... comienza la novela, con guion escrito en occidente.


Pasaron dos semanas, las unidades militares azerbaiyanas siguen en territorio armenio. ¿Quién tiene la culpa de que aún estén allí? No se equivocaron. Para el gobierno de Armenia, para Pashinian y su banda de traidores a la patria, la culpa es de Rusia, porque todavía no los echó. Pero... ¿Armenia los echó y volvieron a entrar y por eso se pide la ayuda de Rusia y de la OTSC? En absoluto. Armenia no tomó medidas ni llevó a cabo acciones para sacar a los invasores de su territorio, pero exige que Rusia y sus otros aliados lo hagan por él. Y mientras tanto, desde el gabinete de gobierno, desde el Parlamento y los medios masivos se repite una y otra vez que "Rusia no actúa como aliado", "que nuestros socios militares no reaccionan como se debe", "que la OTSC tiene intereses con Azerbaiyán y por eso no actúa"... Y por casa, ¿cómo andamos?


¿No debería ser Armenia a través de sus Fuerzas Armadas la que expulse a los invasores azerbaiyanos del territorio soberano y si no lo logra o pasa a mayores debe recurrir al auxilio de sus aliados? ¿Aplicamos soberanía cuando nos conviene? ¿Somos libres e independientes según la ocasión?


Nada de eso. Pashinian está cumpliendo sus objetivos comunes con Occidente, que tienen a Turquía como su aliado natural y a Azerbaiyán como quien aprovecha la situación con creces. Basta con releer lo escrito por el propio Pashinian el 23 de mayo de 2001 para entender de qué se trata todo esto.


Si este gobierno y las fuerzas políticas que lo acompañan (incluso muchos de los anteriores) logran su objetivo, volverán a poner a Armenia bajo la égida de Turquía y Occidente, tal como lo hicieron entre 1917 y 1920, dejando un país de tan sólo 9 mil kilómetros cuadrados, con disputas territoriales y guerras permanentes; hambre, miseria y desocupación en cada rincón; y con una población desesperanzada y a merced de quien quisiera someterla.


Pero el 29 de noviembre de 1920, la aurora de la gran revolución socialista en Rusia llegó a Armenia y Transcaucasia. Y esos mismos pueblos que un rato antes peleaban por un pedazo de tierra, por sentirse superiores uno al otro, o por caer en los tentáculos del fanatismo nacional y religioso, decidían construir un futuro común sobre la base del respeto y el bienestar general.


La República Socialista Soviética de Armenia recuperó parte de los territorios que había perdido el gobierno de la Primera República en la guerra con Turquía o que Occidente había cedido "generosamente" a los países vecinos, y se transformó en una república de 30 mil kilómetros cuadrados. Lo demás es historia, mucha historia en siete décadas de construcción de una sociedad distinta, socialista. Y sería importante que cada uno intentara conocerla sin los prejuicios ni los preconceptos que dominaron -y dominan- a una gran parte de los armenios.


Otra vez Armenia entre Rusia y Occidente. Y no es una elección simple ni menor. No es vodka o champagne, lada o mercedes, pelmeni o hamburguesas. No. Es muchísimo más que eso. Es seguir siendo Armenia o transformarse en un simple corredor para el proyecto panturquista. Proyecto del que ya fuimos víctimas a fines del siglo 19 y principios del 20 (1909, 1915-1923) y que ahora podría repetirse con la complicidad de los mismos actores (Estados Unidos, potencias europeas, sionismo, fundamentalismo), que en aquel entonces acompañaron a los genocidas turcos.

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