Afirman que Biden reconocerá el genocidio armenio… ¿Y?

Nada cambiará, cuando a 106 años de este crimen de lesa humanidad el presidente norteamericano lo reconozca como genocidio. El cambio se producirá cuando logremos redefinir los objetivos y los caminos de nuestra lucha.

Por Adrián Lomlomdjian


La noticia difundida por “Infobae” -sitio web de noticias e informaciones con una inocultable línea editorial anticomunista y proimperialista-, dice en sus párrafos iniciales: “El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, reconocerá el genocidio armenio causado por el gobierno otomano durante la Primera Guerra Mundial, informaron medios estadounidenses este martes.


”Escuché de la Casa Blanca que el presidente Biden reconocerá el asesinato de armenios en 1915 bajo el gobierno otomano como un genocidio”, dijo el politólogo estadounidense Ian Bremer a GZERO Media.


Este paso convertiría a Biden en el primer presidente de Estados Unidos en reconocer el genocidio de los armenios bajo el dominio otomano”. Hasta aquí, textual, lo que dice la nota.


Ahora bien. Una reflexión en voz alta y compartida con los lectores: ¿cambia algo si el presidente de los Estados Unidos reconoce el genocidio armenio perpetrado por las autoridades del Imperio Otomano y continuado hasta el nacimiento de la República de Turquía? Ya lo reconocieron oficialmente, entre otros, Rusia, Francia e incluso Alemania, cómplice directo de las matanzas de armenios. ¿Pasó algo, más allá de la satisfacción moral de que distintos Estados y sus autoridades nos acompañen en el recuerdo y reclamo de justicia?


Vale aclarar que más allá de “los reconocimientos oficiales” de presidentes, gobernadores, cámaras nacionales de diputados y legislaturas locales, gran parte de la humanidad, muchísimos pueblos en los cinco continentes no tienen dudas de lo que pasó con los armenios en el Imperio Otomano, y desde hace décadas reconocen el genocidio armenio, lo mantienen vivo en sus memorias colectivas, lo transmiten de generación en generación, acompañaron a las víctimas sobrevivientes en sus reclamos de justicia, y hoy siguen acompañando a los descendientes directos de aquellas víctimas sobrevivientes.


Creo que las circunstancias vividas a lo largo de estas últimas tres décadas nos exigen, a quienes somos o nos sentimos parte de la armenidad, comenzar a transitar nuevos caminos y horizontes buscando dar respuestas a los desafíos que afrontamos a diario como nación. Algunos de esos desafíos son los mismos que debieron enfrentar nuestros antepasados hace más de un siglo atrás. Otros, están íntimamente ligados a la lucha permanente de las distintas sociedades por su liberación nacional y social, por la paz, la amistad y la solidaridad entre los pueblos.


La desintegración de la Unión Soviética, conjuntamente con el nacimiento de la Tercera República de Armenia y la restauración capitalista en el país, trajo una realidad impensada para quienes por aquellos días no dejaban de levantar sus copas y brindar, porque veían hecho realidad “el sueño de sus vidas”.


Claro que, con el paso de los años, pudieron constatar que no eran “caprichos ideológicos” ni “argumentos basados en la nostalgia” lo que otros sosteníamos. Y así fue como ese “hermoso sueño” se transformó en una “pesadilla real” para la gran mayoría del pueblo de Armenia y de las comunidades de la diáspora.


Estas últimas décadas de capitalismo explícito, además de sumir al pueblo de Armenia y a la República en una crisis profunda, casi existencial, permitieron también que muchos pudieran comparar el presente con aquel pasado “demonizado”, ampliando conocimientos sobre una realidad que le habían presentado de manera tergiversada, y logrando, en muchos casos, cambiar miradas y actitudes.


Transcurrido el tiempo, siendo contemporáneos de muchos acontecimientos históricos fundamentales para la humanidad, y viendo -y viviendo- la realidad a diario, si hay algunas cosas que TODOS ya debemos tener en claro, es que el enemigo de los armenios -y de otros pueblos de la región, y del planeta todo- no son los turcos, sino el PANTURQUISMO; no son los israelíes, sino el SIONISMO; no son los musulmanes, sino el FUNDAMENTALISMO ISLAMITA; no son los yanquis ni los europeos, sino el IMPERIALISMO.

Si lográramos comprender esta realidad y aunar criterios, quizá nuestra lucha colectiva comenzaría a aportar a la lucha de los pueblos -y de la humanidad-, rompiendo definitivamente con el “exclusivismo” que un sector de la armenidad intenta imponerle a cada uno de nuestros justos reclamos nacionales.


Tenemos un largo camino para andar. Sería bueno y muy productivo que comenzáramos a hacerlo con pasos seguros. Y para ello, al menos aquí, precisamos avanzar en la reflexión, en el intercambio de ideas y en el debate de las mismas, no sólo entre las distintas corrientes de pensamiento e instituciones de nuestra colectividad, sino también hacia el interior de cada una de ellas.


Sólo así podremos acercarnos -individual y colectivamente- a las respuestas que nos ayudarán a superar exitosamente los desafíos que debemos enfrentar a diario en los ámbitos donde desarrollamos nuestra actividad y nuestra lucha.

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Fue fundado en 1999 como continuidad de los periódicos Estrella Roja, Hai Guiank, Hai Mamul, Verelk, Ereván y Seván de la Unión Cultural Armenia. A lo largo de su historia de casi un siglo, la prensa institucional mantuvo la periodicidad, a pesar de las prohibiciones y clausuras sufridas por las dictaduras militares de turno. Hoy, en su formato digital mantiene los objetivos y principios de sus fundadores aportando su granito de arena a la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados, con paz, amistad y solidaridad entre los pueblos.

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