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El Senado de la Nación distinguió a la Iglesia Apostólica Armenia con un Diploma de Honor

hace 4 horas
8 min de lectura

Fue en un acto oficial realizado el jueves 1 de octubre, en reconocimiento a sus más de cien años de labor en el país. Publicamos las intervenciones completas de Monseñor Arén Shaheenian, Primado de la Iglesia Apostólica Armenia para Argentina y Chile, y de Carlos Varty Manoukian, vicepresidente del Centro Armenio de la República Argentina.



Redacción NOR SEVAN


Mientras el gobierno de Armenia, encabezado por el primer ministro Nikol Pashinyan, sigue con su arremetida destructiva contra la Iglesia Armenia y contra su líder Karekín II, Katolicós de todos los armenios, en nuestro país, el pasado jueves 1 de octubre tuvo lugar en el edificio "senador Alfredo Palacios" del Honorable Senado de la Nación, la ceremonia de entrega del Diploma de Honor con el que la Cámara de Senadores decidió distinguir y homenajear a la Iglesia Apostólica Armenia, en reconocimiento a su labor social, espiritual y comunitaria desarrollada durante más de un siglo en la República Argentina.


Estuvieron presentes en la sala acompañando a las autoridades de la Iglesia Apostólica Armenia y del Centro Armenio, la encargada de asuntos consulares de la República de Armenia, Ruzanna Azroyan, y representantes de las distintas instituciones de la comunidad armenia, entre ellos el presidente de la Unión Cultural Armenia, Adrián Lomlomdjian.


La actividad fue presidida por el presidente provisional del Senado de la Nación, Bartolomé Abdala, y contó con la presencia y participación de Gustavo Guillermé, presidente del Congreso Mundial de Diálogo Intercultural e Interreligioso “Una Senda hacia la Paz”, entidad que impulsó la iniciativa.

Gustavo Guillermé relacionó esta actividad con la inminente visita a nuestro país de la máxima autoridad de la Iglesia Católica. "Este encuentro adquiere un significado todavía más especial a pocos días de la visita de Su Santidad el Papa León XIV a la Argentina. El hecho de que desde el Senado de la Nación se abran las puertas al diálogo entre distintas comunidades religiosas habla de una Argentina que tiene futuro cuando sus dirigentes comprenden que la fe, la libertad religiosa y la dignidad de cada persona pueden ser pilares de una sociedad más fraterna", aseguró.



Dando comienzo a los homenajes, la locutora oficial invitó al escenario a Monseñor Arén Shaheenian, Obispo Primado de la Iglesia Apostólica Armenia para la Argentina y Chile, y a Carlos Varty Manoukian, vicepresidente del Centro Armenio de la República Argentina, quienes brindaron sendos discursos durante el acto, destacando el rol de la Iglesia Apostólica Armenia para la nación, su trayectoria en el país y su presencia al servicio de la comunidad. Previamente proyectó un breve video institucional sobre la Iglesia Apostólica Armenia y su historia en la Argentina.


Al hacer uso de la palabra, el Obispo Primado Arén Shaheenian señaló: "Buenas tardes a todos; es para mí un honor estar hoy en este recinto del Honorable Senado de la Nación Argentina, representando a mi comunidad Armenia, para recibir tan distinguido Diploma de Honor.


Autoridades nacionales, eclesiásticos; representantes de las instituciones armenias; queridos presentes.


Nos reúne hoy una convicción profunda: la Iglesia Apostólica Armenia no es solamente una institución del pasado, ni únicamente un espacio destinado a conservar tradiciones. Es una Iglesia viva, misionera y evangelizadora; una Iglesia que, desde sus orígenes, recibió la misión de anunciar a Jesucristo, transmitir la fe y servir al ser humano.


Nuestra Iglesia hunde sus raı́ces en la predicación apostólica. Según la tradición armenia, el Evangelio llegó a Armenia por medio de los santos apóstoles Tadeo y Bartolomé. Esta tradición expresa la conciencia de una Iglesia que no nació de una decisión polı́tica ni de una construcción cultural, sino del anuncio de Cristo y del testimonio de sus apóstoles. La Iglesia Armenia se reconoce apostólica precisamente porque su fe se vincula con aquella primera predicación cristiana.


La misión cristiana no consiste únicamente en hablar de Dios, sino en hacer presente su amor, su justicia, su consuelo y su verdad en la vida concreta de las personas.


Con San Gregorio el Iluminador, esta misión adquirió una dimensión decisiva. A comienzos del siglo IV, Armenia abrazó el cristianismo y se convirtió en el primer Estado que lo proclamó como religión oficial. Pero antes de ser una realidad nacional, el cristianismo fue una experiencia de conversión personal, de sacrificio y de testimonio. San Gregorio sufrió por su fe, y desde esa fidelidad comenzó una transformación espiritual que alcanzó a todo el pueblo.

La Iglesia Armenia nació, entonces, como una Iglesia de mártires, de confesores de la fe y de servidores del Evangelio. Por eso, su misión no puede reducirse a la conservación de una identidad. La identidad armenia se entiende plenamente cuando está iluminada por Cristo; y la fe cristiana se expresa cuando se convierte en servicio, responsabilidad y amor al prójimo.


Desde sus primeros siglos, la Iglesia comprendió que evangelizar también significaba educar. Allı́ donde se levantaba una iglesia, surgı́an también espacios de enseñanza, de formación y de transmisión de la cultura. El conocimiento de la lengua, la lectura de las Sagradas Escrituras, la formación del clero y la educación de los niños fueron instrumentos esenciales para mantener viva la fe.


La creación del alfabeto armenio por San Mesrob Mashdots permitió traducir las Escrituras y desarrollar una extraordinaria vida intelectual y espiritual. La escuela y la iglesia caminaron juntas. La iglesia formaba el corazón; la escuela formaba la inteligencia; la familia transmitı́a la vida. Ası́ se constituyó una comunidad capaz de conservar su fe y su cultura incluso en los momentos más difı́ciles de su historia.


Esta misión educativa continúa hoy en argentina. Educar no significa solamente transmitir conocimientos, sino formar personas capaces de distinguir el bien, respetar al otro, amar la verdad y comprometerse con la sociedad. Por eso, nuestras escuelas, institutos y espacios de formación tienen una responsabilidad que supera la preservación de una herencia: deben preparar hombres y mujeres con conciencia cristiana, sensibilidad social y vocación de servicio.


Cuando el pueblo armenio llegó a la Argentina, trajo consigo una historia de dolor, pero también una profunda esperanza. A comienzos del siglo XX, los armenios que se establecieron en nuestro paı́s comenzaron a organizar sus comunidades, sus parroquias, sus instituciones educativas, culturales y de ayuda mutua. La Iglesia fue uno de los primeros espacios de encuentro y de reconstrucción de la vida comunitaria.


En la Argentina, la iglesia no fue únicamente un templo para celebrar la Divina Liturgia. Fue también un hogar, una escuela, un lugar de memoria, una casa de solidaridad y un espacio donde las familias podı́an reencontrarse con su idioma, su cultura y su fe.

La comunidad armenia se edificó alrededor de sus iglesias. Allı́ se bautizó a los niños, se bendijeron los matrimonios, se despidió a los seres queridos y se acompañó a quienes atravesaban dificultades. Allı́ se enseñó la historia de Armenia, se transmitieron los cantos, las tradiciones y la memoria de los antepasados. La iglesia fue, y continúa siendo, un núcleo espiritual y social de la comunidad.


Hoy, la Diócesis de la Iglesia Apostólica Armenia en la Argentina continúa esta misión. Junto con sus parroquias, escuelas, instituciones culturales y organizaciones de servicio, busca anunciar a Cristo y acompañar a las nuevas generaciones. La iglesia armenia desarrolla una labor religiosa, ecumenico, educativa, caritativa y cultural al servicio de la comunidad.


Pero nuestra misión no se limita a los armenios. La Iglesia Apostólica Armenia forma parte de la sociedad argentina y tiene una responsabilidad ante todo el pueblo argentino. Somos herederos de una tradición particular, pero estamos llamados a ofrecer sus frutos al bien común.


Nuestro testimonio cristiano debe expresarse en el respeto, en la solidaridad, en la defensa de la dignidad humana, en la educación de los jóvenes y en la construcción de una sociedad más fraterna. La fe que recibimos no debe encerrarnos, sino impulsarnos a servir.


Ser una Iglesia misionera significa abrir las puertas; escuchar al que sufre; acompañar al que está solo; enseñar a los jóvenes; fortalecer a las familias; trabajar por la paz y anunciar que la vida tiene sentido en Cristo.

La Iglesia Apostólica Armenia ha atravesado siglos, imperios, persecuciones, exilios y tragedias. Sin embargo, permanece viva porque no dejó de creer, de orar, de educar y de servir. Su presencia en la Argentina es también un signo de gratitud: gratitud a esta tierra que recibió a nuestros padres y abuelos, y compromiso con la sociedad que compartimos.


Quiero agradecer especialmente al Honorable Senado de la Nación, al Senador Nacional y Presidente Provisional, Don Bartolomé Abdala y al Sr. Gustavo Guillermé, Presidente del congreso mundial de dialogo intercultural e interreligioso, por habernos convocado y entregado esta tan Alta distinción.


Seguimos trabajando siempre para que nuestras iglesias sigan siendo casas de oración, escuelas de fe, centros de cultura, espacios de solidaridad y verdaderos hogares para todos. Que Jesucristo, Señor de la Iglesia, nos conceda la gracia de anunciar el Evangelio con palabras, pero sobre todo con nuestras obras y ejemplo".



Por su parte, el vicepresidente del Centro Armenio, Carlos Varty Manoukian, destacó: "El Centro Armenio de la República Argentina –Institución Administrativa de la Iglesia Armenia- recibe este reconocimiento del Honorable Senado de la Nación Argentina, uno de los pilares de la argentinidad, como tributo a las generaciones fundacionales, que hace un siglo priorizaron refirmar la fe colectiva por sobre los intereses y el bienestar individual y grupal.


Cuando los armenios llegaron a estas tierras, muchos con las heridas abiertas del genocidio de 1915, no traían más que su memoria, sus oraciones y su deseo de volver a empezar. Y aportaron algo más: la certeza de que donde hubiera un armenio, tenía que haber una iglesia. Así, con esfuerzo y sacrificio, nuestros abuelos y bisabuelos levantaron una comunidad de fe.


Primero se reunieron en salones prestados y casas de familia, y después construyeron los templos que hoy son nuestro orgullo. La iglesia fue para ellos mucho más que un lugar de culto. Fue escuela, fue hogar, fue el sitio donde se conservaron el idioma, los cantos sagrados, las tradiciones y la identidad. Entre sus muros se bautizó a las nuevas generaciones, se hicieron fiestas y duelos.


La década de 1920 fue la de mayor afluencia de refugiados sobrevivientes del genocidio armenio, ejecutado a partir de 1915 en el Imperio Otomano y conocido como Primer Genocidio del siglo XX. La Gran Tragedia se cobró más de un millón y medio de víctimas, algo así como dos tercios del total de la población armenia de Turquía, conocida entonces como Imperio Otomano.


A la vista de los armenios desahuciados y las multitudes masacradas, la Argentina se ofrecía con los brazos abiertos para recibir a los restos desarticulados de la Nación. La distancia de la madre Patria a la tierra de adopción se acortaba cuando se tomaba conciencia de las bondades del destino y de los brazos abiertos de los anfitriones.

Los refugiados llevaron consigo a su iglesia, que comenzó a reunirlos en nuevas geografías, nuevos escenarios y nuevos templos, en torno a los principios y la santidad que siempre los acompañaron, desde los orígenes de la Iglesia Nacional predicada por San Tadeo, San Bartolomé y San Gregorio el Iluminador, hasta los sacerdotes pioneros encargados de bautizar, repartir fe y esperanza.


Para los armenios, el bautismo cristiano es además un sello de armenidad, por lo que la vida cristiana no solo preserva el espíritu sino también la identidad; esa identidad que erige templos y baptisterios, cúpulas y campanarios que llevan nuestras tradiciones arquitectónicas hasta los confines del universo, y que desde hace un siglo llenan de Armenia la geografía argentina: Catedral San Gregorio El Iluminador, Iglesia de Santa Cruz de Varak de Flores, Iglesia de San Jorge de Vicente López, Iglesia de San Jacobo de Valentín Alsina, Iglesia de San Pablo de Liniers, Iglesia de la Santísima Trinidad del Cementerio Armenio, Iglesia de San Jorge de Córdoba, JACHKARES (cruces en piedra), Monumentos de los Mártires Armenios, aulas y colegios.


La Iglesia Apostólica Armenia es omnipresente, acompaña a su pueblo y comparte sus vicisitudes, respeta y afianza sus tradiciones y sus costumbres. Fiel a los principios de la soberanía popular y democrática, la feligresía argentina dependió en los comienzos de la estructura de Estados Unidos, hasta que la consagración de la catedral en 1938 creó la diócesis y el Arzobispado.


De allí la significancia de este homenaje, que agradecemos por lo hecho hasta el presente y por lo mucho que queda por hacer desde y para esta Iglesia que es del pueblo al que pertenece y del que no se separará jamás. Comulga con sus raíces, sus principios y sus procedimientos, que son fruto de la creatividad de la Nación y de su aplicación a las enseñanzas del Evangelio de Jesucristo".



En el mismo acto, el Senado hizo entrega de sendos Diplomas de Honor al Papa Francisco -que fue recibido por Omar Ahmed Abboud, vicepresidente del Centro Islámico de la República Argentina y amigo personal de Jorge Bergoglio- y a Lafayette Ronald Hubbard, fundador de la Iglesia de la Cienciología.

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