La Justicia de Pashinian rechazó las impugnaciones de la oposición y declaró ganador al primer ministro
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Mientras el rechazo de la mayoría de la sociedad al actual gobierno resulta evidente, como también lo es el fraude cometido por el oficialismo en las últimas elecciones -antes, durante y después de los comicios-, el dictamen del Tribunal Constitucional Superior no hace más que tensar el ambiente político interno y transformar a la república en una olla a presión a la que ya se le escucha el silbido de la tapa...

Redacción NOR SEVAN
El Tribunal Constitucional de Armenia ha rechazado los recursos presentados por las fuerzas políticas de la oposición que impugnaban los resultados de las elecciones parlamentarias, manteniendo así la decisión de la Comisión Electoral Central sobre el resultado electoral.
El tribunal anunció su fallo durante una sesión celebrada el 4 de julio. La decisión fue leída por el presidente del Tribunal Constitucional, Arman Dilanyan.
Las apelaciones fueron presentadas por siete fuerzas políticas que participaron en las elecciones parlamentarias: las alianzas Armenia Fuerte y Armenia, así como los partidos Armenia Próspera, Alas de Unidad; Democracia, Ley y Disciplina; Nueva Fuerza y Por la República, que solicitaron al Tribunal Constitucional la anulación de los resultados electorales.
El tribunal comenzó a examinar el caso el 26 de junio. El gobernante Partido Acuerdo Cívico participó en el procedimiento como tercera parte, mientras que la Comisión Electoral Central, la Fiscalía General, el Comité Anticorrupción y el Ministerio del Interior fueron nombrados como demandados.
Tras las elecciones parlamentarias generales del 7 de junio, la CEC dio a conocer los datos provisorios y allí eran cuatro las fuerzas políticas que ingresaban al parlamento: el oficialismo, a quien le otorgaban el 49% de los votos y 59 diputados, y tres fuerzas opositoras: Frente Armenia Fuerte 28, Alianza Armenia 12 y Partido Armenia Próspera 5 diputados. Con esta composición, y a pesar del fraude consumado, el actual gobierno de Pashinian perdía la mayoría absoluta y ya no podría -entre otras cosas- cumplir con las demandas de Bakú, Ankara y sus "socios" Occidentales.
Luego de un corte sorpresivo durante el escrutinio y de una madrugada silenciosa, durante la mañana del 8 de junio la Comisión Electoral Central informó que el Partido Armenia Próspera (PAP) no había logrado superar el 4%, sino que había sacado el 3,98% (sí, aunque no lo crean...) y por lo tanto no obtenía las cinco bancas parlamentarias. Previamente, la CEC impugnó las elecciones en tres colegios electorales, restándole al PAP más de 300 votos... Gracias a esta "maniobra" de la Comisión Electoral -también adicta al gobierno a los dictados de Occidente, el régimen de Pashinian logró pasar de 59 a 64 diputados.
Es evidente que en Armenia quedó constituido un gobierno de facto, "legitimado" por la Corte Suprema, la Comisión Electoral, Occidente Colectivo y otros nuevos "socios" y "aliados" del régimen de Pashinian -como lo son el panturquismo y el sionismo-, que si bien lo hace luego de "elecciones democráticas" (como gustan decir los europeos y sus lacayo autóctonos, aunque es evidente que no lo fueron), en absoluto expresa la voluntad de la ciudadanía.
El actual régimen del primer ministro Nikol Pashinian "retiene" el poder por otros cinco años como consecuencia del fraude electoral y de un sistema policíaco de control y represión de la sociedad instaurado en el país, que incluyó -e incluye- la apertura de causas judiciales inventadas, la persecución, represión y encarcelamiento de sus opositores políticos y sociales.
"La república está atravesando una crisis existencial sin precedentes. Nunca antes el poder, que celebra la victoria en las elecciones, había causado tanto dolor y pérdidas al pueblo durante ocho años de gobierno, al mismo tiempo que promueve iniciativas que cambian la esencia misma de la estatalidad armenia, como la creación de la 'Cuarta República', la reforma constitucional, la concesión de un 'corredor', la transferencia de territorios soberanos a Azerbaiyán, la transformación y el control de la Iglesia Apostólica Armenia, así como la revisión de los fundamentos de la identidad nacional", opinó el ex Canciller Vartán Oskanian, quien sentenció: "Creo que el volumen, la profundidad y la organización de este fraude electoral no tienen precedentes en la historia de Armenia".
El abogado internacional Robert Amsterdam, experto en derechos humanos y derecho constitucional, no dudó en destacar que "al validar violaciones sistémicas para legitimar elecciones sumamente controvertidas, el Tribunal ha socavado su mandato constitucional fundamental". Para Amsterdam, "en lugar de actuar como garante independiente del Estado de derecho, el máximo órgano judicial ha desmantelado por completo su integridad institucional y la confianza pública". Por eso, "cuando los procesos judiciales se convierten en una herramienta para institucionalizar irregularidades electorales, todo el sistema jurídico del Estado está en riesgo". "La conveniencia política ha prevalecido oficialmente sobre el derecho constitucional", enfatizó el letrado.













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