Mientras muchos trabajan en sanar las heridas de la guerra, algunos azuzan fantasmas

Varios miles de habitantes de Artsaj volvieron a sus hogares, mientras las fuerzas de paz rusas siguen fortaleciendo su presencia en la región. Mientras tanto, Occidente trata de mantener viva la discordia, azuzando el nacionalismo en ambos pueblos.


Por Adrián Lomlomdjian


Durante los 44 días de duración de la guerra, provocada a partir del ataque azerbaiyano-turco sobre Artsaj, las potencias occidentales, países europeos y organizaciones internacionales se dedicaron a hacer recomendaciones para cesar las hostilidades, los ataques a las poblaciones civiles, el uso de armamento prohibido y la incorporación de mercenarios y terroristas a sus filas. Siempre lo hicieron a ambas partes del conflicto, sin tener en cuenta jamás que había un agresor -Azerbaiyán- y un agredido -el pueblo de Artsaj-, y que todo lo anteriormente descripto recaía sobre la parte azerbaiyana.


A las dos semanas de comenzada la escalada militar, el 10 de octubre, el canciller ruso Lavrov lograba sentar en Moscú a los ministros de relaciones Exteriores de Armenia y Azerbaiyán, quienes luego de diez horas de conversaciones, llegaron a un acuerdo para el cese de fuego inmediato por razones humanitarias. Pero no se cumplió. Y nadie a escala internacional por fuera de las partes en conflicto, a excepción de Rusia, hizo algo para detener el enfrentamiento militar haciendo cumplir el acuerdo firmado en Moscú.


Así pasaron los días, las semanas, y la avanzada azerbaiyana-turco-mercenaria (con el apoyo militar y tecnológico de Israel y la OTAN) iba ocupando territorios, bombardeando, destruyendo y matando todo a su paso, invadiendo Artsaj y a punto de cumplir el sueño de apoderarse de lo que jamás le perteneció.


El doloroso y polémico acuerdo firmado entre Pashinian, Aliyev y Putin durante la noche-madrugada de 9/10 de noviembre, logró de manera casi instantánea el cese de fuego, estableció la paz, cesaron los ataques y le puso punto de partida a una nueva etapa. Es cierto que las condiciones no son las mismas y que Artsaj perdió parte de su territorio histórico. Pero no lo perdió en la mesa de negociaciones, sino en el campo de batalla, allí donde por distintas razones -que ya hemos analizado en parte y seguiremos haciéndolo- no fue posible para el pueblo de Artsaj defender exitosamente las fronteras frente a un adversario ampliamente superior en número, armamento y tecnología.


Ese polémico y doloroso acuerdo permitió salvar más del 70% del histórico territorio de Artsaj, garantizar su conexión con Armenia y el regreso de los refugiados con la presencia de fuerzas de paz rusas, aliada indiscutible del pueblo armenio.

Los países occidentales y organismos internacionales, que sólo hicieron declaraciones y recomendaciones mientras el pueblo de Artsaj resistía heroicamente y era avasallado en su soberanía y sus derechos, ahora comienzan a cuestionar el acuerdo alcanzado, tratando de convencer a armenios y azerbaiyanos "que fueron engañados por Rusia" y otras barbaridades del mismo tenor.


Los adalides de la lucha contra el terrorismo (Estados Unidos, Unión Europea e Israel) nada hicieron -algunos incluso colaboraron- para detener el envío de terroristas a la región por parte de Turquía para combatir contra los armenios. Recordemos que fue Rusia la que en varias ocasiones bombardeó los campamentos de mercenarios y terroristas existentes en los territorios sirios ocupados militarmente por Turquía.


Pero hoy, jueves 19 de noviembre, "la Unión Europea insta a todos los actores regionales a abstenerse de cualquier acción o retórica que pueda poner en peligro la observancia del alto el fuego", en Nagorno-Karabaj, dice el comunicado de la Unión Europea, que también pide la retirada completa y rápida de todos los combatientes extranjeros (mercenarios) de la región. Parece ciencia ficción, pero no, pura realidad.


Eso sí, "la Comisión Europea anunció la asignación de tres millones de euros adicionales de ayuda humanitaria para brindar apoyo crítico a la población civil más afectada por el conflicto de Nagorno-Karabaj", dice el documento. Anteriormente, Europa había proporcionado ayuda humanitaria a Karabaj por 900 mil euros. La ayuda se destinará a la compra de alimentos, artículos de invierno, asistencia médica, equipos médicos y otros bienes de importancia fundamental, que se distribuirán a través de organizaciones asociadas de la UE, es decir, organizaciones no gubernamentales armenias que son financiadas por los países europeos.


Llegado el martes a Tiflis, capital de Georgia, cerca de la zona donde tuvo lugar por 44 días el conflicto militar, el actual jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, celebró el alto el fuego alcanzado en Nagorno Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, pero instó a retomar las discusiones lo antes posible para lograr una solución duradera.


Y, "chamuyando" como siempre, dijo: "Exhortamos a todas las partes a retomar las discusiones lo antes posible con Rusia, Francia y Estados Unidos, mediadores en el grupo de Minsk, para buscar una solución política duradera y viable sin recurrir a la fuerza y respetando la integridad territorial y el derecho de autodeterminación".


Los mismos que miraron para otro lado durante 44 días, ahora están preocupados porque no lograron hacer realidad su plan de sacar a Rusia definitivamente del Cáucaso.

Fue muy precisa la advertencia realizada ayer, miércoles, por el jefe del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, Serguei Narishkin, quien señaló que Occidente intenta anular el acuerdo alcanzado entre Rusia, Armenia y Azerbaiyán para poner fin al conflicto en torno a Nagorni Karabaj.


"Las potencias occidentales alientan a los nacionalistas armenios y azeríes para torpedear el arreglo alcanzado el pasado día 9 por el presidente ruso, Vladimir Putin, su similar azerí, Ilham Aliyev, y el primer ministro armenio, Nikol Pashinian", señaló el funcionario ruso, y agregó: "A los armenios se les pretende hacer ver que la avenencia fue una derrota para Nagorno Karabaj y Ereván, mientras que a los azerbaiyanos se les plantea la tesis de la necesidad de haber ido hasta la victoria final".


Sin menospreciar la capacidad de Occidente para dañar países y sociedades, estos intentos por ahora no tendrán mucho éxito, ya que una reciente encuesta realizada en Armenia determinó que el 84.6% de los ciudadanos considera a Rusia su aliado, mientras que otro 39.9% valora a Francia como país amigo, y tan sólo el 5.8% y el 1.2% cree amigos a Estados Unidos y a Alemania.


Casi en paralelo a estas declaraciones de Narishkin, ayer mismo en Moscú, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, se reunía con los copresidentes del Grupo Minsk de la OSCE para la solución del conflicto de Nagorno-Karabaj, Igor Popov (Rusia), Stefan Visconti (Francia) y Andrew Shofer (Estados Unidos), así como con el representante personal del presidente en ejercicio de la OSCE, Andrzej Kasprzyk.



Y mientras la diplomacia internacional sigue las reuniones, encuentros, charlas y debates, en Ereván, el primer ministro Pashinian presentó al nuevo Canciller de Armenia, ex embajador en Argentina y México, Ara Aivazian, quien reemplazará al renunciante Zohrab Mnatsakanian.


En opinión del nuevo ministro, la guerra de Artsaj ahora se está trasladando gradualmente al plano diplomático, y todos comprenden la enorme responsabilidad que tienen ante el país, la gente y la historia.


"El ejército diplomático, el aparato central del Ministerio de Relaciones Exteriores y nuestras misiones diplomáticas seguirán maximizando su potencial, 30 años de experiencia profesional, dedicación y determinación en este fatídico momento, con el fin de superar los desafíos existentes y encontrar soluciones efectivas. Se dice que la diplomacia es el arte de lo posible, y ayer, hoy y mañana hemos hecho y estaremos haciendo y brindando nuestro mayor esfuerzo", dijo Ayvazian en su discurso de presentación, subrayando las dificultades que deberá afrontar el cuerpo diplomático armenio en este momento crucial para el futuro de Armenia y Artsaj.

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