Mikael Aprahamian debuta en los Juegos Olímpicos: "Lo busqué con todo mi corazón"

El uruguayo cumple su sueño. A los 6 años, comenzó a practicar judo y, hoy a la medianoche, compite por primera vez en una olimpiada. Tokio 2020: el summum.

Mikael Aprahamian, de blanco, arriba del tatami.

Por Emiliano Lomlomdjian


Se cumplió el sueño. Tras cuatro años de entrenamientos muy exigentes, el judoca uruguayo Mikael Aprahamian logró clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Esta noche a las 23 horas, debuta por los dieciseisavos de final de la categoría de hasta 81 kilogramos contra el ganador del duelo entre Robin Pacek (Suecia) y Housni Thaoubani (Comoras).


A los 6 años, Mikael empezó a practicar judo y hoy es uno de los once deportistas celestes que compiten en las olimpiadas: "Lo busqué con todo mi corazón". Estuvo cerca de clasificar a los juegos de Río 2016, pero no pudo. Igualmente acompañó a su hermano Pablo, que compitió también en este deporte.


Además, el judoca tiene otra pasión: la danza armenia. Hijo de descendientes de armenios, desde joven baila en el Conjunto Gayané del Centro Nacional Armenio del Uruguay: "Extraño mucho bailar. En el club, me bancaron un montón porque viajaba mucho y llegaba justo al festival del Conjunto". "Hasta hace poco estuve en Uruguay, con la pandemia. Tenía ganas de juntarme a bailar, pero no se podía por toda la situación del coronavirus", recuerda Aprahamian.



- ¿Cómo recibiste la noticia de que ibas a los Juegos Olímpicos? ¿Dónde estabas y qué estabas haciendo?

- Competí en el Mundial de Judo en Budapest del 6 al 12 de junio pasado y el raking iba a salir un domingo, pero se demoró 10 días más. Por eso, decidí no verlo. Iba a estar muy nervioso. Hasta que un día estaba con la computadora y me llegó un mensaje donde me decía que estaba en la cuota del ranking. Le respondí que esperé porque pensaba que iba a haber unos cambios que al final no se hicieron. Más gente me empezó a escribir que estaba clasificado, pero no caía. Estaba nervioso. Me preguntaba si era o no era. A la media hora me manda un mensaje una mujer que trabaja en la Federación Internacional de Judo y me dice: “Bienvenido a Tokio”. Le respondí: “¿En serio, Elizabetha? ¿Es seguro?”. Y ella confirmó: “Si ya está, mirá el ranking”. Me puse a llorar. Hasta que no llegó la invitación de la Federación al Comité Olímpico Uruguayo, no podía creerlo. A las dos horas llegó y me puse muy contento.


- Entrenaste mucho para los Juegos de Río de Janeiro 2016 y estuviste muy cerca de clasificar. ¿Cómo viviste este proceso de volver a competir para llegar a Tokio?

- Quedé afuera de Río por muy poco. Quedé un poco desmotivado para seguir compitiendo, pero por dentro quería continuar y se dio todo para poder estar clasificado. Me vine a España a estudiar, pero el principal motivo era poder entrenar fuerte y estar cerca de las competiciones. Y en todo este proceso, la cuestión del COVID-19 cambió mucho las cosas. Los juegos iban a ser el año pasado y se pasó a este. Tenía mucha incertidumbre. Además, las competiciones fueron más complicadas y tuvieron muchos más gastos por las burbujas sanitarias. Pero, por suerte, se pudo lograr el objetivo.



- Trabajaste mucho por clasificar a estos Juegos ¿Qué significa para vos cumplir este objetivo?

- Llegar los Juegos Olímpicos es como el summum. Es la meta de cualquier deportista. Y después, sacar la medalla. Pude lograr este sueño y me llena de orgullo. Espero poder lograr el otro.


Mirá el debut de Mikael Aprahamian en Tokio 2020

- En este sentido, ¿qué significa representar a Uruguay?

- Aunque lo vengo haciendo en mundiales, en panamericanos, en grand slams, en el Odesur o en competiciones de alto nivel, representar a tu país en los Juegos es genial. Estar en un Juego Olímpico es otra cosa. Siempre llaman la atención. Imaginate que en Uruguay van máximo trece o doce personas. Sirve mucho para posicionarse y ser un referente en el deporte. Y está muy bueno eso, porque se puede usar para transmitir un mensaje a las nuevas generaciones: que sí se puede y que hay que seguir entrenando. No solamente hablando del alto rendimiento, que es un poco nocivo, sino para la vida en general. Que todo se puede superar y que siempre se puede seguir creciendo. Aunque uno pierda, hay que volver a levantarse y seguir luchando.



- Por último, una reflexión de todo este proceso.

- Que hay que luchar por los sueños, que están para lograrse. Que se sacrifiquen y que no quede nada atrás de lo que se quiera hacer. Personalmente, aunque hubiese o no clasificado a los Juegos Olímpicos iba estar feliz. ¿Por qué? Porque en este último período di todo, tenía las armas para competir y tenía el apoyo de mi gente. Cuando subía al tatami, gane o pierda, estaba feliz porque hice todo para lograr el objetivo. En definitiva, no irse a la tumba haciendo todo el circuito olímpico sin dejar todo por el sueño.

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