Otra sombra guerrerista turca sobrevuela Rojava

El presidente turco amenazó con invadir otra región kurda del norte de Siria. A la crisis interna en Turquía, Erdogan responde con más militarismo.

Por Leandro Albani para La tinta


La fórmula del presidente turco Recep Tayyip Erdogan es por demás de conocida: a los problemas internos en su país, su primera (y, tal vez, única) reacción es culpar a los otros. Y esos otros, desde que Erdogan reina con mano de hierro, son las minorías étnicas y religiosas, principalmente el pueblo kurdo.


La profunda crisis financiera en Turquía, el temor a las elecciones presidenciales en 2023, el malestar creciente de la población –que sufre la pandemia, la inflación y el cercenamiento de sus derechos más básicos- y la ya imposible de esconder corrupción estatal son las principales razones para que el mandatario haya declarado el miércoles pasado que su gobierno planea una nueva invasión militar al norte de Siria, la región de mayoría kurda conocida como Rojava.


Un día después de las declaraciones de Erdogan, su canciller Mevlüt Çavuşoğlu reforzó los dichos de su jefe. El gobierno turco, dijo el ministro, “hará lo que sea necesario para eliminar a los terroristas” del norte sirio, en referencia a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ), la fuerza de autodefensa que fue fundamental para derrotar al Estado Islámico (ISIS).


En un ataque en la región de Azaz, ocupada ilegalmente por grupos terroristas que dependen del Estado turco, dos policías murieron. Hasta ahora, no se conoce quién es el responsable por las muertes. Desde el gobierno turco denunciaron que el ataque estuvo comandado por las Fuerzas de Liberación de Afrin (FAL), la guerrilla que combate a los terroristas en esa zona de Rojava, también ocupada ilegalmente por Turquía desde 2018.


Salih Muslim, dirigente del Partido de la Unión Democrática (PYD, principal organización política kurda de Rojava), afirmó en una entrevista con la agencia ANF que los dos policías “fueron asesinados en territorio sirio y no se sabe quién está detrás de la matanza”. “Hay muchas fuerzas aquí, incluyendo las FDS (Fuerzas Democráticas de Siria), las Fuerzas de Liberación de Afrin, Rusia, Irán y las tropas sirias –puntualizó Muslim-. Alguien disparó una granada y dos soldados turcos murieron. Eso es legítimo, porque, ¿qué hacen estas tropas en territorio extranjero? Deberían retirarse, sería mejor para todas las partes”.

El gobierno Ankara además argumentó que las YPG/YPG, que integran las FDS, realizan ataques contra territorio turco. No es la primera vez que Erdogan utiliza esta excusa para preparar el terreno para una invasión militar. En este caso, las FDS respondieron en un comunicado que “ya hemos señalado que nuestras fuerzas no están presentes en las zonas desde las que los ocupantes afirman haber sido atacados. Se trata de una mentira destinada a justificar los ataques turcos”.


Desde las fuerzas de autodefensa de la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES) recordaron que “todos los días, las fuerzas de ocupación turcas bombardean con armas pesadas el perímetro de las zonas ocupadas en el norte de Siria, apuntando a los residentes y a sus propiedades. Como resultado, muchos civiles han muerto y otros han resultado heridos”.

“Para justificar sus ataques –se advirtió en el comunicado-, el Estado turco fabrica noticias falsas y difunde falsas acusaciones. Dice que nuestras fuerzas están llevando a cabo ataques contra el ejército turco”.


Las FDS también remarcaron que el Estado turco violó más de 194 veces, solo en septiembre de este año, el acuerdo de desescalada mediado por Rusia y Estados Unidos, ambas potencias con presencia militar en la región. A su vez, se denunció que “los aviones de reconocimiento turcos han violado el espacio aéreo de la región más de 21 veces. Durante esas violaciones, Turquía bombardeó la zona con más de 1.067 morteros y artillería, matando a cinco civiles e hiriendo a otros seis. Además, bombardeó cinco bases gubernamentales sirias, matando a un soldado”.


La nueva amenaza turca tiene como objetivo las ciudades de Tell Rifaat y Manbij, cercanas a Afrin, Azaz y Al Bab, esta última región también ocupada ilegalmente por los grupos vinculados a Ankara.

Medios y analistas de la región alertaron que si Rusia y Estados Unidos no fungen como mediadores serios ante la posibilidad de otro avance militar turco, el gobierno de Erdogan no dudará demasiado en llevar adelante la anexión de otra porción del norte de Siria. Otro peligro que se desprende de una negociación -más o menos pública- entre Turquía, Rusia y Estados Unidos es la posibilidad de que Ankara entregue la provincia siria de Idlib (que mantiene controlada con sus grupos mercenarios), la cual pasaría bajo el control del gobierno de Damasco. Si esto sucede, está más que claro que los miles de terroristas, junto a sus familias, que se encuentran en Idlib serían trasladados a las zonas ocupadas en Rojava.


Nuri Mahmoud, portavoz de las YPG, advirtió recientemente sobre esta nueva invasión y acusó a Turquía de propagar falsa información sobre el ataque en Azaz. En declaraciones a la agencia RojNews, Mahmoud explicó que Ankara “no se detiene en los despliegues de tropas en Azerbaiyán, Libia e Irak”, al mismo tiempo que “Erdogan está tratando de expandir las fronteras de Turquía y establecer un sultanato”.


En tanto, Mahmoud criticó la actitud del gobierno sirio ante las amenazas del presidente turco y aseveró que Damasco actúa de manera irresponsable, ya que solo responde a los intereses de Irán y Rusia.


“Hemos ejercido nuestro derecho en la Revolución de Rojava durante casi 10 años para protegernos contra cualquier ataque dentro del marco de la legítima defensa. No hemos atacado a nadie. Nunca hemos aceptado a los ocupantes y grupos afiliados a Turquía como el ISIS, Al Qaeda y sus vástagos”, remarcó el portavoz de las YPG.


En el Gran Juego de Medio Oriente, Siria continúa siendo el principal tablero de ajedrez geopolítico. Para Rusia, Irán y el gobierno de Bashar Al Assad, lo más importante es recuperar el territorio que los pueblos de Rojava liberaron, con un costo de 11.000 mártires en los combates contra ISIS. Estados Unidos, el otro protagonista estelar de este juego perverso, busca en todo momento que Turquía quede bajo su ala ante los frecuentes coqueteos de Erdogan con su par ruso Vladimir Putin.


Si el gobierno turco ordena la invasión de Tell Rifaat y Manbij, la resistencia de las fuerzas de autodefensa no será fácil de vencer. Pero si esto sucede, la historia se repetirá de forma más cruel. En Afrin, Azaz, Al Bab y Serêkaniyê –las regiones ocupadas por el Estado turco-, la política desplegada fue la misma: asesinatos, desplazamiento masivo y forzado de la población, violaciones sexuales contra las mujeres, secuestros extorsivos, saqueos y apropiaciones de casas e infraestructuras, y la turquificación acelerada de la sociedad (principalmente, en el sistema educativo).


Esta es la propuesta de Turquía para “liberar” el norte de Siria. Las mujeres y hombres kurdos, asirios, turcomanos, armenios y árabes, que construyen día a día la administración autónoma, impulsan un paradigma donde las mujeres son el eje principal del desarrollo social, la ecología y las comunas los pilares de la nueva sociedad, y la convivencia entre minorías étnicas y religiosas ya es una realidad. Hasta ahora, las grandes potencias que mueven las fichas en Siria siempre optaron, más allá de declaraciones y fricciones, por recostarse en los brazos de Erdogan.


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Fuente: La tinta


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