Porrajmos, el genocidio gitano

Durante el nazifascismo en Europa, el pueblo rom sufrió la persecución y el exterminio sistemático más cruel, donde se estima que murieron medio millón personas.


Por Julia Contreras


Acercarnos al conocimiento algunos aspectos de la realidad del pueblo Rom[1] a través de su historia, su sabiduría, sus memorias y por sobre todo, el aporte transmitido a las diversas sociedades del mundo por donde han caminado, nos permite dar cuenta de su intensa riqueza cultural.


Para poder atesorar ese patrimonio resulta necesario precedentemente derribar gigantescos y antiguos estereotipos hacia este colectivo y que consecuentemente han generado un largo sufrimiento en su comunidad, y a su vez nos ha imposibilitado a gran parte de la humanidad poder dimensionar su riqueza identitaria.


El reto que la sociedades deben enfrentar respecto a esta temática consiste en combatir las fuentes de esta pavorosa estigmatización que ha sufrido este pueblo para poder valorizar la diversidad y luchar contra la discriminación; principal generadora de relaciones de violencia y de vulneración de derechos que colocan al pueblo rom como víctima.


Una reseña histórica del pueblo rom


Para comenzar y situarnos geográficamente diremos que el pueblo rom carece de un territorio definido[2] en términos de Estado tradicional y de una representación nacional o internacional.


Sin embargo, la idea de una historia compartida y un origen común; una organización social basada en grupos emparentados; una fuerte cohesión interna; una larga tradición de nomadismo; una lengua en común; la permanente valoración de los grupos de edad y género como principios organizadores del estatus social y la articulación de un sistema interno de herencia basado en la existencia de un linaje patriarcal son los elementos que han constituido y mantenido su identidad colectiva.


La complejidad para narrar la historia del pueblo rom deviene en que éste es un pueblo ágrafo: no ha narrado su historia a través de fuentes documentales escritas, ni testificarla de este modo, no ha dejado explicada su génesis de un modo historiográfico tradicional. De todas formas, su cultura, identidad, costumbres y tradiciones fueron transmitidas desde hace siglos de generación en generación a través de la oralidad. Por este motivo, la construcción de la historia del pueblo rom se ha realizado a través de testimonios de terceros, testimonios orales propios y de pocos documentos encontrados por historiadores o narradores que han accedido a esas fuentes. Esta particularidad denota una complicación intrínseca para conocer el pasado de los rom.


Por las razones anteriormente especificadas se reconoce las dificultades de construcción de la historia del pueblo rom. La idea más desarrollada sobre los orígenes de dicho pueblo es que éstos provienen de la zona del Punjab, región de la India, y se cree que hubo dos grandes oleadas migratorias de esta población. La primera desarrollada a partir del Siglo X hacia el Oeste, cuando el Islam llega a la India, asentándose en Persia para posteriormente desplazarse a Asia Menor. Este éxodo comprende su pasaje por Europa Central atravesando Irán, Persia, Armenia y Afganistán, para llegar a Egipto, norte de África. Un segundo éxodo desde India se produjo en el Siglo XIII a raíz de la invasión mongola en la península produciéndose un desplazamiento hacia el occidente.


Los rom se dispersan rápidamente por toda Europa entre el Siglo XIV y XV, estando presentes particularmente en Europa del Este, pero luego en todo el continente.

A partir de este período comienzan a producirse persecuciones sistemáticas contra los romaníes a través de órdenes de expulsión y represión, prohibiéndoles desarrollar sus actividades económicas, tales como la venta de artesanías en la calle. La exclusión se daba por la población europea que no lograba comprender su cultura ni su forma de vida. Eran acusados y discriminados permanentemente por el nomadismo, por el aspecto físico y las indumentarias que utilizaban; eran considerados vagabundos y bandidos. Asimismo se los inculpaba de brujería, magia, robo de niños, antropofagia que motivaron la reprobación social y su persecución encarnizada durante siglos.


La construcción negativa que realizaron los pueblos europeos sobre la otredad rom resulta de una demonización y degradación de la identidad romaní que supone una carga condenatoria insoslayable hacia los segundos.


La estigmatización y persecución sistemática produjo un proceso que conllevó a la esclavitud y al acoso permanente mediante penas impuestas. Se tiene registro de castigos tales como mutilaciones, azotes, persecuciones, destierro y obligación de abandonar costumbres, lengua, atuendo.


A pesar del hostigamiento al que estuvieron sometidos en Europa, en la actualidad continúa siendo la minoría más grande de dicho continente.


La historia del pueblo rom en América data en el Siglo XVI como consecuencia de sucederse una de las épocas de grandes y sistemáticas persecuciones contra los romaníes en Europa. Durante esos años Portugal, comienza a ejecutar deportaciones de romaníes hacia sus colonias. Por este motivo el pueblo rom comienza a asentarse en Brasil. Los romaníes empezaron a habitar colonias españolas debido a que los casos de expulsión también se desarrollaron en este país.[3] Según Jorge Nedich, los primeros contingentes de pueblo rom que arribaron al puerto de Buenos Aires lo hicieron en 1536, como tripulantes del barco que traía a la expedición comandada por el primer Adelantado del Río de la Plata, con Pedro de Mendoza.[4]


Posteriormente, a partir del Siglo XIX se produjeron diversas migraciones voluntarias de grupos rom de Europa que se dispersaron por todo el continente americano, y particularmente en Argentina el colectivo rom se hacía presente en forma indudable.

Otro contingente de deportados llegó a América a través de México procedente de Budapest y se puede encontrar también presencia romaní en la guerra que España mantuvo en Cuba y Puerto Rico a fines del Siglo XIX donde los gitanos andaluces, jóvenes y muy pobres, fueron reclutados como tropas de infantería. En este siglo también se los ve poblar Estados Unidos, Canadá y Alaska provenientes de Europa.

El mayor flujo migratorio romaní en América se produce a partir de 1914 hasta 1945, época que comprende las dos guerras mundiales en las que se produce el genocidio romaní o “porrajmos”. Numerosos barcos trajeron gitanos Calderash (de Rusia, Suecia, Francia, Servia y Moldavia) los Rom Xoraxané (principalmente de Serbia) los Machwaya (de Serbia), los Loravia (de Hungría, Rusia, y Alemania), los Ludar o Rudar (de Rumania y Servia) los Sinti, y los Kalé españoles, especialmente a Argentina, Brasil y Colombia, fundando tanto comunidades fijas como nómades.


En la Argentina, si bien no hay datos estadísticos provenientes de fuentes oficiales, se considera que los rom son aproximadamente 300 mil y que provienen de Europa, en su mayoría motivados por la búsqueda de refugio producto de la Primera Guerra Mundial.

"Porrajmos", el genocidio gitano


El término “porrajmos” significa en la lengua romaní “destrucción” o “el gran devorador”, y refiere a la política de represión, persecución y exterminio del régimen nazi sobre el pueblo rom en toda Europa.


Usualmente se conocen más las atrocidades del nazismo sufridas por el pueblo judío, ya que han sido más estudiadas por la historiografía y el periodismo, entre otras disciplinas. En realidad, el pueblo romaní, conjuntamente con otros colectivos vulnerados como fueron las personas de diversidad sexual, las personas con discapacidad física y mental, fueron también víctimas sobre los cuales recayó la persecución, las deportaciones y las condenas de muerte en los campos de exterminio nazi.


Puntualmente, desde la instauración del nazismo, se comienza a gestar una política de exclusión hacia el pueblo rom. Los romaníes fueron considerados una minoría “con sangre extraña” y les comenzaron suprimiendo los derechos civiles[5] para luego despojarlos de todo tipo de derechos, inclusive la vida.


En 1936 el nazismo abre una oficina de higiene racial en Munich contra “la plaga gitana”. Ese mismo año se instaura un campo de concentración exclusivo para el pueblo romaní en Marzahn, Berlin.


En 1938 se aplican las Leyes de Nuremberg a los gitanos austriacos, y en los dos años siguientes se abren dos campos de concentración más. Los gitanos eran obligados a usar el distintivo de un parche triangular negro, símbolo de los “asociales” o parches verdes, símbolo para criminales o la letra “Z” (zíngaros).


Entre el 12 y el 18 de junio de 1938 tuvo lugar lo que ha dado en llamar la Zigeunernacht o "semana de limpieza gitana". En estos hechos, cientos de gitanos de Alemania y Austria fueron detenidos, golpeados, y encarcelados.


En este mismo año se publicó un artículo titulado “La Solución Final de la Cuestión Gitana” mediante el cual se ordenaba registrar a todos los gitanos de Alemania que fueran mayores de 6 años y a su vez disponía una clasificación de los mismos consistentes en 3 grupos raciales: los gitanos puros, los medio gitanos y personas nómades que se comportaran como gitanos. El objetivo era separar físicamente al pueblo rom del alemán. En clave con esto, se produjeron procesos de esterilización forzada de mujeres romaníes.


En diciembre de 1942, se firmó una orden para la deportación de todos los rom en Alemania. Éstos fueron llevados a Auschwitz, donde un campo especial fue establecido para ellos en Auschwitz-Birkenau - el “campo de las familias gitanas”.


El 1 de agosto de 1944 tuvo lugar una de las jornadas más sangrientas que se conoce, y que tiene el nombre de "noche de los gitanos". Se calcula que se produjo una matanza de aproximadamente 4000 romaníes en el campo de concentración de Auschwitch.

La política de exterminio hacia el pueblo rom se extendió en las áreas de Europa ocupadas por los alemanes. Su destino variaba de país a país, dependiendo de las circunstancias locales. La sistematización más usual consistía en la encarcelación de los rom de Europa, tanto desde Francia (alrededor de 3500 rom) como desde el Este europeo y su posterior traslado a campos de concentración de Alemania o Polonia para realizar trabajos forzados o ser exterminados. Muchos rom de Polonia, Holanda, Hungría, Italia, Yugoslavia, y Albania fueron fusilados o deportados a los campos de exterminio y asesinados. En los estados bálticos y las áreas de la Unión Soviética ocupadas por los alemanes, los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza) asesinaban romaníes a mansalva.


En Francia, las autoridades pusieron en práctica medidas restrictivas contra los rom antes de la ocupación alemana del país. Las deportaciones de los rom empezaron desde la Francia ocupada hacia fin de diciembre de 1941.


En Croacia, la organización nacionalista, fascista y ultracatólica llamada Ustasa alineada a las ideas del nazismo de superioridad racial se basó en métodos de exterminio hacia las minorías residentes en el país, principalmente hacia la población romaní, con el supuesto fin de lograr la independencia del país (hasta ese momento formaba parte de Yugoslavia). Se cree que 50.000 romaníes fueron asesinados en este país en manos de este grupo.


El pueblo romaní, durante la segunda guerra mundial, estuvo sujeto a encarcelaciones, trabajos forzados y masacre. Fueron sometidos también a deportación hacia los campos de exterminio. Miles de romaníes fueron asesinados en los territorios orientales ocupados por alemanes y otros tantos en los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau, Chelmno, Belzec, Sobibor, Treblinka, Bergen-Belsen, Sachsenhausen, Buchenwald, Dachau, Mauthausen, y Ravensbrueck, Jasenovac y Gradina.


No se sabe precisamente cuantos rom murieron en el Holocausto. Aunque las estadísticas y los porcentajes exactos no se pueden establecer, los historiadores calculan que fueron asesinados entre el 25 y 50 por ciento de todos los rom europeos. Se estima la muerte de más de un millón y medio de rom durante el período nazi.

Es necesario remarcar que el genocidio romaní ha sido largamente ignorado. Hasta hacen pocas décadas el Porrajmos ha sido un tema marginal del análisis histórico del nazismo y mucho del aporte a su estudio proviene de estudios de la Shoá que han dado luz sobre el martirio rom. El exterminio sistemático de este pueblo producto de una política de limpieza étnica ha sido invisibilizado por la historiografía debido a los prejuicios y estereotipos dominantes.


Hasta el año 1982, Alemania no reconoció los crímenes perpetrados contra el pueblo rom. Recién en el año 1999 se creó un fondo especial de indemnización para las víctimas romaníes del Holocausto.


La unidad del pueblo rom


La pregunta inmediata al breve relato del genocidio rom (porrajmos) es cómo han logrado mantener su unidad a pesar de haber sido víctimas de semejante plan sistemático de exterminio que si bien fue el más brutal, no fue el primero. Su cohesión cultural, cimentada en condiciones político históricas, antropológicas y lingüísticas entre otros aspectos culturales, constituyen una estructura comunitaria resistente y conciente de su identidad.


La oralidad del relato histórico ha sido la estructura comunicacional primordial de su preseveración cultural, manteniendo un cuerpo lingüístico propio a pesar de los vaivenes migratorios y escenarios políticos territoriales donde desarrollen sus vidas. La lengua, cuyo origen es indoeuropeo, permite una interacción de los valores y formas culturales rom que se transmiten intergeneracionalmente y preservan su identidad.

El prejuicio que padecen y que resultan de opiniones negativas, no justificadas y falsas de la imagen del otro por parte de una mayoría social, resultan una agresión constante hacia su cultura. Es necesario la interpelación permanente y en clave de Derechos Humanos a estos estereotipos a fin de facilitar su erradicación. Norberto Bobbio señala que “el prejuicio (es) una opinión o conjunto de opiniones…que es aceptada acrítican y pasivamente por la tradición, por la costumbre o bien por la autoridad cuyo dictamen aceptamos sin discutirlo … por incercia, por respeto o por temor, y la aceptamos con tanta fuerza que resiste a toda refutación racional…”[6]


A partir de esta situación, y del temor de perder de su acervo es que el pueblo rom generalmente rechaza instituciones estatales y servicios públicos, uno de ellos es la escuela por miedo a perder su lengua en las nuevas generaciones y su unidad cultural. La escuela, cuya carácterística histórica es hegemonizadora, no siempre logra garantizar la inclusión en diversidad y algunos grupos sociales vulnerabilizados.


Discriminación hacia el pueblo rom


La discriminación no es innata, es un proceso de adquisición ideológica y práctica. “Las personas aprenden a ser racistas [y a discriminar] de sus padres y colegas, y lo aprenden en la escuela y los medios de comunicación, así como a partir de la observación y la interacción cotidianas en sociedades multiétnicas. Este proceso de aprendizaje es, en gran medida, discursivo, y se basa en la conversación y los relatos de todos los días, los libros de texto, la literatura, las películas, las noticias, los editoriales, los programas de televisión, los estudios científicos, etc. Si bien muchas prácticas del racismo cotidiano, es decir, formas de discriminación, también pueden aprenderse, en parte, a través de la observación y la imitación, esas prácticas también deben ser explicadas, legitimadas o sostenidas discursivamente de alguna otra manera.”[7]


El “antigitanismo” es antiguo. Su construcción no solo pertenece al régimen nazi sino que proviene de siglos anteriores construidos a partir de discursos hegemónicos y eurocéntricos. Este hecho comenzó a producirse en Europa a partir del Siglo XV. El término abarca todo tipo de odio étnico contra este colectivo, que no solo es racial, sino también cultural y social. Dichos prejuicios fueron transmitidos de generación en generación y desde el poder hegemónico, y retomados por el pensamiento nacionalsocialista para exacerbar el odio a este colectivo mediante argumentaciones de profundo contenido discriminatorio y segregacionista. “…la mayor parte de los miembros de los grupos dominantes aprenden el racismo a través de los discursos de una amplia variedad de hechos comunicativos.”[8]


En términos generales, la discriminación hacia el pueblo romaní proviene del rechazo hacia su modo de vida nómade y su aterritorialidad. Este odio a la alteridad[9] llevó a la segregación, exclusión, expulsión y, hasta, la muerte en el pueblo rom. La categoría fría de “pueblo nómade” que se le atribuye evidencia la negación de su persecución, ya que este colectivo estaba obligado a desplazarse de los pueblos de donde era expulsado, obligándolos a una eterna vida ambulante hacia nuevos territorios.


Desde la llegada de los rom a Europa, las instituciones político-administrativas y las instituciones religiosas (como la Iglesia) discriminaron constantemente a la comunidad, estableciendo posiciones de rechazo y castigo hacia ese colectivo. Desde el cristianismo y desde distintos gobiernos europeos se construyó una imagen negativa de los rom, considerándolos como sectores asociales, indignos y despreciables. En realidad, su forma de vida y resistencia a la preservación de su cultura no se ajustaba a un orden político-social medieval estamentario. La Inquisición, a través de un discurso legitimador religioso y de prácticas de exterminio, profundizó este rechazo y ordenó incontables condenas de tortura y muerte hacia este colectivo; mientras que en los distintos países se crearon medidas restrictivas y persecutorias del pueblo rom. Por ejemplo, en España se les prohibió utilizar la indumentaria, la lengua y desarrollar el nomadismo, fueron obligados a profesar la religión cristiana y les impidieron usar caballos ni celebrar matrimonios entre ellos; quienes no acataban debían abandonar España o convertirse en esclavos de la corona.


Desde distintas disciplinas se han esgrimido permanentes argumentos contra el pueblo rom. Un ejemplo de ello es la literatura romántica “gitana” que los representa como un pueblo “demasiado libre” que no posee responsabilidad, ni restricciones morales, ni requerimientos higiénicos, ni rutinas laborales estrictas, etc. Esta percepción del “otro” produjo un estereotipo negativo en los rom como pueblo satánico, mal vestido, etc., construyendo un imaginario que reproducía aún más los prejuicios.


En la actualidad, la discriminación y segregación cultural hacia el pueblo rom sigue presente. Las construcciones negativas sobre los rom, consideradas como personas sospechosas, con malicia, vinculados al hurto, etc., siguen instaladas en el imaginario social. “...la mayoría de los miembros [de la sociedad] reproducirán el statu quo étnico y adoptarán las ideologías dominantes que lo legitiman.”[10]


Dentro de las instituciones que conforman y reproducen el imaginario social, la escuela es el principal ámbito de discriminación, donde tanto las autoridades como las/os docentes manifiestan abierta o solapadamente los prejuicios y estereotipos. Esta situación genera en los rom deserción escolar, ocultamiento de la identidad, violencia hacia las/os niñas/os, burlas, etc. Otras instituciones que reproducen la discriminación cruelmente son los hospitales, centros de salud y efectores de salud cada vez que los rom requieren de ese derecho social.


Los medios masivos de comunicación, principalmente la televisión y medios escritos, son otro de los agentes que difunden una imagen estereotipada, prejuiciosa y negativa del pueblo rom, divulgando “notas de color”, anécdotas, policiales y novelas que los describen como delincuentes, vagos, estafadores, ladrones, violentos, organizados en clanes como círculos delictivos; reforzando y reproduciendo las prácticas sociales discriminatorias que generan una construcción simbólica negativa. La aparición de los rom en los medios de comunicación, de manera persistente, durante décadas configura buena parte de la base del problema de la imagen social. Esto encierra el uso incorrecto de la información y el alcance de los medios que tienden a la morbocidad, a la mala utilización del lenguaje, al sensacionalismo, al desconocimiento y al uso de ideas preconcebidas; o sea, al fomento de los estereotipos negativos. Por lo general, los estereotipos surgen de la falta de información y del desconocimiento de la comunidad, recayendo en imaginarios negativos construidos socialmente. La imagen social prejuiciosa de la comunidad rom da lugar a una actitud de rechazo que traspasa a las personas individuales y se extiende al conjunto de la comunidad. La población rom ve mermada sus posibilidades de evolución y de desarrollo social, económico y cultural, ya que las ideas preconcebidas actúan como freno para su incorporación real y efectiva en la sociedad.

La integración romaní


Con la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 el colectivo rom deja de padecer una persecución sistemática y comienza un lento proceso de sedentarización en los distintos países del mundo donde se encuentra.

Pese a esto, aún quedan deudas pendientes para con el pueblo rom puesto que la estigmatización del que son objeto permanente continúa a la fecha con la consecuencia directa de la vulneración de derechos.


La persecución constante sufrida, su exclusión y discriminación implicaron, como una de sus tantas consecuencias, el alejamiento a toda institución estatal como manifestación de desconfianza muy enérgica, entre ellas a la educación formal. Por ese motivo se conocen, incluso actualmente, niveles altísimos de analfabetismo que impiden el ejercicio de derechos fundamentales.


Resulta fundamental construir un diálogo de confianza y respeto entre el Estado y el colectivo, a fin de efectivizar el acceso y permanencia de la población rom a un sistema educativo que garantice el respeto de la diversidad cultural y su vez la inclusión social como dos tensiones a atender para el fortalecimiento de sus derechos ciudadanos. Del mismo modo y en un diálogo permanente, desarrollar políticas sociales específicas para esta comunidad que tengan en cuenta sus particularidades en lo atinente a vivienda, el agua potable (sobre todo en comunidades radicadas en el interior del país) y el acceso a la salud, fundamentales para la integración de los rom. Otra problemática que padecen es la carencia documentación de identidad, para lo cual deberían desarrollarse campañas de sensibilización hacia el colectivo para que gestionen su obtención y la facilitación de parte del Estado para su otorgamiento masivo. Muchos miembros no cuentan con su documento; de este modo no pueden ejercer sus derechos ciudadanos.


El desafío actual consiste en fortalecer políticas públicas para la defensa de la diversidad cultural, el destierro prejuicios y de prácticas discriminatorias, tanto sociales como estatales, a través de la generación de políticas específicas como de instancias de sensibilización de la población.


El Estado debe proveer las garantías necesarias para el reconocimiento de los derechos antes mencionados y velar su respeto, sobretodo en espacios de construcción de subjetividades (como en el caso del sistema educativo y los medios audiovisuales), articulando las costumbres de los distintos colectivos en la lucha contra la discriminación, reivindicando y respetando las particularidades. Desarrollar políticas en pos del empoderamiento del pueblo rom, promoviendo su participación activa como ciudadanos y propiciando su pleno reconocimiento ciudadano.


Por su parte, la comunidad rom debería poner un gran empeño en desarrollar una labor sostenida velar por el cumplimiento de sus derechos por parte del Estado, señalar prácticas discriminatorias, trabajar por su erradicación y participar activamente en instancias de decisión política y social como actores fundamentales de cambio.

***

[1] “Definición Rom: Hombre, marido. El término rom, es la forma correcta de la derogada palabra gitano. Comenzó a ser utilizada en 1970 por la gente dedicada a los estudios sociales. Rom significa gitano y romaní es la forma adjetiva. Aún hoy la denominación no ha sido adoptada por todos aquellos a quienes se aplica. En algunos paises como Rumania, desde 1989, ha rehusado reconocer este término, debido a que no desean que se piense que significa originario de dicho país.” Sarramone, Alberto. 2007. Gitanos. Historia, constumbres, misterio y rechazo. Buenos Aires, Biblos Azul. Pág. 81. [2] A diferencia de otros pueblos, el rom no tiene un territorio nacional propio. Esto se debe a su característica de pueblo nómade como consecuencia de innumerables persecuciones y prácticas discriminatorias sufridas a lo largo de su milenaria historia. Actualmente se encuentra disperso por el mundo y sus miembros son ciudadanos de los países que habitan. [3] Un edicto de 1528 confirma la proscripción para todos los que no tuvieran profesiones conocidas. Los rom eran perseguidos y obligados a abandonar su vida nómade. Felipe IV de España, con un edicto de 1633, prohíbe que los rom vivan en comunidades, que hablen su lengua, que vistan según su costumbre y que crean y practiquen sus tradiciones, so pena de tres años de confinamiento o destierro. Carlos II, en 1695, prohíbe que los rom desarrollen sus profesiones tradicionales. [4] Nedich, Jorge. 2010. El pueblo rebelde. Crónica de una historia gitana. España, Javier Vergara. [5] Una legislación prohibía los casamientos entre alemanes y los “no arios” que contemplaba a los judíos, las personas de piel negra y los gitanos. [6] Bobbio, Norberto. La naturaleza del prejuicio. Racismo, hoy. Iguales y diferentes. Igualdad y no discrimin ación. El reto de la diversidad. Ministerio de Derechos Humanos y Culto de la república del Ecuador (diciembre 2010). [7] Van Dijk, Teun (Coord.) 2007. Racismo y Discurso en América Latina. Barcelona, Gedisa. Pág 25. [8] Ibidem [9] La categoría supone la pregunta por el otro o los otros. “…alteridad u otredad no es sinónimo de una simple y sencilla diferenciación. (…) Alteridad significa aquí un tipo particular de diferenciación. (…) Tiene que ver con la experiencia de lo extraño. Pero sólo la confrontación con las hasta entonces desconocidas singularidades de otro grupo humano –lengua, costumbres cotidianas, fiestas, ceremonias religiosas o lo que sea– proporciona la experiencia de lo ajeno, de lo extraño propiamente dicho. (…) Alteridad no es pues, cualquier clase de lo extraño y ajeno, y esto es así porque no se refiere de modo general y mucho menos abstracto a algo diferente, sino siempre a otros. (…) Alteridad, pues, “capta” el fenómeno de lo humano de un modo especial. Nacida del contacto cultural y permanentemente referida a él y remitiendo a él, constituye una aproximación completamente diferentes de todos los demás intentos de captar y de comprender el fenómeno humano.” Esteban Krotz. “Alteridad y pregunta antropológica”. En: Constructores de la Otredad. Antropofagia. 2004. Comp: Boivin, Mauricio; Rosato, Ana. [10] Van Dijk, Teun (Coord.) 2007. Racismo y Discurso en América Latina. Barcelona, Gedisa. Pág 25.

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