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"Recuerdos de Marash": un libro ubicado entre la disputa por el pasado y la intervención en el presente

  • hace 2 horas
  • 4 Min. de lectura

La reactivación crítica del pasado se vuelve una herramienta fundamental para la construcción de horizontes colectivos.



Por Martín Montenegro Abazyán*


Luego del Genocidio que diezmó al pueblo armenio del Imperio Turco-otomano, se configuró en la diáspora un entramado de iniciativas individuales y asociativas orientadas a la preservación, codificación y transmisión intergeneracional del patrimonio histórico y cultural armenios. Dichas iniciativas respondían a la necesidad de reinscribir, en condiciones de exilio, las matrices de pertenencia colectiva, mediante la reconstrucción sistemática de la vida social, económica y simbólica de las comunidades de origen.


Este impulso se materializó en la producción de textos memoriales dedicados a la historia de Armenia Occidental, Cilicia y las zonas adyacentes a Estambul. En términos metodológicos, estos trabajos se inscriben en una lógica de articulación entre memoria y archivo: por un lado, se nutren de la experiencia vivida y de la rememoración subjetiva; por otro, incorporan materiales documentales —impresos y manuscritos—, así como aportes provenientes de redes comunitarias que contribuyen a la validación y ampliación testimonial.


En tanto el espacio de procedencia había sido efectivamente destruido, estos dispositivos escriturarios pueden leerse como prácticas de reinscripción simbólica que buscan restituir, en el plano discursivo, un mundo perdido. Así, textos como Recuerdos de Marash funcionan como tecnologías de la memoria orientadas a sostener la continuidad identitaria a través de la construcción de una memoria colectiva territorializada.


La arquitectura discursiva de libros como el presentado el reciente 4 de mayo en la Feria del Libro se organiza conforme a un principio de exhaustividad descriptiva que busca restituir la inteligibilidad de un mundo social aniquilado. De tal modo, se estructuran a partir de un recorrido que abarca, en primer lugar, las condiciones geográficas del territorio, para luego avanzar hacia su inscripción histórica y la caracterización de sus prácticas socioculturales: formas de sociabilidad, oficios, tradiciones, configuraciones etnográficas, repertorios folklóricos y particularidades lingüísticas. A ello se articulan las dimensiones institucionales (vida eclesiástica, educativa y cultural), junto con el desarrollo de la prensa y la actividad editorial. Esta cartografía del mundo social suele completarse con la incorporación de los episodios de violencia política (entre ellos, de manera central, el Genocidio armenio), así como con los procesos de deportación, las resistencias, el exilio y la reconfiguración diaspórica, incluyendo el registro de asociaciones, trayectorias colectivas y figuras destacadas.


De esta manera, y siguiendo algunos conceptos teóricos desarrollados por Daniel Feierstein, se puede afirmar que estos textos pueden ser leídos como dispositivos de elaboración que intervienen en la disputa por las formas de representación del pasado. En efecto, libros como Recuerdos de Marash, no se limitan a consignar el acontecimiento genocida como ruptura, sino que reconstruyen las tramas sociales previas cuya destrucción constituyó uno de los objetivos centrales del proceso genocida. Desde esta perspectiva, el trabajo de Nélida Boulgourdjian y Gabriel Sivinian opera como una práctica de reconfiguración simbólica que confronta las políticas de negación y borramiento, reinscribiendo en el campo de lo decible aquello que fue objeto de destrucción material.


Por otro lado, para quien escribe estas líneas, que es procedente del terreno literario, resulta ineludible mencionar la inclusión de fragmentos de la novela “Morir en Marash”, de Eduardo Bedrossian. Esto introduce un nivel adicional de complejidad en el régimen de representación, al propiciar un cruce entre discursos historiográfico y literario. Esta articulación enriquecedora, permite inscribir la experiencia histórica en una pluralidad de registros narrativos, en consonancia con la idea de que la memoria colectiva no se constituye de manera unívoca, sino a partir de una heterogeneidad de soportes y mediaciones.


La reactivación de estos materiales a más de un siglo de los acontecimientos que los motivan plantea interrogantes en torno a las condiciones de posibilidad de la transmisión memorial en contextos de distancia temporal y espacial. En particular, la reconstrucción del entramado sociocultural de Marash (territorio sometido a políticas sistemáticas de borramiento material y negación por parte de Turquía) puede ser entendida como una intervención en la disputa por la memoria, en tanto restituye visibilidad a aquello que ha sido excluido de las narrativas oficiales.


Es que el genocidio no se agota en la eliminación física de un grupo, sino que implica un proceso más amplio de desarticulación de las relaciones sociales y de los marcos simbólicos que sostienen la identidad colectiva. En esta línea, se afirma una vez más que la producción, circulación y actualización de textos como Recuerdos de Marash constituyen una forma de resistencia frente a las lógicas de aniquilamiento simbólico, al reponer las condiciones que posibilitan una memoria compartida.


Asimismo, la apelación a la memoria se proyecta como una intervención crítica en el

presente.


En un contexto signado por la primacía de lógicas individualizantes, la relectura de estas experiencias colectivas habilita la reconfiguración de vínculos sociales y la problematización de las formas contemporáneas de subjetivación. En este sentido, la memoria no opera como mero registro retrospectivo, sino como práctica orientada a la producción de sentidos en el presente.

El genocidio, en tanto acontecimiento límite, instituye una cesura que reconfigura las coordenadas de la experiencia histórica. Sin embargo, su rememoración excede el marco de una identidad particular y se constituye en una interpelación de alcance universal, en la medida en que pone en cuestión las condiciones de posibilidad de órdenes sociales fundados en la justicia. La referencia a procesos contemporáneos de violencia (como los desplazamientos recientes en Artsaj) evidencia la persistencia de estas problemáticas y la necesidad de inscribirlas en un horizonte crítico más amplio.


En este marco, el trabajo presentado se configura como una praxis de la memoria entendida en sentido político: un conjunto de operaciones orientadas a confrontar las políticas de negación, a revalidar las narrativas de las víctimas y a sostener la demanda de justicia frente a la impunidad.


Para las generaciones descendientes, ello implica la asunción de una responsabilidad ética y política en la promoción de dispositivos institucionales que contribuyan a la prevención de crímenes de lesa humanidad.


Para dichos fines, y a modo de conclusión, se sostiene que la reactivación crítica del pasado se vuelve una herramienta fundamental para la construcción de horizontes colectivos. Interrogar la memoria, como lo proponen la doctora Boulgourdjian y el licenciado Sivinian, no supone un repliegue nostálgico, sino una intervención orientada a definir las formas de comunidad y de subjetividad que se proyectan hacia el porvenir.


*Magíster en Literaturas en Lenguas Extranjeras y Literaturas Comparadas (UBA). Licenciado en periodismo. Investigador de Literatura Armenia.

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