Colombia, llegó la hora de despertar

Desde el 28 de abril, el país está inmerso en jornadas de protesta y violencia institucional.

Manifestación de la Asamblea de Colombianxs en Buenos Aires

Por Juan Camilo Lenis, periodista colombiano en Argentina


Aproximadamente a las 4 de la mañana del 5 de mayo de 2020, habitantes del barrio Aures en la ciudad de Buga fueron sacudidos por los estruendos de disparos y los gases lacrimógenos arrojados por miembros del ESMAD (escuadrón móvil anti disturbios). Lo posterior causó indignación en el país, imágenes de niñas y niños ahogados por los gases mientras recibían atención de primeros auxilios. Un par de horas después la fuerza pública atacaba dos barrios aledaños, disparando gases desde helicópteros hacia la población y creando la manifestada zona de guerra. El delito de estas comunidades: ser vecinas de las carreteras tomadas por manifestantes en el marco del paro nacional, el cual llega a su primera semana. En la tarde noche del mismo día, el estudiante Lucas Villa fue baleado en una marcha cultural en la ciudad de Pereira. Esto es una crónica usual en un día de paro en Colombia.


Muy temprano el día 28 de abril de 2021, indígenas del pueblo Misak tumbaron la estatua del colonizador español Sebastián de Belalcázar en Cali. De este modo, inició formalmente el paro, que tenía como objetivo rechazar la reforma tributaria propuesta por el gobierno uribista de Iván Duque, pero donde encontraron un punto de confluencia distintas demandas históricas del pueblo colombiano. Rápidamente las movilizaciones se llevaron a cabo en todo el territorio nacional, de igual manera la represión a cargo de las fuerzas de seguridad del estado. La movilización que en primera medida exigía el retiro de una reforma tributaria que aumentaría el gravamen de productos de la canasta familiar en pleno segundo pico de la pandemia de Covid19. Si bien en el marco de las protestas, el Ministro que la adelantaba fueron cesados, las manifestaciones continuaron, ahora exigiendo más reivindicaciones.


Durante las jornadas de protesta los medios hegemónicos han jugado un rol estelar; haciendo foco en los desmanes que surgen en el marco de un estallido social de esta magnitud y ubicados en sectores carenciados y olvidados por el Estado, donde la pobreza impera, en los enfrentamientos, donde se preocupa más por el bienestar de la fuerza pública (cuyos componentes armados y preparados no pueden ser comparables a quienes se manifiestan). Además, como lo hizo RCN Noticias, implantar una fake news, en el momento en el cual la reforma tributaria fue retirada, tituló que la movilización que entonces avanzaba, celebrara por haber logrado su objetivo, tergiversando y desalentando la protesta.



La estrategia oficialista, a través de sus medios y redes, se ha nutrido de equiparar las fuerzas en contienda, en una suerte de teoría de los dos demonios, donde un desmán de orden público, es equiparable a terrorismo, termino de común uso por el gobierno en turno, el cual no ha dudado en proscribir constantemente a quienes se manifiestan. A su vez, el observatorio de internet NetBlocks anunció una caída en el transito virtual, en la ciudad de Cali, durante el 5 de mayo en momentos álgidos de represión, coincidiendo con denuncias hechas desde el lugar de los hechos por personas que quienes querían publicar la situación en sus redes y se enteraron que la señal de internet estaba caída justo en esos momentos. El día anterior, en esta ciudad se habían registrado 22 personas asesinadas en el marco de las protestas. En el medio, el ex presidente ultra derechista Álvaro Uribe usó su Twitter para atacar constantemente al paro, acusándolo de estar infiltrado por grupos armados al margen de la ley, de igual manera que lo hizo el ministro de Defensa Diego Molano y el fiscal general de la nación Francisco Barbosa, quien tomó la decisión de expropiar los vehículos que participen en los plantones y piquetes.


Al día de hoy, las cifras son preocupantes. La ONG Temblores y la campaña ‘Defender la libertad’ Comité Solidaridad, entre otras organizaciones, han denunciado: 1443 casos de violencia policial, 814 detenciones arbitrarias, 31 homicidios con implicaciones de fuerzas del Estado, 47 personas defensoras de los DDHH agredidas y 11 víctimas de violencia sexual a manos de la fuerza pública.

Entre los abrumadores números, se teme que el presidente Iván Duque llame a Estado de Conmoción, lo cual en la práctica es muy similar al Estado de sitio. Días atrás anunció un polémico plan de ayuda militar para recuperar el orden público, en el cual el Ejército hace labores de fuerza del orden. Mientras el gobierno nacional se sigue perdiendo en su laberinto, las vidas se van perdiendo. La desconexión con la realidad de un pueblo que día a día ve recortados sus derechos y viviendo en la precariedad, han logrado lo que varios gobiernos neoliberales fueron cultivando: el despertar del pueblo Colombiano.

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