Una multitud en el acto de cierre de campaña del opositor Frente Armenia Fuerte. El oficialismo redobla la represión y demuestra que no está dispuesto a entregar el poder
- hace 2 horas
- 4 min de lectura
Todos coinciden en que fueron más de cien mil las y los manifestantes que desbordaron la Plaza de la República de Ereván, causando verdadero desconcierto en el oficialismo, y demostrando que la gente le ha perdido el miedo al sistema represivo instaurado por el régimen pro-occidental de Pashinian.

Redacción NOR SEVAN
Ayer, miércoles 3 de junio, decenas de miles de personas se dieron cita en la mítica Plaza Lenin (hoy, Plaza de la República), de Ereván, para participar del acto de cierre de campaña del Frente Armenia Fuerte, liderado por dirigente, benefactor y empresario Samvel Karapetyan, quien desde hace casi un año se encuentra detenido y es uno de los cientos de perseguidos y presos políticos del régimen pro-occidental del primer ministro Nikol Pashinyan.
El orador central fue el coordinador del frente opositor, el joven Narek Karapetyan, quien subrayó: "Dentro de cuatro días, será un día crucial para nuestra historia. En cuatro días, participaremos de un referéndum sobre dos cosas: ¿seguimos así, seguimos siendo débiles, seguimos permitiendo que nuestros vecinos se aprovechen de nosotros, o nos levantamos, fortalecemos nuestra posición y comenzamos a desarrollarnos soberanamente?".
Para el joven Karapetyan, este también será un referéndum sobre "si se permitirá a la población de Armenia abandonar su patria en busca de una vida y un trabajo mejores, o si el país será reconstruido, su economía se fortalecerá, el bienestar aumentará y nadie volverá a marcharse".
Durante su discurso, Narek Karapetyan volvió a hablar de la propuesta oficial de "recibir" a 300 mil azerbaiyanos para que se radiquen en el país como parte de las imposiciones de Bakú y de la tesis denominada "Azerbaiyán Occidental", enfatizando que Armenia necesita un líder fuerte que no permita que se implementen dichos proyectos ni ningún otro que sea contradictorio con los intereses nacionales. "Y para eso, hace falta que este domingo vayamos todos a las urnas", puntualizó.
El líder de la alianza, Samvel Karapetyan -quien está cumpliendo arresto domiciliario-, participó del acto de cierre con un mensaje virtual, que fue recibido con aplausos y ovaciones. Llamó a los presentes a hacer el último esfuerzo y desalojar del poder a este "pequeño grupo" (así denominó al gobierno de Pashinian).
Narek Karapetyan dijo que su fuerza política apoya el fortalecimiento y la implementación de los acuerdos con Rusia, y buscará establecer relaciones normales con ella.
"Mantendremos relaciones normales en el marco de nuestros acuerdos económicos y de defensa. La sociedad armenia tiene preguntas para Rusia y confiamos en que recibiremos respuestas. También se tomarán medidas para fortalecer nuestras relaciones; nuestra sociedad las espera con interés. Estamos comprometidos con todos los acuerdos que nuestro país ha firmado hasta la fecha y seguiremos avanzando en esa dirección", afirmó Karapetyan.
Es evidente que los allanamientos, las persecuciones, las detenciones de activistas, los casos penales contra opositores y los intentos constantes de restringir la actividad pública, no han logrado reducir la protesta ni el rechazo a la política de entrega del gobierno. A pesar de que la metodología represiva fue creciendo con el paso delos meses y la persecución "judicial" sobre los opositores también, el régimen de Pashinyan no pudo resolver el principal problema al que se enfrenta: la pérdida de confianza de una parte significativa de la sociedad.
Aún en estas circunstancias, y con el pleno dominio de las redes sociales y los medios masivos de comunicación -además del apoyo financiero y de campo de los "especialistas europeos" que están afincados en el país desde hace meses-, el gobierno y la estructura del oficialista Partido Acuerdo Cívico pretenden mostrar solidez y autosuficiencia. Pero la realidad, inmediatamente, no dice que las cosas no son como dicen desde el equipo de Pashinyan.
Basta con interiorizarse sobre las últimas semanas de campaña para ver cómo el aumento de la agresión verbal, la difamación, la persecución y la represión utilizados sistemáticamente desde el aparato estatal contra los principales dirigentes de las fuerzas opositoras no sólo no dieron los frutos esperados por el gobierno y sus aliados occidentales, sino que por el contrario, redundó en el número de manifestantes en los actos de la oposición y también en el porcentaje de ciudadanos dispuestos a votar y a hacerlo por alguna fuerza contraria a Pashinyan.
Y cuantos más partidarios reúnen las fuerzas de oposición en vísperas de las elecciones, más clara se vuelve la razón de la reacción nerviosa de las autoridades y de sus gritos en público, de los allanamientos a sedes partidarias y de las detenciones masivas de dirigentes y candidatos de la oposición.
El gobierno del primer ministro Nikol Pashinyan y sus aliados -Occidente, Turquía, Azerbaiyán e Israel- no están dispuestos a ceder el gobierno en Armenia. Todos ellos -incluidos Pashinyan y quienes lo acompañan en el gabinete ministerial y en otras funciones de Estado- están dispuestos a sacrificar al pueblo armenio en aras de la defensa de sus propios intereses, que no son los de Armenia, ni los de sus ciudadanos ni, mucho menos, los de la armenidad.
Durante todos estos años lo advertimos: están haciendo de Armenia una nueva Ucrania, para que cuando Kiev sea derrotada haya otra plataforma anti-rusa en la región. Y ya estamos en el desenlace de este nuevo proyecto criminal de Occidente, que en esta oportunidad tendría al pueblo armenio, lamentablemente, como protagonista principal.
Pero aún no está dicha la última palabra y en manos de la ciudadanía armenia queda una última carta por jugar el próximo domingo. No será fácil, ya que el país está literalmente ocupado por Occidente y otros defensores -nativos y foráneos- de la entrega y la traición. Y si bien la oposición tiene amplias posibilidades de triunfar, hacerlo no garantiza lograr el objetivo, ya que los ocupantes de Armenia -Pashinyan y sus aliados- no dudarán en desatar una guerra civil argumentando un "fraude" que nadie puede llegar a considerar cierto, ya que todo el manejo de la situación está en manos del aparato represivo estatal armenio.
Faltan tres días y todavía no hemos visto todo.













Comentarios