Simon Martirosyan: se lesionó la rodilla en la guerra y ganó una medalla de plata

El año pasado, mientras la mayoría de los atletas se preparaba para los Juegos Olímpicos, el levantador de pesas armenio era voluntario en la Guerra de Artsaj. Allí resultó herido y, de todos modos, logró su segunda medalla olímpica.

Simon Martirosyan, medallista olímpico.

Por Pablo Amalfitano para El Gráfico


ARMENIA no atravesó los mejores momentos durante el año pasado: estuvo inmerso en la Guerra de Nagorno Karabaj, territorio también denominado Artsaj, habitado durante milenios por su población, que fue bombardeado por Azerbaiyán en el marco del histórico conflicto entre naciones cristianas y musulmanas.


El episodio bélico se extendió durante un mes y medio, entre el 27 de septiembre y el 10 de noviembre, y finalizó con un acuerdo tripartito de alto al fuego en el que también participó Rusia como país mediador. Después de ese pacto Armenia debió entregarle a Azerbaiyán el control territorial de Karvachar, una región de Nagorno Karabaj, por lo que perderían todas las reliquias y el material histórico en ese lugar habitado por civiles. Por el contrario, mantuvo el manejo de Stepanakert, la capital de Artsaj.


En ese contexto muchos armenios decidieron retirar y llevarse gran parte de esas reliquias para conservarlas en territorio soberano y, de ese modo, evitar su destrucción. Karvachar fue entregada a Azerbaiyán dos semanas después del acuerdo y, en ese lapso, en plena guerra, los voluntarios se dedicaron a resguardar los objetos de valor -en el acuerdo se hizo un cronograma de entrega de todos los territorios habitados por civiles y el 24 de noviembre le correspondió a Karvachar-.


Pata contextualizar, al igual que Nagorno Karabaj, Najicheván fue un territorio que estuvo habitado durante milenios por armenios y hoy, tras los conflictos históricos con naciones musulmanas como Azerbaiyán y Turquía, es una república autónoma bajo administración azerí, por lo que los armenos fueron expulsados del lugar. Allí había nada menos que 89 iglesias medievales, 5840 jachkares -cruces de piedra talladas a mano con fuerte significado para los armenios- y 22 mil lápidas, todo material histórico que resultó eliminado por Azerbaiyán.

Finalizada la Guerra de Nagorno Karabaj, las autoridades de Rusia, Armenia y Azerbaiyán acordaron la entrega de Karvachar, entre otras regiones. Se calcula que Karchavar tiene más de 80 monumentos, iglesias y emblemas culturales del cristianismo armenio, por lo que el país necesitó voluntarios de manera urgente para retirar todo ese material irremplazable.


Simon Martirosyan es armenio, tiene 24 años y es levantador de pesas. Fue dos veces campeón mundial de halterofilia, en Asjabad 2018 y Pattaya 2019. También se consagró en dos ocasiones a nivel europeo, en Split 2017 y Batumi 2019. Antes, en 2016 y con apenas 19 años, se colgó una medalla de plata olímpica en los Juegos de Río, en la categoría de 105 kilos de levantamiento de pesas.


El año pasado, en plena preparación para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, postergados para 2021 por los efectos de la pandemia, Martirosyan pausó su entrenamiento y se ofreció para integrar un grupo de voluntarios cuando quedaba apenas un día para evacuar por completo Karchavar, ante la latente "amenaza de genocidio cultural", como se llamó al acto de destrozar todo rastro de cultura armenia por parte de los países musulmanes.


El levantador de pesas, entonces, se sumergió en el corazón del territorio bélico para retirar y trasladar los jachkares, las cruces de piedra, del Monasterio de Dadivank, construido entre el siglo IX y el siglo XIII. En pleno trabajo por resguardar las cruces del primer pueblo cristiano Martirosyan sufrió una lesión en la rodilla que generó una merma en su rendimiento deportivo, incluso varios meses después.


Tiempo más tarde, en abril de este año, debió abandonar en el ejercicio de flexiones del Campeonato de Europa, en Moscú. La explicación, de su propia boca: "No me sostuvieron las piernas". El principal candidato en 109 kilos no había podido levantar, después de tres intentos, los 227 kilogramos, aun como vigente dueño de los récords mundiales de esa categoría. Venía lesionado de la guerra, claro.


La revancha de Martirosyan, sin embargo, llegó en Tokio, otra vez en los Juegos Olímpicos. Este martes se quedó con el récord olímpico de 195 kilos en el arranque y levantó 228 kilos en cargada, por lo que sumó un total de 423 kilos. Aun diezmado por la lesión que todavía arrastra después de su voluntariado en la guerra, se colgó la segunda medalla de plata de su carrera y sólo fue superado por el uzbeco Akbar Djuraev, quien alzó 430. De cualquier forma Martirosyan mantiene, incluso ahora, la marca mundial de 435 kilogramos. Como si fuera poco, además, es un ejemplo de superación.


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Fuente: El Gráfico

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