Coco juvenil

El suplemento Nuestra Voz Juvenil dialogó con Gregorio Hairabedian, reconocido luchador por los derechos humanos y presidente de la Fundación Luisa Hairabedian.


Por Martina Bystrowicz Djanikian y Emiliano Fidel Lomlomdjian


Tuvimos el placer de entrevistar en esta oportunidad al querido Gregorio “Coco” (con cariño de compañeros) Hairabedian, escribano y presidente de la Fundación Luisa Hairabedian. Él que soñaba hace 12 años hacer un Juicio por La Verdad del Genocidio Armenio esperando una sentencia, la cual se hizo realidad. En este reportaje, nos cuenta sus experiencias de vida, y su postura frente a la política nacional, armenia e internacional.


- Para empezar, ¿cómo fue su infancia? ¿A qué escuelas fue? ¿Qué le gustaba hacer?

- Nací en la ciudad de Córdoba el 9 de agosto de 1932. Ahí fui a una escuela de mi barrio, “el inglés”, donde estaban los ferrocarriles ingleses. La gran mayoría de los armenios se afincaron en ese lugar y muchos de ellos eran obreros ferroviarios, el resto era pequeños comerciantes, trabajadores de cuenta propia, artesanos. Mis padres tenían un kiosco y allí nosotros trabajábamos desde muy chicos, 11, 12 años. Mi escuela era la Lainez, que duraba cuatro años, y después de 4º grado íbamos a otra escuela. También asistíamos a la escuela armenia, que era idiomática y estaba al lado de la iglesia armenia, como es típico. Los armenios de todas partes cuando vinieron refugiados a la Argentina formaron sus pequeñas colectividades en torno a una iglesia y a una escuela. Eso fue lo que ocurrió también en la ciudad de Córdoba. Asistí durante un tiempo a la escuela armenia y también a la iglesia, donde fui bautizado como cristiano. En aquella época se entraba a la primaria a los 8 años y casi ninguno de los chicos hijos de armenios, que éramos la primera generación, conocíamos el idioma castellano, porque en las casas se hablaba en armenio, y en algunas otras, el turco. Conocíamos poco el idioma nacional, pero rápidamente lo aprendimos en las escuelas. Así fue que terminé el colegio primario. Ingresé al secundario, que era el Colegio Nacional de Montserrat, un colegio estricto anexo a la Universidad Nacional. Después estuve en colegio de curas durante un año, el Corazón de María. Me reincorporé al Montserrat y por fin terminé después de un largo tiempo, porque había venido a Buenos Aires a los 16 años a experimentar cómo es “vivir solo”, como hacen ahora los chicos, pero en aquella época no era costumbre hacerlo. Pero bueno, los que éramos medio aventureros, lo hacíamos.


- ¿Cómo fue esta experiencia en Buenos Aires, cuando recién comenzaba su adolescencia?

- Acá estuve primero, un año, y después volví nuevamente –en el ‘49- y me quedé hasta el servicio militar que fue en el ‘53. Pero la primera vez que conocí Buenos Aires fue en la época de Perón, en el primer aniversario de su gobierno, era 1947. Viajé en un tren que venía gratis desde La Quiaca para asistir al festejo en la Plaza de Mayo. Ese fue el primer tren de trocha angosta, los chicos veníamos parados, demoraba 18 horas, pero conocí Buenos Aires. Me gustó, volví después, y entonces me quedé hasta el ‘53, que terminé el servicio militar. Mientras tanto, cuando tenía 16-17 años, andaba deambulando y trabajaba de una cosa u otra, hasta que me incorporé a la familia Topalian, del Bajo Flores, donde había una comunidad armenia bastante importante. Yo tuve la suerte de trabajar y vivir con la familia Topalian, que hacían el famoso pan de lesmeyún. Gracias a ellos pude salvarme de algunas cosas que podían haber ocurrido con un chico joven en Buenos Aires en esa época y sin trabajo. Ellos son mis hermanos espirituales. Eso en los primeros tiempos.

Después volví a Córdoba -como señalé-, terminé el colegio secundario y comencé la carrera de Abogacía. En el medio, surgió la posibilidad de recibirme de escribano -ya me había puesto de novio- y de casualidad entré a trabajar a una Repartición pública, la Dirección de Minería, justamente en la escribanía de minas. Yo de escribanía no sabía, ni entendía, ni tenía vocación, ni la tengo (risas). Mi verdadera vocación la advertí después de mucho tiempo y está vinculada con la docencia, la historia, la filosofía, es decir, ni con la escribanía ni con la abogacía. Pero eso fue lo que me permitió tener un trabajo, casarme, tener dos hijas -ambas nacieron en Córdoba-. Luego, por razones de carácter económicas, opté por venirme a Buenos Aires.


- Quisieramos saber cómo fue su relación con la política juvenil armenia. ¿Dónde militaba? ¿Qué hacía? ¿Qué pensaba por ese entonces?

-Militaba en la Unión Juventud Armenia y en el Partido Socialista. Tenía ambas militancias. Las seguí durante mucho tiempo, hasta que me desligué de la Unión Juventud Armenia y de la Federación Revolucionaria Armenia, porque entendí que estaba equivocado. Ya a fines de los 50 los jóvenes empezamos a replantearnos el tener una actitud de negación con respecto a la Armenia Soviética y Socialista. Hasta que advertimos que era un grave error lo que estábamos haciendo y que nuestros padres habían llegado acá no como exiliados políticos sino como refugiados como consecuencia del genocidio. En eso tuve la lección de mi familia, especialmente la de mi padre.

Él se salvó del genocidio porque vivía en EEUU -un poco largo de contar por qué se fue allá siendo un pibe; en un librito que estoy sacando narro eso- y se alistó en la legión de Armenia del Ejército Francés cuando se enteró de la muerte de toda su familia, que era de Palú, y participó en la guerra en el frente de Adana desde 1916 hasta 1918. Entonces, si mi padre había ofrecido su vida por un problema relacionado con la justicia, aunque ese quizá no era el modo de hacer justicia, ¿cómo nosotros, de grandes, no íbamos a dedicarnos a dar nuestros papeles, ideas, cuerpo, por la cuestión relativa al genocidio armenio?

Comenzamos a comprender cuál era la razón de ser de las comunidades y no eran las cuestiones de carácter partidario, porque nuestros padres no habían venido por eso.

Además, no era posible levantar un país como Armenia en esas condiciones extremas, hasta que se da la incorporación a la URSS. Nosotros precisamente nos adherimos a ese hecho trascendental de la historia armenia y por lo tanto discrepamos con la conducción que tenía el partido de la FRA en ese momento. Desde los 60 seguimos esa misma línea. Ahí decidimos abrirnos algunos pocos y no siento ningún remordimiento, sino todo lo contrario, orgullo, por haber advertido la realidad que no podíamos conocer y también el grado de fanatismo que habíamos adquirido que no nos permitía comunicarnos con otros.


- ¿Y a nivel nacional?

- Yo entré al socialismo estando en Córdoba y teniendo 15 años, cuando formaba parte de una murga. Ensayábamos en la casa de un obrero ferroviario y nosotros nos admirábamos de que tenía una biblioteca. En esa época no había casas con biblioteca, por lo menos en nuestro barrio. Este hombre era un trabajador de apellido Salas, un socialista que quedó en el partido del cual nosotros después nos fuimos. Primero me hizo leer un periódico, después me encomendó que lo distribuyera, así me entusiasmó y por lo tanto rompí con mis compañeros peronistas, que era muy difícil hacerlo en ese momento, éramos chicos de 15 años. A partir de ahí estuve íntimamente vinculado con la concepción socialista, aún estando en la UJA-FRA, sin entender muy bien su significado como expresión social demócrata y como expresión marxista. Y así fui desarrollandome en el partido. Fui candidato a concejal, en el ‘58, luego a diputado nacional en el ‘63.

También tuve una evolución en el Partido Socialista, favorable desde mi punto de vista cuando se divide en 1958. En el ‘66, con el golpe de Onganía se clausura la vida institucional del país, y comenzamos a tener nuestra actividad fuera del partido y muy vinculado con los sectores que estaban relacionados con la Revolución Cubana.


- ¿Cómo transitó esa etapa de golpes y breves periodos democráticos?

- Mi generación tuvo muy poco tiempo de gobiernos democráticos. Y en realidad no los llamo democráticos, porque la democracia abarca conceptos mucho más amplios y más profundos, hablo del régimen constitucional o legal, o democracia política, para ser más claros. No tuvimos eso; cuando tenía apenas 11 años se produce “la revolución de 1943”. Luego vienen otros golpes hasta que llega el 17 de octubre del ‘45 con la llegada de Perón. y luego su candidatura a Presidente.

No obstante la vigencia -no plena- de la legalidad constitucional, porque vamos a decirlo claramente, era un gobierno con el cual nosotros los chicos del barrio participábamos porque significaba mejores condiciones de vida para los trabajadores -que ha dejado un efecto histórico que todavía continúa-, pero que combatía duramente las concepciones marxistas, socialistas, comunistas, y que perseguía en forma organizada y sistemática a sus militantes...


- ...y, seguramente, en esas décadas se hacía difícil ser de izquierda o tener libros de autores marxistas. Muchos golpes de Estado y breves períodos de orden constitucional...

- Cuando llegó la última dictadura cívico militar ya teníamos cierta tendencia a poseer una biblioteca y teníamos que sepultarla. Por ejemplo, ya en el propio gobierno peronista era muy difícil tener una biblioteca organizada y pública. Luego tuvimos el golpe del ‘55, que se autodenominó Revolución Libertadora, que tenía una impronta, si bien antiperonista, fuertemente liberal y más vinculada con las clases oligarcas argentinas, la gran burguesía, los dueños de la tierra y de los bancos. Eso fue hasta el ‘58, cuando surge el gobierno de Frondizi. Nuevamente hay un golpe en 1962. Illia asume en el ‘63, pero es derrocado por un nuevo golpe -dirigido por Onganía- en el 66, que fue más duro que los otros golpes, pero no tanto como lo que venía en el ‘76, que fue lo peor que podía ocurrir.

Pero vale destacar que del ‘66 al ‘73 vivimos en dictaduras fuertes y también había persecución para comunistas, socialistas, peronistas de izquierda, nacionalistas revolucionarios. Hubo un pequeño interregno con Cámpora, que fue de muy pocos meses, y al año apareció la triple A, que se llevó a más de 1000 muchachos y chicas a la desaparición, a la muerte, cárcel y tortura. Y este proceso terrorista se fortalece en 1976 con la presencia de las FFAA encabezadas por los jerarcas de las mismas en aquel momento, período que llega hasta el año 1983, en el cual también varios chicos hijos de armenios desaparecieron, murieron y fueron encarcelados juntos a las otras decenas de miles de víctimas de la dictadura. En la comunidad casi ni se dieron por enterados de eso,pero lo tenemos que tener muy presente. Son chicos que no sabemos bien si su pensamiento era coincidente con el nuestro, pero sí que luchaban contra la dictadura, que era lo fundamental de aquella época.


- ¿Qué significaron y cual fue su relación con las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, los movimientos de izquierda y de Derechos Humanos?

- En aquellos años era imposible una manifestación pública, de modo que la gente se exiliaba, otros muchos estaban presos, había como un exilio interno, no se manifestaban. La excepción de eso fue la aparición, sutil al comienzo, de las Madres de Plaza de Mayo que comenzaron a reunirse, a preguntar por sus hijos y qué destino tenían, qué ocurría con ellos. Una cosa es verlo ahora y otra verlo en ese momento, que era muy triste, muy oscuro y años que ojalá no regresen nunca más al país.

Las Madres -el tema de las Abuelas viene después del ‘83- luchaban de una manera u otra en la ilegalidad porque se ponía en juego nada más ni nada menos que la vida de sus hijos, o sea, los hijos de todos. Me relacioné con la Asociación Madres de Plaza de Mayo que dirigía la compañera Hebe de Bonafini en el año 1985 por mi profesión de escribano y estuve 25 años continuos trabajando para ellas sin ninguna compensación de ninguna naturaleza, salvo las espirituales. Era un orgullo compartir esa actividad con lo que yo hacía en mi profesión.


- Ha compartido mucho momentos con Madres. ¿Qué puede destacar?

- Si me permiten, yo quería establecer una cualidad natural que tenían las Madres. Las que están relacionadas con la línea de Hebe de Bonafini, no querían ni el cuerpo de sus hijos ni los huesos, porque decían que ellas eran las continuadoras de la actividad de sus hijos, que ellos seguían vivos si ellas luchaban por los mismos ideales que sus hijos, o sea, la Revolución Socialista. Eso era lo que pensaba la línea que estaba dirigida por Hebe de Bonafini. Fue con ellas que me identifiqué en el año 86 cuando hubo una asamblea. Había dos posiciones, las que después se llamaron Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y la Asociación Madres de Plaza de Mayo, que la presidió la señora Bonafini. Pero en ningún caso nosotros tuvimos una actitud de discrepancia frontal como si se tratara de adversarios, todo lo contrario. Y creo que eso ahora ha mermado, fundamentalmente a partir del gobierno de 2003, que en definitiva reconoce a las Madres tanto a unas como a otras, como las luchadoras más consecuentes contra la dictadura, y les da el rol que ustedes han visto en todos lados.

También ocurre con las Abuelas, que no dejan de ser Madres, pero también son Abuelas, tienen otra finalidad, pero en definitiva coincidente con los objetivos humanistas que tenían unas y otras. Un poco las diferencio con las madres armenias, quienes hay que tener en cuenta que venían del genocidio de un pueblo y que se habían salvado milagrosamente.Por eso, lo primero que ellas buscaban era el refugio, no la lucha. El refugio era la preservación, la conservación física. No tuvieron la actitud de las Madres, que dijeron “acá nos plantamos, continuamos con el desarrollo de la lucha revolucionaria de nuestros hijos”, porque las madres armenias estaban en otras condiciones, venían de un genocidio, no sólo de sus hijos, sino de todo su pueblo. Esa fue la diferencia, que además, quizá, hizo que transmitieran cierta manera de comportarse a sus hijos, que no tuvieran mucha relación con el poder, con la actividad política, que tuvieran cuidado con esas cosas, porque venían tremendamente asustadas.


- ¿Qué piensa sobre la Argentina actual, enmarcada en el proceso de integración regional?

- Yo, como siempre digo, no tengo identificación ideológica con el gobierno, porque no es un gobierno socialista ni revolucionario, ni nunca dijo que lo fuera. Venían ellos en el año 2003 a cambiar el rumbo del país, que estaba dirigido hasta ese momento por pequeños sectores neoliberales, apoyados por el pueblo obviamente. Esto significó una tarea de subestimación de la política y, por sobre todo, de impedimento del desarrollo de las ideas políticas. Todo lo político era sucio, era feo, había que combatirlo. Los que tenían la razón eran aquellos que se suponían realistas y querían desarrollar o conservar la vía institucional del país a través de un sistema económico y social que llevaba a gran parte de la población a la desocupación y a la miseria como ocurrió en Argentina hasta el año 2001, que fue la reacción del pueblo frente a la situación concreta por la que estaba pasando. Esa fue la recuperación de la política. Y la recuperación política, junto con la legalidad constitucional, que implica que las organizaciones políticas, no sólo partidarias sino también movimientos sociales, culturales, que proponen un proceso más profundo hacia una sociedad diferente, puedan organizarse y manifestarse tan libremente como no lo hicieron nunca en nuestra historia, por lo menos, la conocida por mí desde que tengo uso de razón.

Difiere sustancialmente con la posibilidad amplia que tenemos ahora de asociarnos, expresar nuestros puntos de vista, porque además, con determinadas reformas –que también son importantes en el proceso revolucionario-, significa que los sectores más necesitados -la clase trabajadora, los peones rurales, los sectores medios para abajo- tengan mejores condiciones de existencia; ellos son los que han logrado, durante los últimos 10 años, tener una posición que no tuvieron nunca y, además, una posibilidad política y cultural que tampoco tuvieron. Por otra parte, hay que destacar dos hechos más que nos indican la necesidad de identificarnos con el rumbo de este gobierno nacional: lo vinculado con los derechos humanos. Es el gobierno que impide que siga el proceso de impunidad de los criminales y genocidas del 76 y, con todo lo que significa la cuestión relativa a la defensa de un juicio y todas las prerrogativas que concede nuestra Constitución a los que son enjuiciados –cosa que nunca hicieron ellos –, hoy están siendo juzgados y condenados, no obstante varias manifestaciones concretas de desviacionismo de sectores judiciales determinados. La otra, es la relacionada con la integración latinoamericana. Es una cuestión fundamental, que no la tuvo ningún gobierno de ningún momento político institucional del país, sumarse a un proceso donde países como Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, que partiendo de la matriz de la Revolución Cubana, plantean la liberación nacional y la liberación social, o sea, la liberación de la dependencia del país al imperialismo y asimismo la liberación de los trabajadores de las fuerzas que los explotan. Ese rumbo apoyado por Argentina y Brasil es sumamente importante, porque sin estar plenamente incorporado a la tarea de esa corriente de opinión, significa un apoyo excepcional y necesario y que ojalá persista para se pudan desarrollar los movimientos de liberación nacional de Latinoamérica.


- Volviendo a lo que decía antes sobre las reformas, ¿qué posición toma frente a la propuesta de una Reforma Judicial?

- En primer lugar, la reforma tiene dos naturalezas diferentes: reformas, que contribuyen a consolidar el sistema y, por el contrario, reformas que están en una línea de un proceso de cambio del sistema. Desde mi punto de vista, las reformas tienden hacia una profundización, que significa que vamos hacia otra meta que no es precisamente la sociedad dividida en clase antagónica como la tenemos ahora o con la dependencia con un viejo atraso del imperialismo, sino que vamos a un proceso de liberación.

El Poder Judicial, teniendo en cuenta sus particularidades, no tiene de fondo la afinidad necesaria con la política que llevan a cabo los otros poderes, tanto el Legislativo como el Ejecutivo. La prueba más evidente de eso es la Ley de Medios, que no obstante haber sido discutida durante muchos años y sancionada por una gran mayoría, hace 4 años es postergada precisamente por ese poder. Así puede ocurrir con otras manifestaciones. Ni siquiera me pongo a pensar lo que significaría la Reforma Agraria. Si solamente la Resolución 125 implicó sacar los tractores y la gente a la calle porque se les ponía una tasa a una ganancia extraordinaria, se imaginan ustedes lo que significaría una Reforma Agraria con el objetivo de entregarle la tierra a quienes la trabajen. La tierra es un bien de la sociedad, nadie creó la tierra, es de la naturaleza o de Dios para los creyentes. Es lo mismo que dijéramos que vamos a hacer algo con respecto al calor, al aire, la humedad, el sol.


- Pasemos a la Armenia actual, ¿qué opina sobre su situación?

- Con respecto a la situación de la Armenia actual, digo lo que pienso de la caída de la URSS en general. Cada uno tiene su versión de la caída, pero generalmente está dirigida al menosprecio de esa experiencia de construcción del socialismo en esos países en situaciones harto difíciles.

Hay que pensar que muchas de esas sociedades provenían de una posición pre burguesa, ni siquiera conocieron el sistema burgués o el parlamentario, excepto en Rusia, con la Duma ,y demás. Eran todos países que venían de una situación “feudal”, pre capitalista. Llegar a hacer una revolución desde una situación de esa naturaleza no es nada fácil. Fue una hazaña hacerlo porque se logró un montón de objetivos y de conquistas sociales de todo tipo, económicas, sociales, culturales.

Específicamente, en el caso de Armenia, ocurrió lo mismo. Cuando algunos historiadores hablan de Armenia y se refieren al genocidio, Armenia no existía. Existía el pueblo armenio en el Imperio Otomano, en el Ruso y en el Persa, pero no había un Estado Nacional Armenio. Éste, tiene la evolución que señalé hace un rato. ¿Qué pasó con Armenia? En su tierra pétrea, que no tiene ninguna riqueza natural, rodeada de países históricamente enfrentados como Georgia, Azerbaijan, Turquía, en situaciones difíciles, sin salida al mar, sin trigo ni para 15 días para que pueda comer el pueblo, logró desarrollar un país y traer cerca de 4 millones de personas en un momento histórico determinado, donde se da trabajo, educación, salud y acceso a la cultura gratuitamente. Esto es sumamente importante. Todo el mundo tenía su trabajo. Y no estoy diciendo que vivían en la gloria ni en el paraíso terrenal ni mucho menos, vivían con contradicciones, como cualquier sociedad. Lo fundamental era que ese pueblo había logrado aglutinarse, constituirse como Estado, tener sus propios poderes delegando sus relaciones exteriores a la URSS, haber participado en la SGM para derrocar a la peor de las dictaduras que tuvo la historia en los últimos 500 años, que fue el nazifascismo, donde murieron cerca de 300.000 jóvenes armenios. Y esos jóvenes para ir a la guerra tenías las mejores condiciones físicas y también mentales.

Pero hay que poner los dos elementos de la dialéctica. Hubo un gran progreso, pero también hubo un retroceso en alguna otra materia. La educación gratis, el trabajo seguro, la salud pública, el acceso a la cultura y demás era un enorme progreso, pero frente a eso había una decadencia en el campo de la ideología, que a lo mejor no estaba desarrollada como debe ser en un país socialista.

Ahora bien, la diáspora estaba dividida en dos partes: la que apoyaba a la URSS y la que no. La mayoría de los países donde estaba la diáspora eran anticomunistas, como ocurría en Argentina en los tiempos de Perón y posteriormente, hasta la caída en los 90. Era mucho más fácil ser un armenio y estar con el gobierno, y era muy difícil ser armenio y estar con la URSS y fomentar ese punto de vista. Nosotros, lo que mirábamos era la parte negativa y no la positiva, entonces nos fanatizamos. También ocurrió con la propia juventud de Armenia que veía las cosas de un modo distinto a través de una serie de elementos de afuera o de la propia diáspora, que decían “Nosotros vivimos con dos autos, con casas en tal y tal lado” y resulta que los que se formaban y eran profesionales, investigadores tanto en el campo de la cultura, la economía, la política, eran los de Armenia, y no sabían lo que estaban perdiendo. Hubo para mí, por una parte, un vaciamiento ideológico muy fuerte, y por otra, una penetración de las concepciones imperialistas y nacionalistas de derecha. Triunfaron los otros en Armenia y en toda la URSS. La guerra psicológica empleada por el imperialismo a través de distintos medios, fundamentalmente los medios de comunicación -que no tenían la “potencia” que tienen ahora, pero la tenían-, entraba necesariamente engañando. Decían: “Los armenios quieren vivir como en Bélgica o como en los Países Bajos”. ¿Cómo quedó Armenia? Para saber la verdad de las cosas, hay que confrontar qué era eso y qué es ahora. Qué era, con cerca de 4 millones de personas y el desarrollo técnico, científico, económico, cultural y educativo alcanzado, y con los errores que tenían; con lo que es ahora, reducida a 2 millones y pico de habitantes y un sistema neoliberal muy conocido por nosotros en América Latina. Están sumamente atrasados. Ya desvalijaron el país, entregaron todo lo que se había construido durante 70 años. Se desmanteló. Entonces, ¿qué es Armenia hoy? A mí me da tristeza el pueblo de Armenia. Además, con ese grupo de millonarios... ¿Cómo se hicieron millonarios si no a través de una actitud mafiosa? ¿De qué manera se apoderaron de lo que tienen? ¿Trabajaron, como dicen los capitalistas, que trabajando se gana cuando nadie gana trabajando porque los trabajadores no ganan, no existen? Esa es la diferencia fundamental que hay ahora, más allá de la cuestión emocional con Armenia.


- Cuéntenos su posición respecto del genocidio armenio y su esclarecimiento. ¿Qué es lo que hay que hacer ahora? ¿Qué cree que debe hacer el Estado de Armenia?

- Vayamos al caso del genocidio, por ejemplo, que ellos lo han tomado como bandera. Hace 20 años que están en el gobierno y forman parte como país en la ONU, sin embargo no han hecho ninguna gestión allí por el tema del genocidio. Ni siquiera lo más elemental, que era el juicio ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya, que podrían hacerlo tranquilamente porque tienen la facultad para eso, nosotros no la tenemos.

Ellos no tienen en cuenta a Latinoamérica, les parece que el proceso revolucionario, la Cuba revolucionaria, el liderazgo de Fidel en un momento, de Chávez ahora y de la corriente popular que lo sigue, es una cosa totalmente ajena a lo que ellos piensan, que es EEUU y Europa. No piensan en lo que está surgiendo en este momento en Latinoamérica, que desde nuestro punto de vista es una esperanza para que el mundo cambie de ruta.

Sigamos. ¿A qué se reduce la relación con Armenia? Que vayan los chicos de las escuelas, que se pongan contentísimos porque han visto el Ararat, etc. ¿Y? Inclusive cuando se habla de los territorios... Nadie va a Armenia, por el contrario, se van los armenios. ¿Quién ha vuelto a Armenia?

Entonces terminemos con las especulaciones de ese tipo. Todos los derechos que tiene el pueblo armenio que los ejerza. El tema del genocidio, que es un tema fundamental, porque sin ese tema no se comprende la historia, si bien es cierto que forma parte de la política propagandística de Armenia, cuando se habla de la necesidad de llevarlo a la Justicia -porque se trata de un crimen y los crímenes de cualquier naturaleza van necesariamente a un tribunal de Justicia- porque ese es su lugar adecuado, nosotros no podemos ir ahí con otras cuestiones. Si vamos por una cuestión territorial para vincularla con el genocidio es porque no entendemos el proceso. El problema territorial, que lo tengan si quieren los armenios de Armenia, teniendo presente que no ha vuelto nadie, ni siquiera a la Armenia actual, porque no está capacitada para recibir a nadie. Todo lo contrario, se van de Armenia.

No han tenido en cuenta lo hecho en Latinoamérica, los países cuyos parlamentos se han adherido a la cuestión, las leyes como las de Uruguay y de Argentina, que salieron precisamente apoyando el reconocimiento del genocidio. Y aquí, incluso ha sido reconocido en una resolución judicial, que tampoco tienen en cuenta porque no la han hecho ellos. Hay una verdad probada con documentos oficiales y una resolución judicial que considera que los delitos cometidos en esa época son de lesa humanidad y específicamente genocidio, y que la responsabilidad de la consumación de ellos recae en el Estado de Turquía. ¿Por qué no tenemos en cuenta eso? ¿Qué le voy a explicar a los armenios? ¿Que estamos con la revolución latinoamericana? ¿Que los de Estados Unidos y Europa son unos tipos que tienen unos conocimientos bárbaros, que van a hacer juicios para cobrar primas de seguros o recuperar terrenos que eran de sus abuelos? Nosotros no vamos con eso.

Nosotros vamos a impedir que el Estado turco siga impune, con una apertura enorme con el pueblo de Turquía, los trabajadores turcos, el pueblo obrero, los trabajadores campesinos, los intelectuales, con ellos no tenemos ningún problema. Tenemos un problema con los sectores y las clases dirigentes de Turquía que manejan la potencia económica desde aquella época hasta ahora. Y queremos que ellos vayan al banquillo de los acusados, pero no meter otros temas para impedir que el tema central tenga su razón de ser, porque si vos en un tema determinado en un juicio ponés otros varios, el tema central desaparece al punto de ser llamado como contingencia, como una cuestión que ocurrió pero lo fundamental es otra cosa. No se dejen engañar con eso. El aporte que hacemos nosotros y ustedes van a hacer a la humanidad es a través de su condición de argentinos, latinoamericanos, identificados con la lucha de sus abuelos y bisabuelos, que ellos sí vale la pena reivindicar y difundir. Además, no se crean que esas conquistas se heredan; mejor dicho, el honor de esa gente que dio su vida no se hereda, se conquista a través del trabajo, de la acción, de la militancia lúcida.


- Últimas dos preguntas. ¿Qué piensa de lo que está pasando en Siria?

- Acá vemos claramente algunas cuestiones básicas. En primer lugar, que el imperialismo se quiere apoderar del mundo. Cuando cae la URSS comenzó el mundo unipolar con Margaret Thatcher y Ronald Reagan a la cabeza. Y es el imperialismo, las clases dominantes norteamericanas, el poderío económico y militar norteamericano, decir Thatcher y Reagan no es decir nada. Pero al poco tiempo surgió la India, China, que tiene como objetivo el socialismo, no sé cómo lo llevará a cabo, ya veremos qué pasa con el proceso histórico. Y surgió Latinoamérica ahora, ya no es sólo unipolar sino multipolar. La ambición del imperialismo de ser dueños del mundo e imponer la política neoliberal económica en el mundo quizás les salga por la culata y se imponga otra globalización de otro mundo, que no es otro que uno libre de explotación. No es un mundo cualquiera. Tiene dificultades y por ellas vuelve con las mismas armas de siempre: la invasión. La invasión a Afganistan, a Irak, a Libia, ahora la invasión a Siria. Ponen gobiernos títeres, se apoderan de sus recursos naturales que es lo que están buscando, pero tienen como objetivo final Rusia y China. Y tiene otra cosa muy importante para nosotros el tema de Siria: el brazo largo de ellos expresado por Turquía, que es precisamente fronteriza a Siria. No se olviden que nuestros viejos se pasaron todos para ahí por Alepo cuando salían del desierto. Esa situación hay que tenerla muy en cuenta juntamente con Israel. Cuando hablamos de Israel hablamos del Estado y no de los judíos que les tenemos el máximo respeto, no así con los sionistas que siempre están con el objetivo del Gran Israel independientemente de quién viva en esos territorios, de quién sean, con tal de ampliar a la fuerza su presencia y ahora nada más ni nada menos que con la bomba atómica. Frente a ese mundo, ¿Armenia ahí en qué situación está? En desamparo. ¿Qué puede hacer Armenia? Yo creo que si Armenia hubiese tenido en este momento una posición diferente y sus relaciones mucho más sólidas con Rusia y Latinoamérica, hubiera sido diferente.


- Para finalizar, unas palabras para los lectores..

- Sevan es lo más progresista y lo más esclarecedor que tenemos en nuestra comunidad con una posición consecuente con la que tuvo siempre históricamente, ajustada obviamente a un contexto nuevo, pero que pone en manifiesto la existencia una corriente de jóvenes que saben pensar, que saben discutir, discernir, no son fanáticos y están de acuerdo al debate. Por ejemplo, el hecho de conversar conmigo en este momento significa una inquietud por conocer lo de un viejo que ha tenido esa evolución que he señalado. Salí de las penumbras, porque estaba en el fanatismo, para llegar a una situación mucho más esclarecida, lo que no quiere decir que he llegado a la verdad absoluta ni mucho menos. No lo niego, sino que lo reitero para que los chicos no caigan en lo mismo. Tampoco para que piensen como yo sino para que entiendan que las cosas hay que pensarlas, razonarlas, hay que darles tiempo, estudiarlas, investigarlas; no tres o cuatro eslogan y nos vamos a dormir. Creo que la JUCA es un exponente fiel –no lo digo para halagarlos, lo digo como lo siento, porque veo de la manera que actúan. La cuestión está en la calidad, en la consecuencia y el grado de identificación y de ética que tiene cada uno.

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Fue fundado en 1999 como continuidad de los periódicos Estrella Roja, Hai Guiank, Hai Mamul, Verelk, Ereván y Seván, de la Unión Cultural Armenia. A lo largo de su historia de casi un siglo, la prensa institucional mantuvo la periodicidad, a pesar de las prohibiciones y clausuras sufridas por las dictaduras militares de turno. Hoy, NOR SEVAN mantiene los objetivos y principios fundacionales de quienes nos antecedieron, aportando nuestro granito de arena a la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados, con paz, amistad y solidaridad entre los pueblos.

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