A 101 años de la epopeya de Aintab

El pueblo armenio conmemora hoy el Día de la Epopeya, en recuerdo de la victoria que se obtuvo en la defensa de la región contra los ataques de los nacionalistas de Atatürk.

Por Unión Patriótica de los Armenios de Aintab


El 1° de abril de cada año, en cualquier parte del mundo donde ellos se encuentren, los armenios de Aintab conmemoran el Día de la Epopeya en recuerdo de la victoria que obtuvieron en su lucha de autodefensa contra los nacionalistas turcos de Kemal Atatürk.


Cuando concluyó la Primera Guerra Mundial, los armenios que habían sobrevivido al genocidio y la deportación organizados por el Imperio Otomano regresaron a Aintab desde los desiertos sirios. Sus casas habían sido saqueadas y ocupadas ilegalmente por turcos, kurdos y circasianos de modo que, por razones de seguridad, tuvieron que agruparse y establecerse en barrios separados de aquellos.


La autoridad militar francesa -a cargo de la administración de Aintab desde noviembre de 1919- no lograba pacificar las profundas rivalidades existentes entre armenios y turcos, lo que terminó produciendo nuevos y más intensos conflictos.


Hacia principios de 1920 corría el rumor, luego confirmado, de que los franceses abandonarían la ciudad, una oportunidad que los turcos kemalistas esperaban pacientemente.


En la mañana del 1° de abril de 1920, el ejército francés se retiró de Aintab con algunos miles de armenios –ancianos, mujeres y niños- y apenas pasado el mediodía los nacionalistas turcos intentaron ingresar por la fuerza al barrio armenio y someter a sus pobladores.


Se iniciaba, así, la epopeya de los armenios de Aintab. Con rapidez y eficacia, la población armenia -guiada por el padre Nersés Tavukdjian- organizó su autodefensa: formó sus milicias dirigidas por el Cuerpo Militar Central (Zinvoragán ghetronaghan marmín) y eligió como jefes militares a Adur Levonian y a Avedís Kalemkyarian.


Las milicias armenias contaban con poco más de medio millar de combatientes y un mítico cañón de fabricación casera –bautizado con el nombre de Vredj, “venganza”- con el cual abrieron numerosas brechas en las posiciones enemigas.


Luego de un primer momento defensivo, entre el 8 y el 25 de abril de 1920 las fuerzas armenias pasaron a la ofensiva, ocupando zonas del barrio turco y confiscando todo el material de guerra que en su huida abandonaban los irregulares kemalistas (chetés).


Hacia fines de abril las tropas francesas regresaron por pocos días y hubo una breve paz que se quebró nuevamente cuando estas volvieron a abandonar la ciudad. Alentados por la errática conducta de los franceses, los nacionalistas turcos redoblaron sus ataques contra el barrio armenio.


Entre fines de abril y mediados de mayo tuvo lugar el momento de mayor violencia. Pese a los daños causados, los turcos no pudieron ocupar las zonas de la autodefensa armenia y se vieron obligados a establecer, el 15 de junio, un armisticio con el comité militar armenio. Sin embargo, el 29 de julio por la madrugada, los turcos rompieron la tregua y reiniciaron los combates.


La autodefensa armenia de Aintab resistió durante diez largos meses el ataque turco. Finalmente, el 8 de febrero de 1921 dos delegados kemalistas se presentaron en el puesto armenio de Kozanlé con una nota para negociar la rendición. Las principales autoridades turcas habían huido de la ciudad y sus milicias se encontraban acéfalas y desmembradas.


Producto de las negociaciones se estableció un tratado de once puntos, mediante el cual los kemalistas reconocían la autoridad francesa sobre la ciudad, se obligaban a entregar a los prisioneros y a desmantelar sus barricadas, ofrecían una amnistía general para los combatientes armenios y acordaban la organización de una policía municipal que debía ser integrada por agentes de nacionalidad armenia.


Más de 8.000 milicianos turcos perdieron la vida durante los diez meses del sitio de Aintab. El número de combatientes armenios fallecidos fue de 250.

El comandante Adur Levonian, en su proclama del 25 de mayo de 1921, escribió: “Nosotros pelearemos en Aintab y seremos dueños de nuestras tierras a costa de nuestra sangre (…) Que la armenidad del exterior entienda que, si queremos reconquistar lo que es nuestro, el único medio es con la fuerza de nuestras armas”.


En la historia de los pueblos no existen los milagros, pero sí existen los hechos excepcionales. Como la epopeya de los armenios de Aintab que hoy recordamos con respeto, agradecimiento y admiración.


Los aintabtsí triunfaron porque su voluntad de vivir en paz y libertad sobre su tierra natal era mucho más fuerte que el temor que pudieran sentir ante la muerte. Y porque la unidad los hizo más fuertes de lo que ellos mismos pensaban. La combinación de voluntad y unidad fueron la clave de su victoria.


¡Honor y gloria eterna para los combatientes armenios de Aintab!

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