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Occidente protege a Pashinian, mientras Aliyev se frota las manos y amenaza desde Lachin

Ni Estados Unidos ni la Unión Europea condenaron las recientes declaraciones amenazantes dirigidas por el presidente azerbaiyano al pueblo de Karabaj.

Por Adrián Lomlomdjian


El presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev afirmó el último domingo -28 de mayo- que los armenios de Nagorno Karabaj deben renunciar a sus ambiciones separatistas y someterse a la legislación de Azerbaiyán.


Les queda (NdeR.: a los armenios de Karabaj) solo una vía: someterse a la legislación de Azerbaiyán y convertirse en ciudadanos respetuosos de las leyes del país”, dijo Aliyev en Lachín, ante el primer grupo de azerbaiyanos que decidió establecerse en esa ciudad, luego que fuera “desocupada de armenios” tras la guerra de 2020.


Seguramente, envalentonado por el curso de las negociaciones y por el silencio que logró imponer a escala internacional ante cada uno de sus atropellos y violaciones a los derechos humanos de los habitantes de Armenia y Artsaj, el mandatario azerbaiyano -un verdadero fascista “hecho y derecho”- no dudó en afirmar que las estructuras internacionales "apoyan casi por completo" la posición de Azerbaiyán y “están de acuerdo con ella”. Según él, su posición "es la correcta" y Azerbaiyán "no renunciará a la misma bajo ninguna circunstancia".


“Es por eso que hoy nadie habla ni de independencia ni de autonomía. Los mensajes que hemos estado recibiendo recientemente son: ¿Y qué pasará con los líderes de allí, se les extenderá la amnistía?, a lo que respondo: tenemos que pensarlo”, afirmó Aliyev, quien luego habló de las “condiciones” bajo las cuales “harían concesiones” a las autoridades de Artsaj.


“Todo el mundo sabe que hoy en Karabaj tenemos todas las oportunidades para llevar a cabo operaciones militares”, dijo, amenazante, para luego continuar: “Por esta razón, el parlamento debe disolverse, el que se hace llamar presidente debe rendirse y todos los ministros y diputados deben ser destituidos de sus cargos. Solo así les haremos concesiones. Solo en ese caso podemos hablar de amnistía”, enfatizó el presidente de Azerbaiyán.

Para sorpresa de algunos desprevenidos y desilusión de los amantes de Occidente, Estados Unidos y la Unión Europea no reaccionaron con dureza ante esta nueva amenaza pública de Aliyev. Por el contrario, a través de importantes autoridades y funcionarios de Estado, acompañaron los dichos del presidente azerbaiyano con declaraciones que justifican su afirmación de que “las estructuras internacionales apoyan casi por completo la posición de Azerbaiyán”.


“Nos complace que continúe el diálogo entre Armenia y Azerbaiyán. Como dijo el Secretario de Estado Blinken, la paz está al alcance de la mano en el Cáucaso Meridional. Recientemente expresamos nuestra gratitud por el compromiso del primer ministro Nikol Pashinian con la paz y saludamos las últimas declaraciones del presidente Aliyev sobre la posibilidad de amnistía”, dijo el portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Matthew Miller. Literalmente, sus palabras no son más que una muestra de apoyo concreto al discurso belicista y amenazante de Aliyev.


Y esta evaluación del Departamento de Estado a los dichos de Aliyev, enojó tanto a Armenia como a Artsaj, cuyos ministerios de Relaciones Exteriores -en declaraciones separadas- cuestionaron la posición de los Estados Unidos.


Ereván, tratando de disimular quizás su “sorpresa” ante las declaraciones provenientes de Washington, instó a quien llama “su socio” a reaccionar “más apropiadamente a tales declaraciones”. “La parte armenia siempre ha acogido con satisfacción los esfuerzos realizados por Estados Unidos en el proceso de establecimiento de la paz, la estabilidad y la seguridad en el sur del Cáucaso”, comienza la declaración oficial de la Cancillería de Armenia.


“El reconocimiento de la integridad territorial de Azerbaiyán no puede interpretarse como el derecho a llevar a cabo la limpieza étnica contra el pueblo de Nagorno-Karabaj”, dice el ministerio armenio, agregando que “resulta imposible no notar que las declaraciones realizadas por el Presidente de Azerbaiyán el 28 de mayo, no solo no ofrecían soluciones dignas a los problemas existentes, sino que contenían claras amenazas a la soberanía e independencia de la República de Armenia y al derecho del pueblo de Nagorno-Karabaj a vivir con seguridad y dignidad en su patria, sobre lo cual hemos alertado en repetidas ocasiones”.


Pese al disgusto no deseado, Ereván debe tomar nota que para la administración Biden y para los Estados Unidos, en general, Aliyev no dijo nada que merezca la reprobación. Por algo será...


Pero, sí tomó nota de ello la Cancillería de Artsaj, que en su comunicado público destacó que “la declaración del representante oficial del Departamento de Estado de los Estados Unidos, en la que saludó las recientes declaraciones del presidente de Azerbaiyán sobre su disposición a considerar una amnistía para los residentes de Artsaj (Nagorno-Karabaj), causa una profunda decepción y, también, desconcierto”.


Ignorar las verdaderas intenciones de Azerbaiyán y sus violaciones sistemáticas de las obligaciones internacionales asumidas, así como también la búsqueda permanente de los mediadores internacionales de una actitud constructiva en la agenda abiertamente genocida de Bakú, además de ser un autoengaño, equivale a aprobar sus acciones criminales”, se subraya en la declaración oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Artsaj.


Lusine Avanesian, portavoz del presidente de Artsaj, recordó que “no es la primera vez que Azerbaiyán le habla en tono amenazante al pueblo de Artsaj”, destacando que “después de la declaración tripartita de alto el fuego, hemos visto y seguimos viendo manifestaciones de agresión en forma de operaciones militares locales, bloqueo, corte de energía eléctrica, gas y agua, y otros tipos de presiones”.


Avanesian puntualizó que el presidente Arayik Harutiunian “manifestó su voluntad de iniciar un diálogo en formato internacional, basado en las normas y principios del derecho internacional, especialmente en los principios de igualdad y libre autodeterminación de los pueblos, no uso de la fuerza y de la amenaza del uso de la fuerza, solución pacífica de controversias y principios de integridad territorial”. La vocera presidencial de Karabaj enfatizó que “el presidente y la Asamblea Nacional tienen el mandato del pueblo de Artsaj, y fueron elegidos sobre principios democráticos y sobre la base de la Constitución de la República de Artsaj”.


Por su parte, David Babayan, actual consejero del presidente de Artsaj, también se expresó con dureza: “El Departamento de Estado de los Estados Unidos, de hecho, reconoce que las personas que luchan por la democracia son criminales y agradece a Azerbaiyán por anunciar una posible amnistía para estos criminales. Esto es un desastre para la democracia y significa que no existe sistema de valores. Y también, indica el deseo de Estados Unidos de entregar Artsaj a Azerbaiyán. ¿Son proporcionales las contribuciones de nuestra diáspora y de Azerbaiyán al desarrollo de los Estados Unidos? Entonces, ¿cómo es posible que Azerbaiyán, que no ha hecho ninguna contribución al desarrollo de los Estados Unidos, de hecho esté logrando que Estados Unidos le esté entregando a una tiranía un país cuyos millones de compatriotas viven en los Estados Unidos? ¿Puede hacerle lo mismo a los judíos? Ni un solo presidente estadounidense se atrevió siquiera a hacer una declaración que expresa indiferencia hacia Israel. Hay que sacar conclusiones adecuadas de todo esto, incluso para nuestra diáspora”, enfatizó quien fuera canciller de Karabaj durante la guerra y luego primer ministro.


Tres días después de la amenaza pública realizada por Aliyev, y durante su discurso personal en la apertura de la Semana de la Energía en Bakú, el Ministro de Energía de los Estados Unidos, Jeffrey Pyatt, catalogó a Azerbaiyán como “un socio constante en el fortalecimiento de la seguridad energética en la región y más allá” y afirmó que “Estados Unidos espera continuar esta estrecha cooperación con Azerbaiyán”.


Finalizada la intervención de Pyatt, los participantes escucharon el mensaje del presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, donde destacó “el importante papel que cumple Azerbaiyán a nivel mundial para garantizar la seguridad del suministro de energía”.


“Durante más de tres décadas, Azerbaiyán y los Estados Unidos han construido una asociación sólida, desde contrarrestar las amenazas transnacionales hasta promover el crecimiento económico inclusivo”, dice la carta personal enviada por Biden a Aliyev. Allí se señala que “este evento destaca el compromiso compartido de nuestros países con un futuro energético limpio y seguro”, puntualizando que “Azerbaiyán está ayudando a satisfacer la necesidad mundial de suministros de energía segura”. Biden aseguró que “Estados Unidos apoyará a Azerbaiyán mientras emprende reformas que promoverán el estado de derecho y las oportunidades para el pueblo azerbaiyano” y que continuará “apoyando la búsqueda de una paz sostenible y justa en la región, lo que ayudará a promover la seguridad y la prosperidad en el sur del Cáucaso para las generaciones venideras”.


El belicoso discurso de Aliyev -del que las autoridades estadounidenses parecen no haber tomado nota- se produjo apenas dos semanas después de que el presidente de Azerbaiyán y el primer ministro armenio, Nikol Pashinian, se reunieran en Bruselas para negociar un tratado de paz. Durante aquella reunión, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, “animó a Azerbaiyán a desarrollar una agenda positiva con el objetivo de garantizar los derechos y la seguridad de los armenios que viven en la antigua Región Autónoma de Nagorno Karabaj” y también planteó “la necesidad de un diálogo transparente y constructivo entre Bakú y esta población”.


En esta oportunidad, nuevamente, el presidente del Consejo Europeo hizo gala de la hipocresía que caracteriza a las autoridades y funcionarios occidentales. En respuesta a los últimos dichos de Aliyev, Charles Michel llamó a los líderes a “abstenerse de posiciones maximalistas y apuntar al diálogo”. Una vez más, por conveniencia propia, ponen a ambas partes -víctimas y victimarios- en una misma posición. “Ahora, el diálogo entre Bakú y los armenios que viven en la antigua Región Autónoma de Nagorno Karabaj, sobre sus derechos y seguridad, es crucial”, tuiteó Michel el 30 de mayo, sin nada que agregar sobre las amenazas públicas hechas por Aliyev.


En ese mismo discurso pronunciado en Lachin, el presidente nazi azerbaiyano -que además de borrar rastros armenios también se dedica a destruir monumentos del período soviético- puntualizó: “Estoy diciendo estas condiciones aquí, en la ciudad de Lachin, para que todos puedan ver que hoy estamos aquí y lo estaremos para siempre. Que sepan que desde aquí podemos ver pueblos armenios, reitero, podemos ver esos pueblos, no deberían olvidarse de eso”.

Bajo estas condiciones, que empeoran a cada paso, el primer ministro armenio trata de convencer y convencernos que la paz llegará de la mano de los Aliyev, los Erdogan, Estados Unidos, Gran Bretaña, la OTAN y la Unión Europea. Mientras tanto, continúa alejándonos de los países y pueblos aliados -y vecinos-, dejando la seguridad de Armenia y Artsaj, y de quienes las habitan, en manos del lobo disfrazado de caperucita…


Pero como dice el poeta, “renacerá mi pueblo de sus ruinas, y pagarán sus culpas los traidores”.

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